Bucaramanga: una ciudad que da la espalda a quienes caminan
Los resultados de la más reciente Encuesta de Percepción Ciudadana, desarrollada por el programa Bucaramanga Metropolitana Cómo Vamos, pintan un panorama desolador para la movilidad en la capital santandereana. Cuatro de cada diez habitantes del área metropolitana reportan que sus trayectos diarios son más largos que antes, mientras que en el municipio de Piedecuesta esta cifra alarmante supera la mitad de la población consultada.
Andenes perdidos y espacios públicos avasallados
El concepto de movilidad, que incluye de manera fundamental a quienes recorren la ciudad a pie, revela una realidad incómoda: Bucaramanga se ha convertido en un territorio hostil para sus propios ciudadanos. Los andenes en zonas de alta confluencia han sido literalmente perdidos ante el avance del comercio formal e informal.
Donde no existe una carpa comercial, un escaparate extendido, un maniquí que invade la vía pública o un vendedor ambulante que ocupa todo el espacio disponible, el cemento aparece roto, hundido o simplemente ha desaparecido por completo. Esta situación se agrava cuando los propietarios de edificios y residencias tratan el espacio público como una extensión de su propiedad privada, una práctica que además de abusiva resulta completamente ilegal según la normativa colombiana.
Parques deteriorados y senderos inexistentes
La situación no mejora en las zonas verdes de la ciudad. Numerosos parques presentan un estado de deterioro avanzado, carecen de iluminación adecuada y están invadidos por maleza que los convierte en espacios inseguros e intransitables, especialmente durante las horas nocturnas.
¿De qué sirve un parque urbano si no se puede cruzar de manera segura o si sus senderos están completamente destruidos? La ciudad ha dado la espalda sistemáticamente a sus zonas verdes, diluyendo así el concepto mismo de movilidad entre caminos inexistentes, puentes peatonales que representan trampas mortales y vías principales que carecen por completo de aceras dignas.
Consecuencias ambientales y sociales del abandono
Este abandono generalizado no solo afecta el desplazamiento diario de los ciudadanos, sino que genera graves consecuencias ambientales. Menos espacio disponible para caminar significa inevitablemente más vehículos circulando para distancias cortas, lo que se traduce en mayores emisiones tóxicas, incremento en los niveles de ruido urbano y aumento de las temperaturas en el área metropolitana.
La crisis de movilidad se retroalimenta peligrosamente con la degradación ambiental, creando un círculo vicioso que las autoridades han observado con preocupante indiferencia. Este panorama se agrava cuando consideramos que el sistema de transporte público apenas funciona al 1,1% de su capacidad proyectada, según los datos oficiales.
La dignidad ciudadana en juego
En medio de esta crisis, lo que queda cada vez más rezagado es la dignidad fundamental de las personas. Cuando un ciudadano no puede caminar tranquilamente por un andén, cuando una madre con coche de bebé debe descender al asfalto para poder avanzar o cuando un adulto mayor se ve obligado a transitar por superficies semidestruidas, se les está negando el derecho básico a habitar su propia ciudad con seguridad y comodidad.
Los datos de insatisfacción ciudadana son elocuentes: el 33,6% de los consultados manifiesta su descontento con el estado de los andenes, mientras que el 52,4% expresa su insatisfacción con las ciclorrutas disponibles. Estas cifras representan una demostración fehaciente de una realidad que no puede seguir siendo ignorada.
Hacia una política integral de movilidad
La recomendación final resulta ineludible: las autoridades municipales deben comprender que la movilidad urbana no se reduce simplemente a recuperar un sistema de transporte público fracasado o a aliviar el tráfico de automóviles particulares. Esta perspectiva resulta miope e insuficiente para abordar la complejidad del problema.
Una verdadera política de movilidad debe ser integral y comprehensiva, lo que implica necesariamente:
- Devolver los andenes a los peatones de manera efectiva
- Rescatar los parques urbanos de su estado de abandono
- Construir senderos dignos y seguros en la periferia de la ciudad
- Poner freno definitivo a los abusos contra el espacio público
Es fundamental entender que una ciudad se mide por cómo camina su gente, no por cómo circulan sus vehículos. La verdadera calidad de vida y la dignidad ciudadana van de la mano; ambas dependen de que, desde la puerta de cada casa hacia el espacio público, exista un entorno respetable, seguro y amable para todos los habitantes de Bucaramanga.



