En América Latina, una de las regiones más desiguales del planeta, Colombia aparece junto con Brasil en la cima poco honrosa de la concentración del ingreso. El coeficiente de Gini mide la distribución de ingresos en una sociedad, con valores entre cero (igualdad perfecta) y uno (desigualdad absoluta). En 2023, el Banco Mundial registró un Gini de 0,53 para Colombia y 0,51 para Brasil, superando el promedio regional de 0,49. En 2024, el DANE reportó un Gini de 0,551 para Colombia, apenas inferior al 0,553 del año anterior. Estas cifras colocan a Colombia entre las sociedades donde la desigualdad opera como una forma estable de organización.
Pobreza monetaria y multidimensional
En 2024, el 31,8% de los colombianos vivía en pobreza monetaria, con ingresos insuficientes para adquirir una canasta básica de bienes y servicios. El 11,7% se encontraba en pobreza extrema, sin poder cubrir ni siquiera la canasta básica de alimentos. La pobreza multidimensional, que examina educación, salud, empleo formal, vivienda digna y servicios básicos, afectaba al 11,5% de la población nacional. En las ciudades descendía al 7,8%, mientras que en zonas rurales ascendía al 24,3%.
Raíces históricas de la desigualdad
Colombia arrastra una desigualdad nacida de un reparto inicial de la tierra profundamente injusto, consolidado durante generaciones y protegido por catastros incompletos, avalúos rurales bajos e impuestos prediales simbólicos. Desde la Colonia, instituciones como la encomienda y la hacienda asociaron tierra, trabajo subordinado y poder político. La República cambió el lenguaje jurídico, pero no disolvió esa arquitectura. Hoy, el 1% de las explotaciones agropecuarias más grandes ocupa el 81% de la tierra, según Oxfam. Los predios de más de 500 hectáreas pasaron de ocupar 5 millones de hectáreas en 1970 a 47 millones en 2014.
Ganadería extensiva y concentración territorial
La ganadería extensiva ha sido una forma pobre de usar la tierra y eficaz de conservar poder. Ocupa cerca de 35 millones de hectáreas, el 80% del área agropecuaria, según el Banco Mundial. Esto convierte la tierra en reserva patrimonial en lugar de fuente de empleo y producción. Viajar desde Bogotá hasta Santa Marta revela un paisaje de potreros interminables y pequeños caseríos precarios, similar a zonas empobrecidas de África Ecuatorial.
Informalidad y subvaluación catastral
El índice de Gini de los predios rurales llegó a 0,89 en 2023, según el DNP, y la informalidad en la tenencia de la tierra rural rondaba el 0,52. Los avalúos catastrales, que deberían acercarse al valor comercial, han permanecido sin actualización seria, distorsionando el impuesto predial. Colombia no resolverá su desigualdad mientras la tierra siga siendo el secreto mejor protegido de su estructura social. Se necesitan reformas que vinculen propiedad con deberes, impuestos reales y función social.
Mientras eso no cambie, el Gini seguirá siendo la traducción en cifras de una historia agraria no resuelta: el retrato de una república que se modernizó por arriba, pero dejó intacto el viejo señorío de la tierra.



