El enfrentamiento que sacude las bases de la política económica colombiana
La tensión era palpable desde el inicio de la reunión. No solo por el inusual retraso del ministro de Hacienda, Germán Ávila, en llegar a la sesión citada para las 8:30 de la mañana del martes pasado en el quinto piso del edificio principal del Banco de la República, sino por una serie de gestos que rayaron en la brusquedad. Mientras los otros seis integrantes de la junta directiva del Emisor hacían sus intervenciones en estricto orden, el funcionario no pudo disimular el sentimiento que le invadía.
La votación que desató la crisis
Por cuatro votos contra tres, el costo de los fondos que el Banco de la República cobra a los intermediarios financieros quedó establecido en el 11,25 por ciento anual, un incremento de un punto porcentual que eventualmente se sentirá en los créditos y en lo que pagan los bancos por los depósitos que reciben. Esta decisión, similar a la tomada en enero, generó inmediata reacción del Gobierno.
Cuando le llegó el turno, el integrante del gabinete de Gustavo Petro leyó un texto preparado con anticipación. Arrancó señalando la existencia de "micropoderes" dedicados a socavar la agenda gubernamental y se concentró en tres puntos principales de desacuerdo.
Los argumentos del Ministerio de Hacienda
Según relataría el propio Ávila, la primera queja tuvo lugar con una comunicación enviada el 11 de marzo por el secretario general de la junta directiva, en referencia a un proyecto de decreto que obligaría a las administradoras de fondos de pensiones a repatriar sumas millonarias invertidas en el exterior. "Creemos que aquí hubo un abuso", afirmó posteriormente el representante del Ejecutivo.
Acto seguido, el ministro criticó abiertamente la determinación de subir los intereses: "Sustentamos la inconveniencia de elevar la tasa después de haberlo hecho en enero". Agregó que la medida "afecta de manera sensible, grave y significativa los esfuerzos del Gobierno por mantener una dinámica de recuperación de la economía", calificándola directamente como "despropósito".
La salida escandalosa y sus consecuencias
Una vez terminada la lectura, el funcionario abandonó su puesto ante la mirada de incredulidad de los demás asistentes. Durante varios minutos, varios se preguntaron si se habría ido a otra oficina, hasta que alguien reportó la convocatoria de una rueda de prensa en las instalaciones del Ministerio de Hacienda, donde su titular afirmó que no volvería a hacerse presente en la junta.
Lo que siguió es conocido: la maquinaria de comunicación oficial se puso en marcha, con el Presidente de la República a la cabeza. A través de la plataforma X, el mandatario atacó en múltiples oportunidades el reajuste, cuestionando incluso la ética de quienes no se aliaron con Ávila.
El trasfondo electoral del conflicto
Más que concentrarse en el debate técnico, se hicieron afirmaciones como la de favorecer intereses privados en contra de lo que le conviene "al pueblo". La postura se resume con la publicación de una foto en la cuenta presidencial cuya leyenda dice: "el Banco de la República es de la oligarquía".
Semejante acusación vino acompañada de una iniciativa orientada a reformular el arreglo institucional definido por la Constitución de 1991. Así, de la noche a la mañana, un tema usualmente reservado para especialistas se convirtió en el caballito de batalla del "Gobierno del cambio", con claras implicaciones electorales.
Los fundamentos técnicos de la decisión
Respecto a la mayoría que votó a favor del aumento, su posición quedó consignada en el comunicado oficial. Lo que se conoce como inflación básica (que excluye a los alimentos y a los bienes y servicios regulados) se ubicó en 5,5 por ciento anual al cierre de febrero, medio punto más que en diciembre.
Además, las expectativas de los especialistas le apuestan a un aumento del 6,3 por ciento en la canasta familiar en diciembre, un guarismo que en los mercados de deuda se eleva al 7 por ciento anual. No hay duda de que esa aceleración se debe en parte al incremento de casi 24 por ciento en el salario mínimo que comenzó a regir el primero de enero.
Precedentes internacionales preocupantes
Lo que se controvierte menos es el tratamiento ortodoxo, entre otras razones porque aquellos países que se han ido por un camino distinto –como el propuesto por Petro– han pagado las consecuencias. Por ejemplo, a finales de la década pasada Turquía experimentó una fuerte crisis cuando el presidente Recep Tayyip Erdogan obligó a las autoridades monetarias a bajar la tasa de interés cuando la lógica indicaba lo contrario, algo que disparó la devaluación de la lira y la inflación, con secuelas que se sienten hasta hoy.
Las implicaciones constitucionales
Dentro de lo establecido en la Constitución, vale la pena citar el artículo 371, según el cual el Banco de la República tiene "autonomía administrativa, patrimonial y técnica". A su vez, el artículo 372 habla de la junta directiva y afirma que sus miembros "representarán exclusivamente el interés de la Nación".
Ello explica por qué las personas que han ocupado dicha posición obran de manera independiente y no reciben instrucciones ni son subalternos de nadie, con excepción del ministro de Hacienda. A lo largo de casi 35 años han sido numerosas las ocasiones en que este ha sido derrotado, lo cual en ocasiones llevó a frialdad y distanciamiento, pero nunca a proponer un cambio en las reglas de juego.
La posición precaria del ministro
La Ley 31 de 1992 que desarrolló el mandato constitucional define las faltas absolutas como causal de reemplazo, lo cual incluye "la ausencia injustificada a más de dos sesiones continuas". Tal afirmación deja en una posición precaria a Germán Ávila, quien se estaría exponiendo a una sanción ejemplar de la Procuraduría por no cumplir con las obligaciones propias de su cargo, una de las cuales es presidir la junta directiva del Banco de la República.
La estrategia política detrás del conflicto
Como señala el profesor Pablo Sanabria, aquí lo que se aplica es una estrategia como la ensayada en su momento por Hugo Chávez y otros tantos: "Un partido de izquierda clientelista y en apariencia moralmente superior se arroga la vocería del pueblo, y crea un enemigo difuso al que se le atribuyen todos los problemas". "Así se simplifica la política y se moviliza emocionalmente para ganar votos y legitimidad", agrega.
De tal manera, el punto central no es el aumento de 100 puntos básicos en la tasa de interés que maneja el Banco de la República. La ofensiva dirigida por Gustavo Petro tiene en la mira inmediata la cita con las urnas del 31 de mayo. En medio del fragor electoral, aquello de la estabilidad macroeconómica ha vuelto a quedar relegado a un plano secundario.



