Crítica de 'El día de la revelación': Spielberg repite su fórmula con maestría
Crítica: 'El día de la revelación' de Spielberg

No es difícil reconocer los temas habituales en la filmografía de Steven Spielberg. El afamado director, imprescindible para la cultura popular de Occidente, regresa en 'El día de la revelación' (2026) a algunos de sus favoritos: la ciencia ficción, la fantasía y los extraterrestres. También vuelve a trabajar con un equipo que lo ha acompañado durante al menos treinta años. Como era de esperarse, su nueva película tiene una ejecución detallista y rimbombante, que recurre a la tensión y las emociones de sus personajes para contar una historia ágil, intensa y muy fiel a su estilo.

La trama de la película

En ella, Daniel Kellner, un especialista en ciberseguridad, y Margaret Fairchild, una reportera del clima en Kansas City, deben revelar un secreto sobre el contacto entre humanos y alienígenas que una megacorporación llamada Wardex oculta bajo llave. Su aventura los lleva a situaciones extremas de las que se salvan en el último segundo, como suele ocurrir en muchas películas de Spielberg. El crítico enfatiza que el cineasta repite elementos y técnicas porque en esta cinta no propone nada nuevo ni pretende hacerlo. Utiliza los mismos patrones que sabe que funcionan para el gran público y los ejecuta con la maestría que le otorgan sus décadas de experiencia. Ese es el mayor mérito de su cine y de la forma en que cuenta historias.

El estilo de Spielberg

Spielberg ha sabido leer al público con inteligencia y ha usado el lenguaje cinematográfico a su favor, tanto para enganchar a los espectadores como para mostrar su visión del mundo. Maneja el tiempo y los recursos del cine de manera efectista cuando debe entretener, pero también cuando le da importancia a unos valores que no son transparentes. Un ejemplo claro es la banda sonora de esta película, compuesta por John Williams, que subraya lo sentimental y lo imponente de las imágenes con una atención milimétrica que hace muy fácil caer en sus sesgos. Son ese tipo de trucos los que intentan vender como entrañable el punto de vista de un norte global que se mira el ombligo todo el tiempo.

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La visión optimista y los personajes

Por lo demás, la trama pone el ojo en la vida familiar, los recuerdos infantiles y la bondad casi religiosa de sus protagonistas (incluso hay conversaciones que confrontan la existencia de un dios con la de seres de otros planetas) para hacernos empatizar con ellos. Para hacernos creer que, aunque los buenos tienen todas las de perder, siempre va a haber algo o alguien que los salve. Esa visión optimista se vuelve una especie de fantasía ingenua en la que este tipo de cine quiere creer y quiere hacer creer. Aunque se protege de no ser inverosímil (y tampoco lo es), guarda demasiadas esperanzas en eso de que el bien tiene que ganar.

El rol de villano, entre tanto, lo ocupa el dueño de Wardex, un arquetipo de personaje malvado que solo tiene un atisbo de humanidad cuando le conviene al guion. Su objetivo es acechar a los buenos para que no se revele la información que resguarda su compañía. Curioso que los malos siempre sean millonarios y encubran sus secretos con violencia, ¿no?

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