Aristóteles, en su obra "Política", afirmaba: "Hay que buscar el origen de las diferencias y de las divisiones entre los gobiernos. Cada pueblo, al buscar la felicidad y la virtud por diversos caminos, organiza también a su modo la vida y el estado sobre bases asimismo diferentes". Con estas palabras, el filósofo griego sentaba las bases de su pensamiento político, que aún resuena en la actualidad.
Oligarquía vs. democracia según Aristóteles
Para Aristóteles, la distinción fundamental entre oligarquía y democracia no radica en el número de gobernantes, sino en la riqueza y la pobreza. "El que sean pocos o muchos los que ejercen la soberanía es un accidente", explicaba. "Lo que constituye la diferencia entre la democracia y la oligarquía es la pobreza y la riqueza, y necesariamente, cuando el poder se ejerce en virtud de la riqueza, ya sean pocos o muchos, se trata de una oligarquía; cuando mandan los pobres, de una democracia". Así, la oligarquía se define por el linaje, la riqueza y la educación, mientras que la democracia se asocia con la falta de nobleza, la pobreza y el trabajo manual.
Vida y legado de Aristóteles
Hijo de Nicómaco, médico del rey Amintas de Macedonia, Aristóteles quedó huérfano en la adolescencia y fue enviado a Atenas para estudiar en la Academia de Platón, donde permaneció más de veinte años. Tras la muerte de su maestro en el 347 a. C., se marchó y fue llamado por Filipo II para educar a su hijo Alejandro Magno. Luego, Aristóteles regresó a Atenas y fundó el Liceo, su propio centro de enseñanza. Según Peter Watson en "Ideas, historia intelectual de la humanidad", allí "adoptó la costumbre de caminar por el paseo público hablando de filosofía con sus estudiantes". El Liceo contaba con salones de lectura y una biblioteca, siendo Aristóteles el primero en reunir una colección de libros ordenados sistemáticamente.
Durante más de diez años, Aristóteles impartió lecciones que abarcaban desde la lógica hasta la política, y de la biología a la poesía. Es considerado el primer enciclopedista de la historia, aunque irónicamente sus obras publicadas se perdieron y solo se conservaron las notas de sus clases matutinas, ampliadas y corregidas por sus estudiantes.
El exilio y la guerra Lamiaca
En el año 323 a. C., Aristóteles tuvo que huir de Atenas tras la muerte de Alejandro Magno. La Asamblea ateniense declaró la guerra a los macedonios, y Aristóteles, visto como enemigo por su origen macedonio, escapó a Calcis para evitar que "los atenienses pecaran por segunda vez contra la filosofía". La guerra Lamiaca, en la que los atenienses buscaron liberarse del dominio macedonio, terminó con la batalla de Cranón en el 322 a. C., donde los macedonios vencieron e impusieron duras condiciones: limitaron el voto, impusieron a Foción como gobernante, exigieron indemnizaciones y persiguieron a los líderes de la revolución, como Demóstenes e Hipérides, quienes murieron por suicidio y ejecución, respectivamente.
El pensamiento político de Aristóteles
Para Bertrand Russell, Aristóteles fue el primer filósofo que "escribió como un profesor… un maestro profesional y no un profeta inspirado". A diferencia de Platón, sus ideas políticas se basaban en una investigación sólida: su ayudante elaboró descripciones de 158 sistemas políticos diferentes del mundo mediterráneo. Esta indagación lo convenció de que no existía una ciudad ideal y que ninguna constitución era perfecta, ya que los gobiernos se diferencian según "el clima, las condiciones geográficas y los precedentes históricos". Aristóteles prefería una democracia abierta solo a hombres educados, es decir, aquellos que usaban la razón para actuar y estaban formados para el "bien común".
La felicidad y la virtud en la ética aristotélica
En sus tratados de ética, Aristóteles vinculó la felicidad con la armonía y la virtud. Sostenía que todos buscan la felicidad, pero es un error perseguirla en el placer, la riqueza o el prestigio. La verdadera felicidad radica en el control de las pasiones y en buscar siempre la mesura, una posición intermedia entre los excesos opuestos. Para él, la naturaleza no hace nada en vano, y cada cosa tiene una razón de ser. Su lógica deductiva identificaba diez aspectos del ser: sustancia, cantidad, cualidad, relación, lugar, tiempo, posición, posesión, acción y pasión. El único elemento místico en su pensamiento era la idea de sustancia, que podía estar "en acto" (cuando su forma se realizaba) o "en potencia" (antes de la realización). Así, cuando un escultor convierte el bronce en una escultura, "realiza" la sustancia. En contraste, Dios, para Aristóteles, era el "motor inmóvil" que no cambia.
Por Fernando Araújo Vélez, periodista con experiencia en diarios como La Prensa, El Tiempo, El Espectador y revistas como Cromos y Calle 22.



