Fabricante peruano AJE mira hacia Venezuela para expansión mientras enfrenta presiones por conflicto
El fabricante peruano de refrescos de bajo costo AJE Group, que surgió durante el peor período de conflicto interno en Perú durante la década de 1980, mantiene su vista puesta en el potencial resurgimiento económico de Venezuela para expandir su negocio de bebidas en el país sudamericano.
Historia de supervivencia y expansión internacional
La empresa con sede en Lima, que actualmente opera en Latinoamérica, Asia y África, comenzó su trayectoria vendiendo refrescos caseros en los Andes peruanos cuando la zona estaba asediada por la violencia del grupo guerrillero maoísta Sendero Luminoso. Mientras la violencia mantenía alejadas a multinacionales como Coca-Cola y Pepsi, AJE encontró su nicho en mercados complejos.
La compañía se expandió rápidamente y se convirtió en una embotelladora internacional presente en más de 20 mercados emergentes, gracias en gran parte a su exitosa marca Big Cola, liderada y propiedad exclusiva de la familia Añaños.
Venezuela: primera incursión internacional y espera de recuperación
La primera incursión de AJE en el extranjero fue precisamente en Venezuela, donde construyó una planta embotelladora en 1999, justo al comienzo de la era socialista que posteriormente diezmaría la economía del país petrolero.
"Somos sobrevivientes, somos como un oso hibernando hace años, esperando que se vaya Maduro, y se fue", declaró Augusto Bauer, gerente general adjunto de AJE, en una entrevista reciente. "Estamos esperando a ver cómo el mercado se va recomponiendo. Pero yo sí creo que va a tomar un tiempo".
Actualmente, AJE mantiene operativa una planta en Valencia, ciudad del centro de Venezuela, aunque Bauer reconoció que solo funciona entre el 5% y 10% de su capacidad total. Las principales limitaciones son las típicas del país sumido en crisis:
- Acceso limitado a divisas extranjeras
- Dificultades para importar materiales esenciales
- Escasez de plástico necesario para la producción de botellas
Presión de costos por conflicto bélico en Irán
En otro frente preocupante, Bauer advirtió que una guerra prolongada en Irán podría obligar a la empresa a aumentar los precios de sus bebidas, productos sensibles al valor internacional del petróleo que impacta tanto el transporte como la producción de plástico.
"Va a haber una presión a márgenes de todas maneras", explicó Bauer. "Pero no sabemos cuánto va a durar la guerra tampoco. Entonces tú no puedes decir voy a subir precios, si no sabes si eso se va a quedar o va a regresar".
Hasta el momento, AJE y otros fabricantes de bebidas están absorbiendo los mayores costos derivados de la situación geopolítica, pero la incertidumbre sobre la duración del conflicto complica las decisiones de precios.
Estrategia financiera y transformación del negocio
AJE no tiene planes de crecimiento agresivo tras su emisión de bonos por US$450 millones hace más de una década para financiar expansión mundial. La empresa enfrentó dificultades cuando las monedas de mercados emergentes se desplomaron, afectando significativamente su estructura de costos, aunque logró saldar su deuda en 2021.
"No tenemos en el horizonte contemplar una nueva emisión de bonos, tampoco es que estamos buscando crecer de manera inorgánica", afirmó Bauer sobre la estrategia actual de la compañía.
La empresa, que mantiene carácter privado y no divulga sus estados financieros, tiene un valor empresarial estimado por Bloomberg en aproximadamente US$2.700 millones, según indicadores financieros publicados hace años por agencias de calificación crediticia.
Transición hacia bebidas saludables y continuidad familiar
Actualmente, AJE está realizando una transición estratégica desde refrescos tradicionales hacia bebidas más saludables, lanzando productos sin azúcar y zumos naturales.
"Estamos muy enfocados en innovación, en irnos hacia lo que es salud y bienestar", destacó Bauer sobre la nueva dirección del negocio.
La empresa sigue siendo propiedad exclusiva de la familia Añaños, sin otros inversionistas minoritarios, aunque Carlos Añaños vendió su participación a familiares tras dimitir como máximo ejecutivo en 2017. Recientemente, el exejecutivo consideró públicamente presentarse como candidato presidencial en las elecciones peruanas, aunque finalmente no participó en la contienda electoral.



