La mayoría de analistas del mercado anticipa que el Banco de la República volverá a subir su tasa de interés en la reunión del 30 de abril, en un contexto de inflación persistente y presiones crecientes en el componente de servicios, según la más reciente encuesta de Anif y el análisis de Investigaciones Bancolombia. La expectativa es que la tasa alcance niveles cercanos al 12%, consolidando un ciclo de política monetaria restrictiva.
De acuerdo con el Centro de Estudios Económicos Anif, siete de los 16 analistas consultados proyectan un aumento de 50 puntos básicos, mientras que otros siete estiman un incremento de 75 puntos básicos, lo que ubicaría la tasa en un rango entre 11,75% y 12%, niveles no vistos desde mayo de 2024. Por su parte, Bancolombia prevé un ajuste de 75 puntos básicos hasta 12%, en medio de un cambio relevante en el balance de riesgos.
Este escenario se da en un momento en el que la inflación continúa siendo el principal desafío para la política monetaria. En marzo, la variación anual se ubicó en 5,56%, acelerándose frente al mes anterior y situándose 156 puntos básicos por encima del límite superior del rango meta del Banco de la República. Este comportamiento ha reforzado la necesidad de mantener una postura restrictiva por más tiempo.
Servicios y salario mínimo mantienen presión sobre la inflación
Uno de los factores que más preocupa a los analistas es el comportamiento del componente de servicios, que continúa liderando las presiones inflacionarias. En marzo, esta categoría registró una variación anual de 6,8% y explicó más de la mitad de la inflación total del país, con una contribución de 3,1 puntos porcentuales. Este fenómeno ha estado asociado al traslado del aumento del salario mínimo a los precios.
El ajuste del salario mínimo en 23% para 2026 ha comenzado a reflejarse con mayor fuerza en los servicios, generando efectos persistentes en la inflación. Este comportamiento ha llevado a que la inflación en el primer trimestre del año alcance 3,07%, superando el registro del mismo periodo de 2025.
Las expectativas del mercado también han comenzado a ajustarse al alza. Por ahora, la mediana de los analistas prevé una inflación de 5,63% para abril y de 6,50% al cierre de 2026, por encima de las estimaciones previas. Esto deja claro que las presiones sobre los precios se han vuelto más estructurales y menos transitorias, lo que condiciona las decisiones del Emisor.
Política monetaria se endurece para preservar credibilidad
En este contexto, el Banco de la República enfrenta el reto de contener la inflación y, al mismo tiempo, evitar un desanclaje de las expectativas. Según Investigaciones Bancolombia, la combinación de inflación elevada, episodios de reversión y expectativas desalineadas "refuerza la necesidad de una postura monetaria restrictiva por un periodo prolongado", con el objetivo de preservar la credibilidad del banco central.
El análisis también advierte que el énfasis de la política monetaria no estará únicamente en alcanzar un nivel suficientemente contractivo, sino en la duración de dicha postura. Esto implica que las tasas de interés no solo seguirían subiendo en el corto plazo, sino que se mantendrían en niveles altos durante un periodo prolongado, en línea con un entorno global de mayor incertidumbre.
Pese a las discusiones recientes sobre la participación del ministro de Hacienda en las sesiones de la Junta Directiva, Bancolombia considera que este elemento no altera el diagnóstico de política ni el proceso de toma de decisiones. La expectativa es que el Banco actúe con consistencia y determinación frente a un entorno inflacionario desafiante.
El contexto internacional también juega un papel determinante en la trayectoria de la política monetaria. En Estados Unidos, la inflación repuntó a 3,3% en marzo impulsada por el aumento en los precios de la energía, mientras que la Reserva Federal mantendría sus tasas en el rango actual. Este escenario ha reforzado la expectativa de tasas altas por más tiempo a nivel global.
A esto se suman factores de riesgo adicionales como las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, que han presionado al alza los precios de la energía, y la posibilidad de un fenómeno del Niño en el segundo semestre, que podría generar nuevos choques inflacionarios. En el ámbito local, el deterioro del escenario fiscal también introduce presiones sobre las expectativas de inflación y el costo del financiamiento.



