El impacto estructural del aumento del 23% del salario mínimo en las empresas colombianas
El incremento del salario mínimo del 23% para el año 2026 en Colombia se ha consolidado como uno de los choques estructurales más relevantes para las empresas, según el análisis de Cristina Gómez-Clark, Managing Director en Colombia de Alvarez & Marsal. A diferencia de otros ajustes de costos, este impacto no es transitorio: modifica la estructura laboral, se propaga por la cadena de suministro y condiciona márgenes, generación de caja y decisiones de inversión.
Un amplificador de tensiones acumuladas
En un entorno de inflación persistente, presión sobre insumos y tasas de interés elevadas, el salario mínimo actúa como un amplificador de tensiones acumuladas. Desde la óptica empresarial, el análisis no se limita al empleo o al ingreso de los hogares, sino que incorpora el efecto del salario mínimo como precio de referencia del trabajo con alta indexación.
Esto implica que no solo afecta a quienes lo devengan directamente, sino que permea escalas salariales, contratos tercerizados y servicios intensivos en mano de obra. El efecto sobre costos y liquidez no es lineal, sino exponencial, y la vulnerabilidad frente a este choque depende de cómo interactúa con la estructura de costos y la productividad de cada empresa.
Variables críticas que determinan la vulnerabilidad
Según el análisis basado en información de la Superintendencia de Sociedades, benchmarks sectoriales y experiencia de Alvarez & Marsal, esta vulnerabilidad está determinada por dos variables críticas:
- La proporción del gasto indexado al salario mínimo legal vigente (SMMLV)
- El peso del gasto de personal en los costos operativos
Cuando estas variables superan el 20% del gasto total y el 35%–40% de los costos operativos, el incremento deja de ser marginal y se vuelve estructural. Sectores como minería, transporte, salud, servicios administrativos y alojamiento y comida presentan exposiciones directas entre 18% y 30% del gasto total, con gastos de personal que superan el 30%–50% de la estructura operativa.
Impacto en márgenes y liquidez
El análisis de la directiva de Alvarez & Marsal indica que, en compañías intensivas en mano de obra, un aumento del 23% en el salario mínimo puede erosionar entre 140 y 270 puntos básicos del margen Ebitda si no se implementan medidas compensatorias. Esto equivale a caídas de entre 10% y 25% en el Ebitda bajo ingresos constantes.
La presión se amplifica a través de proveedores, añadiendo entre 80 y 150 puntos básicos adicionales al margen. La combinación de mayores costos laborales e inflación en insumos incrementa las necesidades de capital de trabajo entre un 5% y 10%.
"Si a este escenario se suma un aumento de 100 puntos básicos en la tasa del Banco de la República, el gasto financiero puede subir entre 5% y 10%", señala el análisis, en un momento en el que el Ebitda ya enfrenta presiones significativas.
Rediseño organizacional como respuesta necesaria
En este entorno, el salario mínimo se convierte en un detonante de rediseño organizacional. La gestión de la fuerza laboral deja de ser una variable fija heredada y requiere ajustes estructurales en productividad, dimensionamiento y operación.
Uno de los conceptos clave en este proceso es el FTE (Full-Time Equivalent - Tiempo Completo), una unidad de medida utilizada en recursos humanos para calcular la carga de trabajo. Este indicador permite convertir las horas trabajadas por empleados a tiempo parcial en el equivalente de trabajadores a tiempo completo, facilitando la planificación y dimensionamiento de las plantillas laborales.
El análisis señala que incrementar el valor generado por FTE se convierte en un eje central de ajuste. Esto incluye:
- Rediseño de procesos
- Eliminación de tareas de bajo valor
- Automatización selectiva
En la experiencia de Alvarez & Marsal, ajustes moderados, equivalentes a entre 5% y 8% de FTE mal asignados, pueden mejorar el margen Ebitda entre 100 y 300 puntos básicos.
Una señal estructural, no coyuntural
Finalmente, Cristina Gómez-Clark advierte que "en un entorno donde el salario mínimo crece más rápido que la productividad, no actuar equivale a aceptar una erosión estructural del margen y de la caja".
Y añade que "las compañías que navegan este choque con éxito entienden que se trata de una señal estructural, no coyuntural. El mayor riesgo hoy no es el salario mínimo: es mantener el statu quo o aplicar medidas que atiendan la situación coyuntural y no abordarla de forma estructural".
En el caso de manufactura, comercio y construcción, la exposición directa es menor (entre 10% y 15%), pero el impacto se transmite a través de canales indirectos como logística y tercerización, ampliando el alcance del choque más allá de los trabajadores que devengan el salario mínimo.



