Polémica en Medellín por apertura universitaria a debates con partidos considerados inaceptables
Hace una semana, un importante evento público convocado en Medellín con el objetivo de fortalecer el diálogo democrático ha generado una intensa controversia. Como consecuencia directa, un sector de la opinión pública ha exigido la renuncia de la rectora Claudia Restrepo por permitir el acceso a representantes de partidos o movimientos que, según su perspectiva, son éticamente inaceptables.
Los críticos argumentan que existen límites morales que las directivas universitarias deben defender rigurosamente, y que estos no pueden ser transgredidos bajo el principio de neutralidad política que tradicionalmente caracteriza a las instituciones de educación superior.
La defensa de la libertad académica y la expresión plural
Como rectora de otra universidad colombiana que también promueve debates públicos, manifiesto mi profunda preocupación ante la acusación de falsa neutralidad dirigida hacia las instituciones educativas. Pareciera que algunos desean reducir las universidades a espacios de mera formación técnica, evitando así la incomodidad inherente al pensamiento crítico, en lugar de reconocerlas como recintos apasionadamente comprometidos con la creatividad intelectual y la búsqueda del bienestar social.
En las universidades –y extiendo una invitación a todas las rectoras y rectores para confirmar o contradecir esta postura– deben ser bienvenidos todos los puntos de vista, incluso aquellos considerados controversiales, siempre y cuando se expresen únicamente a través de la palabra. No realizaré una clasificación de lo que algunos podrían llamar 'diablos', pues en cierta medida todos podemos ser percibidos como tales en algún momento de nuestras vidas.
Precisamente por esta razón, es fundamental contar con espacios institucionales capaces de albergar estas perspectivas, aunque puedan 'oler a azufre', como diría un aspirante a profeta. Recuerdo, por ejemplo, una de las cátedras más valoradas en la Universidad Javeriana, dedicada precisamente a temas considerados controvertidos, aunque mi asistente de inteligencia artificial aclara que esto 'no implicaba adoración ni invocación'.
Los riesgos de limitar la libertad de expresión en el ámbito académico
Mi segunda gran preocupación se centra en cualquier intento de definir límites a la libertad de expresión. Por más bienintencionadas que sean estas definiciones, tarde o temprano conducen a llamados a la censura y, en consecuencia, al cierre progresivo del discurso y su dogmatización, fenómenos que la academia tiene la responsabilidad histórica de evitar.
La educación en Colombia es, por principio, laica, pero en aras de esa misma libertad, permitimos y auspiciamos la operación de instituciones confesionales. El Estado moderno comprende, respeta e incluso garantiza la presencia fecunda de diferentes credos en una sociedad que no es teocrática. Por el mismo motivo, la educación debe ser fundamentalmente multicultural, sin pretender que todas las formas de conocimiento confluyan en una única tradición, algo considerablemente más complejo.
Que algunos profesores consideren el pensamiento marxista o antimarxista como su credo personal es una cosa; que utilicen estos marcos para explicar fenómenos como las estrellas, los microbios o la aviación es otra completamente diferente. Dictaminar lo 'verdadero' apelando a versiones distorsionadas de lo que constituye la ciencia simplemente no funciona: las universidades no somos autoridades en ese sentido; para eso existen otras instituciones.
El peligroso rostro de la destrucción ética en los espacios educativos
Si perdemos la libertad con la que tradicionalmente hemos invitado a exconvictos, vendedoras ambulantes, candidatos políticos, chamanes o personas transgénero a compartir sus experiencias, presenciaremos cómo las capacidades argumentativas necesarias para la convivencia se vuelven cada vez más estrechas, e incluso desaparecen por completo. Este es el preocupante rostro de lo que podría denominarse la destrucción ética en los espacios educativos.
Expreso mi total respaldo a la rectora de EAFIT y a todas las universidades que se atreven a mirar a los ojos a lo que algunos llaman 'demonios', invitarlos a hablar, y luego dejarlos marchar por el mundo, desarmados, con su soledad: lo único que les queda después de desnudar sus mensajes de odio o de violencia ante el escrutinio racional y el debate académico.



