El Mundial de fútbol que se celebrará en Estados Unidos, México y Canadá en 2026 trae consigo un grave problema que rara vez ocupa la conversación pública: el elevado grado de violencia que enfrentan mujeres y niñas durante grandes eventos deportivos. Esto incluye acoso, violencia sexual, violencia doméstica y trata con fines de explotación sexual.
Organizaciones defensoras alzan la voz
Organizaciones defensoras de los derechos humanos han alertado sobre las violencias que pueden sufrir mujeres y niñas en los países sede y han lanzado diversas campañas para visibilizar estas agresiones que se exacerban durante las competiciones.
“Nos parece importantísimo nombrar las violencias que se incrementan dentro de estos espacios masivos deportivos y darles opciones a las mujeres para que sepan qué hacer ante una situación de violencia”, dice a EFE Wendy Figueroa, directora de la Red Nacional de Refugios (RNR) de México.
La RNR se unió a las redes de Estados Unidos y Canadá para generar conciencia y reforzar el trabajo de asistencia a víctimas de violencia machista, acompañando a nacionales y extranjeras que sean agredidas antes, durante y después de los partidos.
“No estamos diciendo que el fútbol genere la violencia, porque la violencia ya existe, está instalada en espacios públicos y privados, pero se incrementa”, asegura Figueroa, quien agrega que las otras dos redes coinciden con esa afirmación.
Datos que alarman
La red mexicana ha documentado que, cuando hay partidos del campeonato local, reciben entre un 15 % y un 20 % más de llamadas de auxilio. Datos similares se han registrado en otros países. Un estudio realizado en Brasil identificó que, entre 2015 y 2018, en los días en los que equipos locales jugaban, las amenazas contra mujeres aumentaban un 23,7 % y las agresiones físicas lo hicieron un 20,8 %.
Pero la violencia no solo se incrementa en los sitios donde se juega, sino que se extiende a los espacios en los que se televisa. Un estudio de la Universidad de Lancaster, basado en denuncias policiales en Inglaterra durante los Mundiales de 2002, 2006 y 2010, concluyó que el riesgo de violencia doméstica aumentó un 26 % cuando la selección inglesa ganó o empató, y un 38 % cuando perdió.
Violencia invisibilizada
Figueroa señala que las violencias machistas quedan invisibilizadas en estos contextos porque “se naturaliza la forma en la que los hombres expresan la euforia, el enojo y las rivalidades, que es a través del control, de los gritos, de los insultos, de pegarle a la pared, de romper la camiseta y muchas veces también de descargar estas emociones contra las mujeres, niños y niñas que están a su alrededor”.
Las agresiones no solo ocurren dentro de las casas o en contextos familiares o de pareja, sino también en las calles. La experta señala que las mujeres y las niñas sufren acoso sexual dentro y fuera de los estadios y que, durante estos eventos, también pueden correr mayor riesgo de ser engañadas por redes de trata con fines de explotación sexual, según informes de la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (Unodc) y el Fondo de la ONU para la Infancia (Unicef).
Trata de personas: un riesgo latente
Nayely Sánchez, titular de programas en Unodc México, explica a EFE que las ofertas de trabajo suelen ser el principal anzuelo que usan las redes para captar a sus víctimas en eventos masivos. “Les ofrecen ticket de avión y alojamiento, y cuando llegan son explotadas sexualmente”, menciona. Además, afirma que las redes suelen mover a sus víctimas entre países durante la competición para evitar que las autoridades las descubran.
En ese contexto, la Unodc ha lanzado una campaña en alianza con la organización Sin Trata, Uber y el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México para que las personas que asistan al Mundial puedan identificar posibles casos. También tienen un convenio con Airbnb para prevenir a los anfitriones sobre huéspedes que puedan ser tratantes o víctimas.
Sánchez afirma que quienes acudan a los partidos seguramente aprovecharán para hacer turismo y que en esos lugares puede haber víctimas de explotación sexual, por lo que es vital que quienes detecten algo informen inmediatamente: “Podrían salvar vidas”, concluye.



