La reciente exclusión de Bogotá de la planificación del Regiotram del Norte ha generado numerosas dudas entre los ciudadanos de la capital. Este proyecto estratégico, que promete conectar a Bogotá con municipios vecinos como Chía, Cajicá y Zipaquirá, ahora se desarrollará sin la participación directa del Distrito en las decisiones clave.
Pérdida de capacidad de decisión para Bogotá
Germán Prieto, experto en movilidad, advirtió en entrevista con Portafolio que la ciudad perderá influencia sobre aspectos fundamentales del proyecto. “No quiere decir que Bogotá quede por fuera, quiere decir que la alcaldía y los recursos de la alcaldía y por lo tanto los deseos de la alcaldía con respecto a este modo de transporte quedan por fuera”, explicó. Esto implica que el Distrito ya no podrá definir la integración urbana, la conexión con otros sistemas de transporte ni parte de la articulación regional del Regiotram.
Menor integración con TransMilenio y el metro
Una de las principales consecuencias, según Prieto, es que Bogotá tendrá menos margen para influir en cómo el Regiotram se conecta con el sistema de transporte público existente. El Distrito buscaba un esquema “más de carácter urbano o con muchos más componentes urbanos”, mientras que el Gobierno Nacional priorizó la ejecución del proyecto. “Es posible que estemos dejando a la gente más desconectada, por ejemplo, de los sistemas de transporte como TransMilenio, el metro y demás”, afirmó. Además, Bogotá podría perder oportunidades para desarrollar más estaciones y convertir el Regiotram en un sistema útil no solo para quienes llegan desde la Sabana, sino también para la movilidad interna de la capital.
Impacto en el modelo de ciudades dormitorio
Prieto también señaló que la expansión ferroviaria hacia la Sabana podría fortalecer el modelo de ciudades dormitorio, haciendo más atractivo vivir fuera de Bogotá y trabajar en la capital. Según proyecciones del Dane, Bogotá habría alcanzado su pico histórico de población y comenzaría a decrecer, mientras que municipios cercanos seguirían creciendo. “Bogotá quisiera que la planeación fuera diferente”, indicó el experto, sugiriendo que existe preocupación por una eventual migración de población, productividad y actividad económica hacia los municipios vecinos.
Riesgo de mayor congestión vehicular
El analista advirtió que si las conexiones ferroviarias no logran una integración eficiente, muchas personas podrían optar por el carro o la moto, incrementando la congestión en corredores ya saturados como la autopista Norte. “A ampliación hecha, carros nuevos te llegan”, afirmó, al explicar que el crecimiento de municipios dormitorio y la falta de integración del transporte pueden generar más tráfico y accidentalidad.
Necesidad de integración tarifaria y operativa
Prieto insistió en que el éxito del Regiotram dependerá de su articulación operativa, física y tarifaria con el resto del transporte público de Bogotá. Cuestionó si los usuarios podrán pagar de manera integrada o si deberán bajarse de un modo de transporte y pagar otro. Si el sistema resulta poco eficiente o costoso, el incentivo podría desplazarse hacia el vehículo particular, incrementando costos y fomentando el uso de moto.
Posibilidad de recomponer el diálogo
A pesar de la compleja situación tras la aprobación del nuevo CONPES, Prieto consideró que todavía es posible recomponer el diálogo entre el Gobierno Nacional, Bogotá y la Gobernación de Cundinamarca. “Ojalá que podamos ponernos de acuerdo”, afirmó, al insistir en que la movilidad futura requiere decisiones concertadas y una visión de largo plazo.
El Regiotram del Norte sigue siendo una obra clave para mejorar la conectividad regional, pero su éxito dependerá de la capacidad de las autoridades para integrarlo adecuadamente con los sistemas de transporte de Bogotá y evitar que la exclusión del Distrito genere problemas de movilidad a largo plazo.



