Tormenta perfecta: riesgos de Canacol amenazan suministro de gas en Colombia
Tormenta perfecta: Canacol amenaza suministro de gas

Como si las preocupaciones en torno a la seguridad energética de Colombia no fueran suficientes, ahora aparece un riesgo mayúsculo. Se trata de los problemas que enfrenta Canacol, de origen canadiense, que se presenta como la mayor compañía independiente de exploración y producción natural de gas en el territorio continental del país, con un aporte cercano al 17 por ciento de lo extraído localmente.

Dicha contribución, a decir verdad, ha venido cayendo de manera importante por efecto de errores administrativos, técnicos y falta de liquidez. De cerca de 200 millones de pies cúbicos diarios despachados a comienzos de la década, la suma ahora es una tercera parte, ante la incapacidad de adelantar inversiones cruciales.

En noviembre pasado la sociedad principal y varias más del mismo grupo acudieron a las instancias judiciales en Canadá para protegerse de sus acreedores, iniciando un proceso de reestructuración financiera. Sin entrar en honduras técnicas, el peso de las deudas, combinado con un mal desempeño en las operaciones, dio lugar a una salida de emergencia cuya probabilidad de éxito no parece ser muy elevada.

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Más allá de entrar a describir los tropiezos de una firma cuyas dificultades y métodos eran conocidos y cuestionados desde hace rato en el sector, hay que encender las alarmas. El motivo es que en los últimos días la realidad ha pasado de castaño oscuro ante la eventualidad de que Canacol incumpla los contratos de suministro que tiene firmados.

Es bien conocido que, por factores que incluyen la política gubernamental de no permitir más exploraciones en búsqueda de hidrocarburos, el país dejó de ser autosuficiente en gas natural hace meses. Por ello hay que recurrir más a las importaciones del compuesto, lo que será la norma durante años, al menos hasta que se desarrollen los yacimientos identificados en las aguas profundas del Caribe colombiano o se permita el uso de técnicas no convencionales en zonas como el Magdalena Medio.

Pero ahora aparece el peligro de que el faltante sea mayor, pues está en veremos una producción que hoy equivale a cerca del 7 por ciento del consumo interno. Que eso ocurra justo cuando en el mercado internacional las cosas se han vuelto más difíciles —debido a que el cierre del estrecho de Ormuz ha elevado precios y reducido los excedentes que se pueden comprar— es algo muy malo.

Todavía peor es la inminente llegada del fenómeno de El Niño, que podría adelantarse a junio, según los estimativos más recientes. Ante la falta de agua que la anomalía ocasionaría, la generación de electricidad tendrá que apoyarse más en plantas térmicas —la mayoría movidas por gas— y menos en las hidroeléctricas.

Así las cosas, se está conformando una especie de tormenta perfecta que afectaría a millones de hogares e incontables industrias que usan el gas que provee Canacol. Por ello, el Gobierno está obligado a actuar para preservar tanto el servicio como el valor del recurso, lo cual debería traducirse en medidas destinadas a asegurar la producción para honrar los contratos ya suscritos. Pero eso requiere liderazgo, buena gerencia, capacidad técnica y probidad, para que el remedio no acabe siendo peor que la enfermedad.

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