Homenaje a Pedro 'Pellín' Vargas: El maestro que forjó médicos integrales en Cartagena
Pedro 'Pellín' Vargas: Maestro que forjó médicos integrales

El legado de 'Pellín' Vargas en la formación médica de Cartagena

A comienzos de la década de 1970, cuando inicié mis estudios de Medicina en la prestigiosa Universidad de Cartagena, nos enfrentábamos a un riguroso sistema diseñado para nivelar a estudiantes provenientes de diversos colegios públicos y privados de toda Colombia. Los primeros semestres incluían matemáticas, trigonometría, química orgánica e inorgánica, y física, materias que funcionaban como un filtro académico implacable.

Un salvavidas en medio del rigor científico

Milagrosamente, logré sobrevivir a aquellas exigentes asignaturas dictadas por temidos profesores de Ingeniería, entre ellos uno apodado 'El Clavo'. Mi refugio intelectual fueron las clases magistrales de Español a cargo de Pedro Vargas Vargas, conocido cariñosamente como 'Pellín'. Nacido en el barrio Getsemaní de Cartagena el 27 de enero de 1941, este profesor, aunque no había culminado formalmente sus estudios de Derecho, estaba encargado de la cátedra de Español.

Pellín llegaba puntualmente a las 2 p.m. los lunes, miércoles y viernes, con una misión clara: convencernos de que "el médico debía ser un profesional integral". Nos inculcaba que debíamos ser cultos, vestir pulcramente, poseer conocimientos universales y nativos, hablar con propiedad y escribir sin prisa. "Eso marca la diferencia entre el simple recetador y el médico verdadero", repetía con convicción.

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La filosofía educativa de un maestro excepcional

Su enseñanza se basaba en la idea de que el profesional de la salud debe caracterizarse por su excelencia como galeno y como persona, siendo solidario e integral, capaz de curar o al menos consolar con palabras bien pensadas y bien dichas. "El que solo de medicina sabe, ni de medicina sabe", era una de sus máximas favoritas. Nos recomendaba mantener junto al fonendoscopio el 'Pequeño Larousse' y leer los clásicos de la literatura universal para ensanchar tanto la mente como el alma.

Casado con Estela Vargas de Vargas, abogado especializado en Derecho Penal y profesor emérito de la Universidad de Cartagena, Pellín convertía a su familia en una adoración sacrosanta. Era un apasionado de la literatura, la música de Pedro Infante, la crianza de pájaros cantarines y los clásicos universales, criollos y españoles. Tenía el don especial de cazar 'gazapos invisibles' que pasaban desapercibidos para la mayoría de las personas.

De alumno a amigo y colaborador

Con el tiempo, tuve el privilegio de pasar de ser su alumno a convertirme en su amigo. Juntos saboreábamos las mieles de la escritura, compartiendo y puliendo textos para que vistieran "trajes relucientes, bien pensados y bien escritos". Llegué al punto de no atreverme a publicar una sola letra sin que antes pasara por las manos expertas de Pellín. Cuando algo escrito o dicho hería su oído o retina de sabio, empleaba una palabra que no admitía rectificación: "¡Bazofia!"

Padre amoroso de Yolima, Germán y Pedro Pablo, y abuelo orgulloso de un "infatigable y arisco rebaño", Pellín Vargas era abogado, literato, amante de las buenas costumbres y defensor de la justicia cristalina y oportuna. Su trato era siempre deferente y caballeroso.

Un legado intelectual monumental

Como penalista connotado, maestro universitario y lingüista apasionado, dejó un legado de 47 libros sobre literatura, historia y Derecho Penal Acusatorio, convirtiéndose en referente y autoridad nacional en estas materias. En esta época actual, cuando el ruido parece imponerse sobre la verdad, en Cartagena de Indias resulta especialmente pertinente rendir homenaje a este personaje intemporal que consagró su vida a la justicia, la docencia, el lenguaje, la familia y las amistades.

Abogado prestigioso, docente universitario ponderado y dedicado a preservar la virginidad y elegancia del lenguaje español, Pellín Vargas representaba una mezcla única de firmeza y sabio humor. Como implacable defensor del idioma de Cervantes, es probable que, allá en la eternidad, este lingüista insuperable revise uno a uno los 73 libros de las Sagradas Escrituras, cazando gazapos y, como penalista de fama sideral, evalúe la ejecución extrajudicial ordenada por Pilatos al pacifista Nazareno, pregonero de la luz y la justicia.

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Su enseñanza trascendía el aula: nos formó como profesionales integrales, recordándonos siempre que la excelencia médica va más allá del conocimiento técnico, abarcando la cultura, el lenguaje y la humanidad en su sentido más amplio.