Bucaramanga enfrenta una crisis de movilidad que va más allá del tráfico
En Bucaramanga, el caos en la movilidad ha trascendido de ser un simple problema técnico para convertirse en una señal alarmante de la pérdida de cultura ciudadana. Transitar por la ciudad hoy implica enfrentarse no solo a la congestión vehicular, sino a un irrespeto sistemático por las normas de tránsito más básicas. Motociclistas que ignoran los semáforos en rojo se han vuelto comunes, y con preocupación creciente, se observa cómo conductores de vehículos particulares comienzan a replicar este mismo comportamiento peligroso.
El problema del mal parqueo y la falta de autoridad
A esta situación se suman los llamados "mal parqueados", quienes, sin mostrar el menor asomo de vergüenza, abandonan sus vehículos en vías de alta circulación. Esta práctica reduce la cantidad de carriles disponibles y contribuye significativamente al caos vial existente. Lo más preocupante es la aparente ausencia de autoridad para controlar esta situación, a pesar de que la Dirección de Tránsito de Bucaramanga (DTB) cuenta con mecanismos establecidos para imponer orden y regular la movilidad.
La DTB ha intensificado el uso de cepos como medida sancionatoria contra el mal parqueo, pero existe un problema fundamental en su aplicación. En lugar de concentrarse en las zonas críticas de congestión vial de la ciudad, estas medidas se implementan predominantemente en áreas de baja circulación, como calles ciegas y sectores residenciales. Si bien en estos lugares también hay infracciones, estas no generan una afectación significativa en la movilidad general de la ciudad.
Preguntas que revelan una estrategia deficiente
Surgen interrogantes cruciales: ¿Por qué no aplicar estas medidas sancionatorias en zonas que realmente lo justifiquen por su impacto en la movilidad? ¿Acaso se busca cumplir rápidamente con metas numéricas de cepos colocados en un día, optando por zonas "tranquilas" que requieren menos esfuerzo operativo? Esta aproximación cuestionable hace que se pierda la legitimidad institucional, pues se percibe arbitrariedad y una clara desconexión con la realidad urbana.
Mientras tanto, los recursos operativos se desperdician en lugares donde su impacto es mínimo, en lugar de destinarse a resolver problemas críticos en áreas donde realmente se necesitan intervenciones contundentes.
Focos de caos que permanecen intactos
Los verdaderos epicentros del desorden vial continúan sin recibir la atención adecuada:
- Vías de alta circulación que deberían ser prioritarias para el control
- Corredores estratégicos para la movilidad urbana
- Zonas críticas como los accesos al centro comercial El Cacique
- El entorno del estadio de atletismo
- La carrera 36 y la carrera 33
Estos son solo algunos ejemplos evidentes de una problemática que no recibe la atención que merece por parte de la autoridad competente, a pesar de su impacto directo en la calidad de vida de los bumangueses.
Un llamado urgente para Bucaramanga
Bucaramanga necesita urgentemente un mejor criterio en el control de la movilidad. Requiere una autoridad que comprenda que sus acciones deben buscar fundamentalmente tres objetivos:
- La fluidez del tránsito
- La seguridad vial para todos los actores
- La convivencia ciudadana en el espacio público
Por encima de todo, la ciudad necesita recuperar algo que ningún operativo policial o de tránsito puede imponer por sí solo: el respeto por las normas. Sin cultura ciudadana, cualquier esfuerzo institucional será insuficiente; pero sin una autoridad efectiva y estratégica, ese esfuerzo será completamente inútil. La situación actual evidencia una clara falta de autoridad en el tránsito bumangués, que requiere atención inmediata y soluciones concretas.



