La misión Artemis II revive sueños literarios de viajes a la Luna en la era espacial
Artemis II revive sueños literarios de viajes a la Luna

La misión Artemis II revive sueños literarios de viajes a la Luna en la era espacial

La imagen de la Tierra vista desde la escotilla de la nave Orión, recientemente impulsada hacia la Luna, tiene un profundo carácter onírico. El silencio absoluto, la oscuridad del espacio y el movimiento convertido en una extraña quietud crean una experiencia casi surrealista. El filósofo Gaston Bachelard interpretaba la ingravidez como una necesidad poética y onírica, describiéndola como "un vuelo siempre dulce y difuso".

La realidad técnica frente al asombro cósmico

Sin embargo, los tripulantes de la Orión no pueden entregarse completamente a la filosofía. Aunque expresaron estar "deslumbrados por la hermosa vista de la Tierra", minutos después debieron concentrarse en sus pantallas para verificar datos y transmitir valores técnicos. Esta dualidad entre el asombro cósmico y las exigencias del trabajo científico define la experiencia de los astronautas de la Misión Artemis II de la NASA.

Ecos literarios en la exploración espacial moderna

Observando a los astronautas -a veces concentrados, otras risueños ante las cámaras, otras contemplativos frente a las ventanillas- surgen inevitablemente paralelos con viajes literarios históricos. Los cuatro tripulantes de Artemis II guardan similitudes con los tres viajeros de "Alrededor de la Luna" de Julio Verne, quienes en 1869 imaginaron un viaje en una bala cilíndrica impulsada por un cañón gigante.

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En la novela de Verne, los personajes experimentan la misma ingravidez que llaman "física recreativa", donde objetos abandonados parecen sostenerse por milagro. También comparten la fascinación por contemplar "el globo donde hormiguean nuestros semejantes" y el deseo de comunicarse con la Tierra. La diferencia crucial: los personajes de Verne almuerzan con conservas y buen vino francés, discuten sobre la existencia de selenitas y viajan acompañados por dos perros, sin tener claro cómo regresarán.

La sátira lunar de Cyrano de Bergerac

Un precedente aún más antiguo se encuentra en "El Viaje a la Luna" de Cyrano de Bergerac, publicado en 1657. Aquí, un solo viajero alcanza la Luna mediante cohetes de pólvora desde Canadá, siendo finalmente atraído por el cuarto menguante lunar que "chupa la médula de los animales".

La Luna de Bergerac es un mundo invertido que sirve como sátira de la sociedad terrestre:

  • Sus habitantes creen que la Tierra es la Luna y viceversa
  • En las cantinas se paga con poemas en lugar de dinero
  • Los hombres llevan penes de cobre colgados al cinto en vez de espadas
  • No comprenden por qué en la Tierra "los instrumentos de generación pasan por ignominiosos y los de destrucción por honorables"

En este universo satírico, las discusiones suenan como sinfonías musicales, y los jóvenes llevan relojes especiales que reproducen libros en voz de sus autores, permitiéndoles "poner los libros como pendientes de las orejas y salir a caminar".

La esperanza del lado oscuro lunar

Mientras la misión Artemis II avanza, queda la esperanza de que este "reality cósmico" moderno pueda entregarnos algunas de las ensoñaciones y divertimentos que la literatura imaginó para el lado oscuro de la Luna. En un giro irónico, hoy no tenemos a nadie en el satélite para mostrar nuestro propio lado oscuro terrestre, pero sí la tecnología para explorar el suyo.

La NASA continúa así una tradición que mezcla rigor científico con imaginación literaria, demostrando que la exploración espacial no es solo una cuestión de datos y ecuaciones, sino también de sueños compartidos a través de los siglos.

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