Un hallazgo que cuestiona el origen del rey de los dinosaurios
Una tibia fósil de dimensiones extraordinarias, descubierta en los yacimientos de la Formación Kirtland en Nuevo México, Estados Unidos, está generando un intenso debate científico que podría reescribir la historia evolutiva de los tiranosaurios gigantes. Este hueso, que mide 96 centímetros de largo y 12,8 centímetros de diámetro, perteneció a un animal que caminó por la Tierra hace aproximadamente 74 millones de años, durante el periodo Campaniense del Cretácico Superior.
Dimensiones que desafían el conocimiento actual
Las proporciones de esta tibia son tan significativas que representan el 84% de la longitud de la tibia del tiranosaurio más grande conocido para ese mismo periodo histórico. Los cálculos realizados por los paleontólogos estiman que la bestia a la que perteneció este hueso pesaba alrededor de 4.700 kilogramos, una masa corporal que supera considerablemente a la de muchos dinosaurios contemporáneos conocidos.
Lo más intrigante del descubrimiento, publicado en la prestigiosa revista Scientific Reports por un equipo liderado por investigadores de la Universidad de Bath, es que los científicos no pueden determinar con certeza a qué especie específica perteneció este hueso. Las hipótesis planteadas incluyen:
- Un Bistahieversor de tamaño excepcionalmente grande
- Un linaje completamente desconocido de tiranosaurios gigantes
- Uno de los primeros miembros de los Tyrannosaurini
La teoría del sur como cuna evolutiva
La posibilidad más emocionante que plantean los investigadores es que este animal podría haber sido uno de los primeros miembros del grupo Tyrannosaurini, que incluye especies icónicas como el Tyrannosaurus rex, el Tarbosaurus y el Zhuchengtyrannus. Si esta hipótesis se confirma, este espécimen habría compartido un antepasado común tanto con el T. rex como con el recientemente identificado Tyrannosaurus mcraeensis.
Lo más revelador es que este animal habría vivido millones de años antes que Sue, el ejemplar más completo y famoso de T. rex que data de hace 67 millones de años. Este hallazgo fortalece una teoría que gana cada vez más aceptación en la comunidad paleontológica: que los tiranosaurios gigantes no evolucionaron en el norte de América del Norte, sino en lo que hoy corresponde al sur de Estados Unidos.
El contexto geológico del Cretácico Superior
Durante el periodo en que vivió este animal, el continente norteamericano estaba dividido en dos masas de tierra separadas por un mar interior extenso. Al este se encontraba Appalachia y al oeste Laramidia. Mientras que los tiranosaurios de menor tamaño dominaban el norte de Laramidia, la evidencia sugiere que los gigantes habrían tenido su hogar evolutivo en el sur, específicamente en territorios que hoy corresponden a Nuevo México y Texas.
Los investigadores son cautelosos y advierten que este hueso representa solo el principio de una investigación más amplia. Se necesitan restos más completos para identificar definitivamente al animal, precisar sus dimensiones reales y establecer con certeza su posición en el complejo árbol genealógico de los tiranosaurios.
Por ahora, este singular hueso enterrado en las tierras de Nuevo México es suficiente para cuestionar muchas de las teorías establecidas sobre el origen del depredador más emblemático de la prehistoria. El hallazgo no solo amplía nuestro conocimiento sobre la diversidad de los tiranosaurios, sino que también replantea fundamentalmente nuestra comprensión sobre dónde y cómo evolucionaron estos colosos del pasado.
