Melilla: el segundo mayor tesoro modernista de España solo superado por Barcelona
Melilla: segundo tesoro modernista de España tras Barcelona

Este miércoles se conmemora el centenario de la muerte del genial arquitecto Antoni Gaudí, coincidiendo con el Día Mundial del Modernismo. Este movimiento, cuya cuna se encuentra en Cataluña, dio el salto a África a principios del siglo pasado para situar en Melilla el segundo patrimonio modernista más rico de toda España, solo superado por Barcelona.

Más de 750 edificios modernistas

Melilla cuenta con más de 750 edificios modernistas, muchos de ellos concentrados en el centro, conformando un Triángulo de Oro que distingue el modernismo en la ciudad. Este conjunto sorprende a los visitantes y le procura un atractivo turístico con un futuro prometedor, según defiende en una entrevista con EFE Antonio Bravo, cronista oficial de Melilla y uno de los mayores expertos del modernismo local.

Bravo es autor de la mayoría de libros y artículos publicados sobre esta materia, estudios que comenzaron en los años 80, cuando los melillenses ni siquiera eran conscientes del tesoro que tenían en sus calles. Tanto es así que algunos llegaban a llamar a la Policía al ver a Bravo fotografiando sus casas, intentando captar la esencia de esas fachadas de un modernismo ornamental al que no se le daba importancia.

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Reconocimiento creciente

Hoy la situación ha cambiado porque hay un reconocimiento que empieza a trascender las fronteras. Ahora es habitual ver a turistas contemplando los edificios, sus esgrafiados, molduras y forjas, buscando sus nombres en trípticos o acompañados de guías que explican cómo el modernismo llegó a Melilla en 1909 de la mano de Enrique Nieto.

Nieto no fue discípulo de Antoni Gaudí, como muchos piensan, sino de Lluís Domènech i Montaner, considerado uno de los padres del modernismo catalán. Al igual que otros arquitectos de la Escuela de Barcelona, optó por emigrar de Cataluña, quizá por la saturación del mercado o para exportar su estilo. En Melilla, una ciudad en expansión a principios del siglo XX con una colonia catalana importante, Nieto rompió los moldes de una arquitectura eminentemente militar.

La revolución de Enrique Nieto

“La llegada de Enrique Nieto hace que todo se revolucione”, explica el cronista oficial, al señalar cómo el arquitecto catalán trajo las curvas y ondulaciones a una ciudad dominada por edificios clásicos muy rectos. Nieto creó cierta escuela entre los ingenieros militares; algunos, como Emilio Alzugaray, se convirtieron en destacados autores modernistas.

Pero, aunque Nieto fue el artífice del movimiento en Melilla, la llegada de otros arquitectos y la competencia entre ellos le hizo mejorar. “Creo que es lo que hizo que su obra tenga la calidad que tiene”, reflexiona Bravo, quien también concede méritos a la ciudad: “una sociedad sin complejos, bastante libre, capaz de adaptarse a la modernidad frente a otras más conservadoras”. A ello se unió la actividad comercial, que impulsó a toda una clase social a invertir en la construcción de edificios modernistas.

El Ensanche Modernista

Así se fue creando el Ensanche Modernista, que se diferencia de otros lugares por su intensidad y humanismo. Intenso porque, mientras en otros puntos hay edificios modernistas de gran calidad pero aislados, en Melilla están todos juntos, ocupando prácticamente todo el centro. Humano porque, como sostenía el catedrático Antonio Bonet, la escala humana de los edificios, no excesivamente altos, permite visualizarlos en sus calles abiertas.

Más de medio millar de edificios relevantes forman un conjunto histórico declarado Bien de Interés Cultural (BIC), lo que lo protege de forma colectiva. Sin embargo, esto plantea riesgos que preocupan a expertos como Bravo, quien lo considera “un problema muy complejo” al ser la arquitectura “un elemento artístico funcional”, es decir, viviendas que necesitan mantenimiento y transformación al compás de la evolución social.

Preservación del patrimonio

A su juicio, la responsabilidad no debe recaer únicamente en el propietario con sus intereses privados, sino que la administración debe ayudar. De ahí el nuevo catálogo completo impulsado por la Ciudad Autónoma, además de las ayudas a la rehabilitación, a las que ha destinado 9 millones de euros en esta legislatura, claves para que las joyas modernistas de Melilla luzcan en todo su esplendor.

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“No es amor de madre, los melillenses nos podemos sentir muy orgullosos de tener una ciudad que no es en absoluto algo común, sino especialmente singular”, apunta Bravo. Todo por su patrimonio de arquitectura modernista “de altísimo nivel” que, aunque sigue siendo desconocido, poco a poco va cambiando.