El perfil del abogado moderno: transformación tecnológica y nuevas competencias
En los últimos años, el ejercicio del Derecho ha experimentado una transformación silenciosa pero profunda que está redefiniendo completamente la profesión legal. La tradicional dependencia de la palabra escrita, la rigurosidad de los códigos y la solemnidad de los estrados judiciales está siendo reconfigurada por dinámicas sociales, tecnológicas y económicas que modifican el perfil del abogado desde su etapa formativa.
Un cambio que va más allá de la tecnología
Emilssen González de Cancino, decana de la facultad de Derecho de la Universidad Externado de Colombia, sostiene que los cambios en el perfil del abogado son notables y advierte que, aunque sería fácil atribuirlo todo a la inteligencia artificial o a la virtualidad, el fenómeno es mucho más complejo.
"Junto a ellas existen otros factores como la internacionalización, la consolidación de redes de intercambio de conocimientos y experiencias y un mayor énfasis de las instituciones de educación superior en la formación metodológica en todas las etapas de la carrera", explica la académica.
Este giro transformador no solo modifica las herramientas disponibles, sino también la forma en que se comprende el derecho y el rol social del abogado. En Colombia, los debates jurídicos se cruzan cada vez más con la economía, la innovación, el medio ambiente y la cultura ciudadana, exigiendo profesionales con perspectivas más amplias.
La base jurídica permanece, pero el enfoque evoluciona
En medio de esta aceleración, el debate no gira alrededor de abandonar las competencias tradicionales, sino de reordenarlas y complementarlas. Para González de Cancino, dentro de las competencias genéricas "siguen siendo imprescindibles la competencia cognitiva, la comunicativa y la contextual", especialmente aplicadas a conocimientos jurídicos que se amplían y diversifican con rapidez asombrosa.
Jaime Iglesias, socio de Garrigues, resume esta evolución al señalar que "la excelencia técnica sigue siendo innegociable, pero ya no basta por sí sola". Según su análisis, en el entorno actual se espera que el abogado combine rigor jurídico con:
- Competencias tecnológicas avanzadas
- Visión estratégica integral
- Comprensión profunda del negocio del cliente
- Capacidad de adaptación a contextos cambiantes
El impacto concreto de la inteligencia artificial
La irrupción de la IA está acelerando el cambio en la profesión legal, automatizando tareas y elevando el estándar de eficiencia, sin reemplazar el criterio fundamental del abogado. González de Cancino ubica una parte decisiva del giro reciente en "el campo de intersección entre el Derecho y las tecnologías", donde se han vuelto determinantes:
- La digitalización completa de documentos y procesos
- Las audiencias y trámites virtuales
- Los lenguajes generativos como ChatGPT
- La tecnificación de las normas jurídicas
Iglesias detalla que la práctica jurídica se está redefiniendo por la digitalización y la integración de la IA en los flujos de trabajo, con impacto directo en tareas como la revisión de contratos, comprobaciones de cumplimiento normativo, diligencia debida y análisis multilingüe de documentos.
Competencias que trascienden la automatización
La decana del Externado enfatiza que la evolución actual también responde a un cambio de fondo en la manera de mirar los derechos: "Una conciencia mayor sobre los derechos de los individuos, la extensión del concepto a otros sujetos como los animales o la naturaleza, así como la ampliación de los ámbitos especializados de la vida económica y social, contrarresta las predicciones de inutilidad de la profesión".
Para el ejercicio judicial y la litigación, González de Cancino sostiene que se necesitan más que nunca:
- Integridad ética inquebrantable
- Destreza en la argumentación persuasiva
- Capacidad e independencia crítica
- Seguridad en los conocimientos especializados
- Manejo experto de herramientas digitales y sistemas de IA
- Empatía y solidaridad social
- Lealtad profesional con colegas, clientes y jueces
Enrique Gómez Pinzón, socio en Holland & Knight, complementa esta visión al señalar que ciertas formas tradicionales ya no generan el mismo impacto: "La cita exhaustiva de normas en todas las áreas ya no es lo más relevante para los clientes". Lo que realmente se busca hoy es entender qué dice la ley, qué ha establecido la jurisprudencia y, sobre todo, cuáles son las consecuencias prácticas para el negocio y las recomendaciones concretas.
La automatización en este contexto no aparece como un reemplazo del abogado, sino como un cambio en la distribución del tiempo profesional y en la naturaleza de los aportes de valor. Lo que pierde peso relativo, especialmente con la llegada de la IA, son las tareas repetitivas y de bajo valor añadido que pueden ser automatizadas eficientemente.
Esta transformación del perfil del abogado representa un desafío tanto para las facultades de Derecho como para los profesionales en ejercicio, quienes deben adaptarse a un mercado más competitivo y acelerado, donde la habilidad técnica debe complementarse con competencias transversales y una comprensión profunda de los contextos sociales y económicos en constante evolución.
