Universidades colombianas: fábricas de resentimiento contra el empresariado
Universidades forman detractores del capitalismo en Colombia

El adoctrinamiento antiempresarial en las aulas universitarias colombianas

La semana anterior, un reconocido empresario compartió conmigo una confesión cargada de indignación y desaliento. Su hijo, tras completar su primer año de economía en una de las universidades más prestigiosas de Bogotá, llegó a casa con una conclusión inquietante: su propio padre era un explotador y tenía una "deuda social" que saldar. Este testimonio no representa un caso aislado, sino que evidencia un patrón preocupante que se extiende por las instituciones de educación superior del país.

La paradoja educativa: invertir para aprender a ser pobre

Numerosas familias colombianas realizan sacrificios monumentales, ahorrando durante décadas e incluso endeudándose, para financiar la educación universitaria de sus hijos. La ironía radica en que, durante esos cinco años de formación, muchos estudiantes reciben un mensaje constante y sistemático:

  • El capitalismo constituye un pecado moral
  • Los empresarios son villanos sociales
  • El trabajo asalariado representa una forma moderna de esclavitud

El problema adquiere dimensiones alarmantes cuando estos jóvenes egresados ingresan al mundo real y ejercen su derecho al voto con esas convicciones profundamente arraigadas.

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La realidad económica versus el discurso académico

Mientras las aulas colombianas propagan narrativas anticapitalistas, la realidad global presenta datos incontrovertibles. Diariamente, más de 100.000 personas superan la pobreza en el mundo, y todas, sin excepción, habitan en países que operan bajo sistemas capitalistas. Las cifras históricas son elocuentes: en 1990, el 36% de la humanidad vivía en pobreza extrema, mientras que hoy esa cifra se ha reducido a menos del 9%.

Este logro extraordinario no es producto de la planificación burocrática estatal, sino del funcionamiento del mercado libre, la protección de la propiedad privada y la labor de empresarios que arriesgan su capital para crear valor donde antes no existía nada. Ningún otro sistema económico ha demostrado tal capacidad para generar prosperidad a escala masiva.

Los fracasos socialistas: experimentos terminados

La historia reciente ofrece ejemplos contundentes de sistemas alternativos:

  1. El socialismo soviético provocó hambrunas que cobraron millones de vidas
  2. Cuba permanece como un museo viviente de la miseria económica
  3. Venezuela destruyó en dos décadas lo que tardó un siglo en construir

Estos experimentos sociales han concluido con resultados medibles y catastróficos. Sin embargo, en muchas facultades colombianas, estos fracasos históricos no constituyen el eje del debate académico; con frecuencia, se presentan como modelos a seguir o alternativas viables.

Los mitos que destruyen la creación de riqueza

En lugar de enseñar los mecanismos mediante los cuales se genera prosperidad, numerosos programas universitarios se dedican a propagar mitos económicos que la destruyen:

  • Se presenta el progreso económico como enemigo del medio ambiente, ignorando que solo las sociedades ricas pueden permitirse tecnologías limpias y sostenibles
  • Se repite que la desigualdad representa el mayor de los males sociales, como si la pobreza de unos fuera causada directamente por el éxito de otros
  • Se adoctrina en la falacia de que el capitalismo enriquece a los ricos empobreciendo a los pobres, cuando la evidencia histórica demuestra exactamente lo contrario

El capitalismo ha demostrado ser el único sistema capaz de transformar lujos exclusivos de reyes en bienes de consumo masivo accesibles para trabajadores comunes.

El daño moral más profundo

El perjuicio más severo trasciende lo económico para instalarse en lo moral. Un joven que egresa de la universidad convencido de que el éxito ajeno constituye una forma de robo:

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  • No emprenderá proyectos propios
  • No creará empresas ni generará empleo
  • Se convertirá en un parásito del esfuerzo ajeno
  • Exigirá que el Estado monte las empresas que él mismo desprecia

Estos profesionales apoyarán cada reforma tributaria que castigue la productividad y votarán por candidatos que prometan regular, limitar y asfixiar a quienes generan empleo genuino. Cuando la economía colapse bajo el peso de estas políticas, las facultades universitarias les habrán enseñado a culpar nuevamente a los empresarios.

La trágica ironía del financiamiento

La paradoja alcanza niveles trágicos: los mismos empresarios financian, a través de sus impuestos y del pago de matrículas universitarias, el sistema educativo que forma a sus propios detractores. Están pagando, literalmente, por las cuerdas con las que pretenden colgar la libertad económica del país.

La batalla por la narrativa de la libertad

Las ideas tienen consecuencias tangibles y medibles. Colombia no modificará su rumbo económico mientras sus universidades sigan funcionando como fábricas de resentimiento social. La batalla por la prosperidad nacional no se gana exclusivamente en el mercado; se gana, o se pierde definitivamente, en los salones de clase. Si no recuperamos urgentemente la narrativa de la libertad económica, seguiremos financiando colectivamente nuestra propia extinción como sociedad próspera y libre.