Este miércoles finaliza en Santa Marta la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, un encuentro organizado por Colombia y los Países Bajos con representantes de al menos 62 países, que tuvo como propósito trazar rutas concretas para reducir la dependencia global del petróleo, el gas y el carbón. Este debate no es ajeno a la campaña presidencial. Colombia enfrenta una presión creciente por proteger su biodiversidad y al mismo tiempo tiene una economía que depende en buena medida de los ingresos de la explotación de hidrocarburos. Esto convierte la pregunta sobre el futuro energético del país en uno de los ejes de la contienda electoral. Los candidatos tienen visiones radicalmente distintas: desde quienes proponen prohibir el 'fracking' y abandonar los combustibles fósiles, hasta quienes defienden su explotación como condición para financiar el desarrollo y la propia transición energética.
Claudia López: comunidades como socias de los proyectos
Defiende la exploración de hidrocarburos y la realización de pilotos de 'fracking' bajo evidencia científica y de acuerdo con un riguroso licenciamiento ambiental. Así, argumenta, se aseguran precios bajos de energía y se evita el desabastecimiento de recursos clave para los hogares, especialmente el gas natural. Indica que es necesario saldar una deuda histórica con regiones como el Caribe y la Orinoquia, que a pesar de poseer recursos en gas, petróleo, sol y viento, viven entre apagones, altas tarifas y pésimos servicios públicos. Plantea un modelo en el que las comunidades sean socias de los proyectos y las empresas ejecuten directamente la infraestructura necesaria, como la construcción de vías, acueductos y redes eléctricas. En su visión, Colombia requiere energía abundante, confiable y barata como base del desarrollo económico e industrial, y el 'fracking' es una herramienta para lograrlo.
Abelardo de la Espriella: retomar exploración y producción de petróleo
Esta propuesta parte de un diagnóstico claro: “El problema no es la falta de recursos, sino la falta de decisiones serias para convertirlos en seguridad energética y fiscal”, asegura el candidato en su plan de gobierno. Para revertirlo, pretende reactivar la exploración y producción de petróleo y gas con seguridad jurídica y criterio técnico y también tratar el gas como un asunto estratégico. Para eso habla de recuperar los campos descubiertos y evaluar los yacimientos no convencionales. Sumado a esto, de quedar electo promovería proyectos costa afuera e impulsaría nueva infraestructura de transporte. También presenta cifras que respaldan su propuesta, pues asegura que entre 2021 y 2024 la cadena de hidrocarburos representó el 31,9 por ciento de las exportaciones, atrajo el 15,1 por ciento de la inversión extranjera directa y aportó el 24 por ciento de los ingresos del Gobierno central.
Sergio Fajardo: 'fracking' según lo que muestren pilotos
Buscaría combinar la seguridad energética con una transición gradual, sostenible y basada en evidencia, para ello, haría pilotos de 'fracking' bajo evaluaciones técnicas y ambientales independientes. Así, plantea superar el 80 por ciento de generación eléctrica renovable manteniendo el gas natural y la exploración responsable de hidrocarburos como respaldo, pues considera que los recursos del petróleo y el gas serán claves para financiar esa transformación. Instalaría al menos 1.000 MW nuevos de capacidad energética cada año, resolvería los cuellos de botella en transmisión y regularizaría el servicio de 300.000 hogares rurales, con el objetivo de reducir tarifas y cerrar brechas de acceso en todo el territorio. También propone que las comunidades sean socias del sector privado y público en los proyectos, teniendo en cuenta sostenibilidad, inclusión social y liderazgo femenino.
Paloma Valencia: alcanzar un millón de barriles diarios
Reactivaría de manera decidida la explotación de combustibles fósiles e impulsaría el 'fracking' como estrategia para generar recursos y afrontar la crisis energética. Propone garantizar la exploración y explotación de gas en todo el territorio —costa adentro y costa afuera—, retomar la producción de petróleo hasta alcanzar un millón de barriles diarios y aprovechar el carbón disponible, bajo el argumento de que Colombia tiene derecho a usar sus recursos. Según argumenta, destrabar la inversión y garantizar tarifas justas son condiciones para que el país tenga energía confiable y suficiente para crecer. En ese marco, plantea que la verdadera responsabilidad de Colombia frente al cambio climático no consiste en renunciar a sus recursos energéticos, sino en detener la deforestación, porque “la energía para crecer es una promesa de estabilidad productiva y de dignidad cotidiana”, señala.
Iván Cepeda: rechazar modelo de desarrollo extractivista
En su plan de gobierno habla de un ‘pacto por la vida’ que desplace el modelo de desarrollo extractivista y ponga límites a la explotación de la naturaleza. En ese sentido, su postura frente al 'fracking' es de prohibición absoluta, pues argumenta que la exploración y explotación en yacimientos no convencionales representa una amenaza para los recursos hídricos locales, fractura el suelo y el subsuelo y envenena los territorios; por ese motivo, asegura que resulta poco rentable. Además, advierte sobre el riesgo que representa para las comunidades que viven en esos territorios, así como para la biodiversidad de la Amazonia, señalando que detrás de esa técnica hay una “codicia, que ha puesto al desarrollo como un modelo que puede arrasar y acaparar todos elementos vivos de la naturaleza a su antojo”. Según indica, desistir del 'fracking' no es solo una decisión ambiental, sino una apuesta ética.
Mauricio Lizcano: 'fracking' condicionado
El candidato buscaría implementar el 'fracking' de manera condicionada. Es decir que solo acepta el uso de esta técnica en zonas donde no se comprometen acuíferos estratégicos, siempre y cuando se realicen todos los estudios necesarios para garantizar el bienestar de las comunidades. En regiones como el Magdalena Medio, donde la riqueza hídrica es significativa y la población depende del agua, lo descarta, pero considera que hay otras zonas donde podría desarrollarse de forma responsable.
Carlos Caicedo: pragmatismo económico y transición gradual
Propone una hoja de ruta energética basada en el pragmatismo económico y la transición gradual. Su estrategia consiste en mantener la explotación responsable de las reservas de hidrocarburos existentes por un periodo de siete años, rechazando el uso del 'fracking'. Según la propuesta, los excedentes generados por esta actividad se reinvertirían en el cierre de brechas sociales, por ejemplo, en la implementación del programa Te pagamos por Estudiar.
Sondra Macollins: combinar energías tradicionales con renovables
Sostiene que no se debe elegir entre desarrollo y sostenibilidad y propone combinar energías tradicionales con renovables y nuevas tecnologías. En lugar de centrarse solo en la extracción de crudo, plantea desarrollar una industria de refinación avanzada y petroquímica para exportar productos con mayor valor agregado. También habla de incorporar la energía nuclear mediante reactores modulares pequeños con cero emisiones.
Miguel Uribe Londoño: respaldo al 'fracking' y minería legal
Respalda el 'fracking' y la minería legal, y se comprometió a dejar todos los proyectos de gas, petróleo y carbón en producción desde el inicio de su gobierno. Asimismo, plantea que Ecopetrol produzca un billón de barriles, sacar a licitación todos los proyectos de exploración, desarrollar el proyecto Sirius 2 para exportar gas y ajustar los impuestos a la industria petrolera. Con esto último, asegura que lograría atraer inversión al país.
Gustavo Matamoros: reactivación de exploración y explotación
Defiende la reactivación de la exploración y explotación de petróleo y gas. A su juicio, estos sectores se han frenado innecesariamente por el Gobierno, afectando la soberanía energética del país. “Tenemos que recuperar la capacidad energética del país. Las empresas deben operar con respeto al medioambiente y en concertación con las comunidades, pero sin caer en la intransigencia”, afirmó. Para Matamoros, la explotación responsable no es negociable, pues incide en el desarrollo y el bienestar del país.
Roy Barreras: pragmatismo energético
Mediante un modelo de ‘pragmatismo energético’, plantea: “Tanto gas como sea necesario para garantizar la firmeza del sistema, y tanta energía renovable como sea posible para bajar la tarifa al bolsillo del ciudadano”. En esa línea, reactivaría proyectos de gas nacional y offshore mediante procesos administrativos ágiles, pues advierte que las reservas han caído a mínimos y que la falta de gas nacional obliga a importaciones costosas que disparan la inflación energética. Su postura critica que Colombia ha intentado llevar a cabo una transformación energética que ha resultado en sacrificar la seguridad.
Luis Gilberto Murillo: transición gradual y responsable
El aspirante a la presidencia habla de una transición energética gradual y responsable que no afecte la estabilidad fiscal del país. Su propuesta busca fortalecer el sector de hidrocarburos para que este sea la principal fuente de financiación de esa transición. Por ello propone reactivar la exploración responsable y aumentar la inversión para estabilizar las reservas con una proyección mínima de 10 años. Con esto garantizaría ingresos fiscales y seguridad energética durante el proceso de cambio. En ese sentido, plantea destinar al menos el 30 por ciento de las rentas del sector de hidrocarburos a financiar proyectos de energía limpia.
Santiago Botero: reactivación del 'fracking' sin restricciones
De llegar a la presidencia, reactivaría el 'fracking' y cualquier técnica disponible para extraer petróleo y gas en todo el territorio nacional, incluidos territorios como el Magdalena Medio. “Todos los minerales que tiene Colombia los voy a sacar a las buenas o a las malas”, afirmó el candidato. A la vez, sostuvo que nuestra mayor riqueza no es el oro ni el petróleo, sino la mente de los jóvenes, que puede dar un valor agregado.



