Hogar Blue: Un rayo de esperanza educativa en medio de la vulnerabilidad
En el corazón de Bucaramanga, familias enteras enfrentan diariamente una disyuntiva desgarradora: utilizar sus escasos recursos para comprar alimentos o pagar un techo donde dormir. Esta cruda realidad afecta a numerosos hogares de bajos ingresos que sobreviven del rebusque diario, viéndose obligados a elegir entre alimentarse o tener un refugio nocturno.
La dura realidad de la supervivencia urbana
La mayoría de estas familias reside temporalmente en hoteles del centro de la ciudad, donde pueden pagar por noches, convirtiendo estos lugares en albergues provisionales para quienes carecen de vivienda estable. Sin embargo, esta forma de supervivencia genera otro problema crítico: cuando los padres salen a trabajar en jornadas extensas, no tienen con quién dejar a sus hijos. Algunos menores acompañan a sus progenitores durante largas horas en las calles, mientras otros permanecen solos en las habitaciones.
Muchos de estos padres se dedican al reciclaje o al comercio ambulante, trabajando desde el amanecer hasta el anochecer para obtener ingresos que frecuentemente no superan los 30 mil pesos diarios. En estas condiciones de extrema vulnerabilidad crecen niños que no están escolarizados y que, desde temprana edad, se enfrentan a los peligros urbanos: inseguridad, consumo de sustancias psicoactivas y actividades ilegales que forman parte de su entorno cotidiano.
El nacimiento de una iniciativa transformadora
Esta realidad conmovedora fue descubierta por Valentina Mantilla Carvajal, una joven activista social de Bucaramanga, durante sus recorridos por las calles del centro urbano. Lo que observó no fue negligencia parental, sino familias atrapadas en circunstancias de supervivencia tan difíciles que superan cualquier voluntad individual, con niños desprotegidos por situaciones que escapan a su control.
Motivada por esta realidad, Valentina decidió actuar. Así nació Hogar Blue, una iniciativa que busca llevar conocimiento y clases educativas a niños y niñas desescolarizados en Bucaramanga. Junto con otra educadora llamada Natalia, visitan hoteles del centro donde les han facilitado zonas comunes que se transforman, durante algunas tardes, en aulas de clase improvisadas.
El entusiasmo que mueve montañas
Los niños esperan con ansias estas visitas educativas. Cuando se aproximan los encuentros semanales, los menores preguntan constantemente cuándo llegarán las profesoras. "Nosotras hablamos con los hoteles y de allá nos dicen: aquí ya las están esperando", relata Valentina. Este entusiasmo infantil constituye el motor principal que impulsa la labor de las educadoras, quienes saben que deben cumplir con sus alumnos, ávidos no solo de aprendizaje sino también de compartir, divertirse y recibir el tan esperado refrigerio.
"En estos espacios salen un poco de su entorno diario; a pesar de que estamos en el mismo lugar, ellos se concentran en sus actividades y se olvidan un poco de su realidad por un rato", explica la activista social.
Metodología educativa adaptada
Entre 15 y 35 niños asisten regularmente a estas clases improvisadas. "Les enseñamos de acuerdo con sus conocimientos. Hay niños que nunca han ido a clases, otros que ya tienen nociones básicas. Dependiendo de esto, les enseñamos a escribir, leer, sumar", detalla Valentina. Aunque es mercadóloga de profesión, actualmente se prepara para estudiar atención a la primera infancia, con el objetivo de fortalecer su labor social.
En el fondo, confiesa que lo que la motiva es un deseo que la acompaña desde la niñez: ayudar a quienes más lo necesitan. "Desde pequeña quería ayudar a quienes no tenían hogar", comenta con convicción.
El sustento a través del apadrinamiento
El proyecto no funciona de manera aislada. Hogar Blue se mantiene activo gracias al apoyo de padrinos: personas que realizan aportes económicos para hacer posible esta labor. Estos recursos permiten financiar materiales pedagógicos y refrigerios necesarios para cada encuentro educativo. A través del sistema de apadrinamiento, la iniciativa logra mantenerse operativa y continuar llegando a más niños vulnerables.
Las clases constituyen solo una parte del trabajo integral. El equipo también organiza celebraciones y encuentros especiales para regalar momentos de alegría: el Día del Niño, Halloween y Navidad se convierten en fechas esperadas que rompen la rutina y permiten a los menores vivir experiencias diferentes y enriquecedoras.
La importancia de las donaciones
Un bloc de notas a medio usar, un cuaderno comenzado y olvidado, un paquete de colores guardado sin utilizar o útiles escolares que ya no se necesitan pueden transformarse en herramientas valiosas para otros niños. Hogar Blue recibe durante todo el año donaciones de útiles escolares de segunda mano, materiales que permiten desarrollar actividades educativas y creativas con los menores.
"En esta época nos llegaron donaciones de la gente que ya sacó útiles viejos al terminar el año escolar, pero los recibimos todo el año. Cualquier aporte, nos ayuda", explica Valentina. Para muchos de estos niños, una hoja en blanco, un lápiz o una tarde de aprendizaje representan algo más que una simple clase: significan una oportunidad diferente en medio de una realidad que, por ahora, continúa siendo incierta.
Orígenes y expansión de la labor social
La iniciativa social nació en 2019 cuando Valentina y algunos voluntarios comenzaron a recoger ayudas para llevar alimentos, ropa y primeros auxilios a habitantes de calle. Mediante el programa Dosis de Amor, realizan actividades los miércoles y domingos, distribuyendo desayunos y ayudas a la población en situación de calle de Bucaramanga. Quienes deseen vincularse a estas iniciativas pueden contactarse al WhatsApp 315 511 1199 para realizar donaciones, ser voluntarios o brindar apoyos económicos.
