La papachina: un tubérculo con historia y futuro en Colombia
En las cocinas tradicionales del trópico colombiano, especialmente en la región del Pacífico, sobrevive un ingrediente que ha alimentado generaciones enteras: la papachina, también conocida como taro o malanga. Este tubérculo de origen asiático ha encontrado en Colombia un territorio fértil donde no solo se cultiva, sino que se ha convertido en símbolo de identidad y resistencia cultural.
Una planta versátil con presencia nacional
La Colocasia esculenta, nombre científico de la papachina, es una planta herbácea y perenne que puede alcanzar hasta 1,5 metros de altura. Se caracteriza por sus grandes hojas acorazonadas y sus tallos subterráneos carnosos, que constituyen la parte comestible. Su textura es firme y ligeramente crujiente, con un sabor suave y neutro que recuerda una mezcla entre yuca y batata.
En Colombia, su cultivo se extiende por departamentos como Boyacá, Casanare, Cesar, La Guajira, Magdalena, Meta, Norte de Santander, Santander y la Sierra Nevada de Santa Marta. Sin embargo, es en el Pacífico colombiano donde ha adquirido mayor relevancia cultural y alimentaria.
Transformación comunitaria y desafíos productivos
La papachina se ha convertido en una oportunidad productiva para organizaciones comunitarias del Pacífico. En el Bajo Calima, la Asociación de Mujeres Campesinas, Negras e Indígenas (AMUCIB) ha impulsado su transformación en snacks y harinas, abriendo nuevos mercados para este tubérculo tradicional.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), iniciativas similares en territorios como Yurumanguí y Tumaco han desarrollado:
- Galletas y tortas a base de harina de papachina
- Panes y cremas tradicionales
- Alternativas sin gluten con mayor valor agregado
Sin embargo, el posicionamiento de la papachina en el mercado nacional enfrenta importantes desafíos:
- La lejanía de los territorios productores incrementa los costos
- Existen limitaciones en tecnificación agrícola
- Las dificultades de orden público afectan la producción y comercialización
- Los costos de transporte reducen la competitividad
Beneficios nutricionales y preparación segura
La papachina no solo es un alimento ancestral, sino también una fuente importante de nutrientes. Según la FAO, este tubérculo se destaca por:
- Vitaminas del complejo B en niveles comparables a la col
- Vitamina C y E que fortalecen el sistema inmune
- Minerales esenciales como potasio, magnesio, hierro y calcio
- Alto contenido de fibra que favorece la digestión
- Polifenoles con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias
Es importante destacar que, según el Ministerio de Salud de Perú, la papachina no debe consumirse cruda debido a que contiene oxalato de calcio, sustancia que puede causar irritación. Para su preparación segura se recomienda:
- Lavarla bien antes de manipularla
- Pelarla con guantes si es necesario
- Cocinarla hervida, al vapor, horneada o frita
- Prepararla en puré, sopas, guisos o como snack tipo chips
Un alimento con proyección global
La papachina forma parte de una tradición culinaria global. En África se conoce como amadumbe y se utiliza en guisos tradicionales. En Hawái, el kalo es base del poi y forma parte del mito de origen del pueblo hawaiano. En Filipinas, conocido como gabi, se emplea tanto en platos salados como en postres y helados.
En el contexto colombiano, este tubérculo representa mucho más que un alimento nutritivo. Es una expresión de identidad, resistencia y orgullo territorial en el Pacífico, donde comunidades negras e indígenas han preservado y transformado este conocimiento milenario, combinando nutrición, tradición y adaptación al entorno en un legado que continúa evolucionando.