Desbordamiento del río Ture en Jueves Santo arrasa con 100.000 truchas en Coromoro
Río Ture arrasa con 100.000 truchas en Coromoro durante Jueves Santo

Desastre natural golpea nuevamente a productores de trucha en Coromoro

La fuerza implacable del río Ture volvió a manifestarse con devastadoras consecuencias para los microempresarios dedicados a la piscicultura en la vereda Ture del municipio de Coromoro. En esta ocasión, durante la solemnidad del Jueves Santo, las aguas desbordadas arrasaron con aproximadamente 100.000 truchas de un criadero local, sumiendo en la crisis a al menos 40 familias que dependen directamente de esta actividad económica.

Un Jueves Santo marcado por la tragedia

Mientras las comunidades se preparaban para las conmemoraciones católicas del 2 de abril, el río Ture cambió abruptamente su curso natural, penetrando en el criadero propiedad de Arístides Ávila. Aunque la infraestructura de los estanques permaneció intacta, ninguno de los peces sobrevivió al embate de las aguas. La pérdida incluyó ejemplares de diversos tamaños, desde alevines hasta truchas listas para su comercialización, representando aproximadamente ocho meses de trabajo intensivo.

Según cálculos preliminares, el valor económico de esta catástrofe ascendería a alrededor de $500 millones de pesos, considerando que cada trucha tiene un costo estimado de $5.000. Esta cifra se suma a las pérdidas acumuladas desde diciembre de 2025, cuando un evento similar destruyó completamente la infraestructura eléctrica del mismo productor y causó la muerte de 500.000 truchas adicionales entre cuatro criaderos afectados.

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Origen del desastre y respuesta inmediata

Rodolfo Sánchez, alcalde de Coromoro, explicó detalladamente las causas de este nuevo desbordamiento: "Se presentaron lluvias torrenciales en la parte alta de la montaña, provocando un desprendimiento de tierra en una zona virgen donde no existían registros previos de taludes inestables". Este deslizamiento masivo, compuesto por tierra, rocas y vegetación, obstruyó completamente el cauce de la quebrada La Robada.

El afluente, normalmente tranquilo, acumuló una fuerza extraordinaria durante las precipitaciones, arrastrando todo el material sedimentario hacia el río Ture y causando su desbordamiento catastrófico. La administración municipal respondió enviando maquinaria amarilla especializada, que junto con el trabajo comunitario logró restablecer parcialmente el curso natural del río, mitigando daños mayores.

Una crisis prolongada sin soluciones definitivas

La situación actual representa un punto crítico para el sector piscícola de la región. Los productores afectados enfrentan múltiples desafíos simultáneos:

  • La pérdida total de su capital biológico (las truchas)
  • El tiempo prolongado requerido para repoblar los estanques (ciclos de 8-10 meses)
  • Los daños estructurales acumulados en la infraestructura productiva
  • La ausencia de ayudas oficiales prometidas desde el desastre de diciembre

Arístides Ávila confirmó que continúan esperando los aportes departamentales comprometidos, mientras el alcalde Sánchez reconoció que, aunque los trámites avanzan, la ayuda institucional podría demorarse significativamente. La Oficina de Gestión del Riesgo de Santander ya recibió el reporte detallado de daños y pérdidas, siguiendo el mismo protocolo implementado durante el desbordamiento anterior.

Impacto social y económico profundo

Las 40 familias afectadas no solo enfrentan la pérdida inmediata de su sustento económico, sino también la incertidumbre sobre su futuro productivo. Muchas de estas familias habían invertido años desarrollando sus criaderos, estableciendo redes comerciales y perfeccionando técnicas de producción que hoy están en riesgo de desaparecer completamente.

La recurrencia de estos eventos naturales plantea interrogantes fundamentales sobre la vulnerabilidad de la zona y la necesidad de implementar medidas preventivas estructurales. Los productores cuestionan por qué, a pesar de los desastres anteriores, no se han desarrollado sistemas de protección ribereña más robustos ni protocolos de respuesta más ágiles.

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Esta tragedia ocurrida en Jueves Santo no solo representa un revés económico monumental, sino también un golpe emocional profundo para comunidades que ven cómo su trabajo de meses desaparece en cuestión de horas, repitiendo un patrón destructivo que parece no encontrar respuestas institucionales efectivas.