En la comunidad indígena Wiwa de la vereda El Marocazo, ubicada en el municipio de San Juan del Cesar, La Guajira, la llegada de Internet marcó el inicio de un proceso colectivo que está transformando la educación y la vida comunitaria. Gracias al Proyecto Zonas Comunitarias para La Paz, liderado por el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, en alianza con la Agencia de Renovación del Territorio, con el respaldo técnico de Findeter y la experiencia en soluciones tecnológicas de CiberC, hoy las familias de esta región cuentan con acceso gratuito a Internet en un espacio construido con sus propias manos.
Una decisión que nació del diálogo comunitario
Al enterarse de la llegada del proyecto, los docentes Víctor Julio Malo y Elver José Plata, de la Escuela Rural Indígena de Marocazo, convocaron a las autoridades tradicionales y a toda la comunidad para dialogar sobre el verdadero propósito del Internet en su territorio. Lejos de verlo como una imposición externa, el pueblo Wiwa decidió apropiarse de esta herramienta, garantizando que el uso de las TIC se desarrollara en coherencia con sus valores, tradiciones y prioridades educativas. “El Internet no llega a transformar nuestra cultura, llega a fortalecer nuestros aprendizajes”, afirma el profesor Víctor Julio, convencido de que el verdadero impacto se logra cuando las comunidades toman las decisiones.
Un aula de sistemas construida entre todos
De este proceso de concertación surgió una apuesta inédita: construir, con recursos propios de la comunidad, un aula de sistemas ubicada estratégicamente para que los equipos que brindan conectividad beneficien no solo a los estudiantes, sino también a los habitantes y visitantes de la vereda El Marocazo. El resultado del trabajo conjunto se materializó en un espacio que, además de facilitar la conectividad, se convirtió en un punto de encuentro y aprendizaje colectivo. “Aquí los jóvenes y los mayores comparten no solo la tecnología, también nuestra forma de ver el mundo”, señala el profesor Plata.
A partir de allí, y con el aval de las autoridades tradicionales, los docentes Malo y Plata lideraron talleres de formación y sensibilización en los que participaron estudiantes, familias y líderes comunitarios. Estos espacios han sido acompañados por Enrique Malo, líder de la comunidad que, gracias a la Zona Comunitaria para La Paz, se capacita de manera constante en el uso de las TIC. Este proceso de apropiación permite integrar Internet en la vida cotidiana de la comunidad, respetando sus valores espirituales y culturales. Este ejercicio ha convertido a la comunidad de Marocazo en un ejemplo vivo de cómo la conectividad puede contribuir a la paz, al fortalecimiento de la identidad y a la construcción de futuro de los pueblos indígenas de Colombia.
Un proyecto que conecta oportunidades en todo el país
El caso de Marocazo refleja el alcance de las Zonas Comunitarias para La Paz, que ya suman 1.262 espacios de acceso gratuito a Internet en municipios priorizados por los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial. Solo en los departamentos de Antioquia, Chocó, Cesar, Magdalena y La Guajira, se han instalado 343 zonas en instituciones educativas, beneficiando a más de 14.600 usuarios mensuales. La historia de Víctor Julio Malo, Elver José Plata y la comunidad de Marocazo confirma que cuando la tecnología llega acompañada del diálogo y la participación, se convierte en un verdadero instrumento de transformación. En palabras de las autoridades Wiwa: “La conectividad no es un fin en sí mismo; es una herramienta que debe servir al territorio y no al contrario”. Más que un servicio de Internet gratuito, las Zonas Comunitarias para La Paz se consolidan como un motor para la educación, la participación y el liderazgo comunitario desde un enfoque étnico y diferencial; con iniciativas que permiten la interacción y participación de comunidades e instituciones educativas se crean estrategias para contribuir al cierre de la brecha digital.



