Crisis en El Campín: Concesionario prioriza conciertos sobre el césped para fútbol
El estado del césped del estadio El Campín de Bogotá ha alcanzado niveles alarmantes que ponen en riesgo la práctica profesional del fútbol. Millonarios y Santa Fe, los clubes que alquilan este emblemático escenario, han elevado sus voces para denunciar el grave deterioro de la grama y señalan directamente a Sencia, el concesionario privado responsable de la modernización y operación del complejo deportivo.
Denuncias contundentes de los clubes afectados
Gustavo Serpa, presidente de la junta directiva de Millonarios, ha sido categórico en sus declaraciones: según su versión, el concesionario evade cualquier responsabilidad sobre el estado del pasto después de realizar intervenciones y limita su participación a simplemente "colocar" la grama sin garantizar su mantenimiento adecuado. Esta situación obliga a los clubes a aceptar el campo en condiciones deficientes y asumir las consecuencias tanto deportivas como económicas.
"Resulta completamente inaceptable que equipos profesionales deban competir en estas condiciones", afirmó Serpa. La gravedad ha llegado a tal punto que los equipos bogotanos se han visto forzados a cancelar partidos oficiales debido a la negligencia demostrada por Sencia en el cuidado del terreno de juego.
La polémica estrategia comercial de Sencia
El deterioro acelerado del césped está directamente vinculado con la política implementada por Sencia de multiplicar eventos no deportivos, principalmente conciertos y espectáculos masivos, con el objetivo claro de incrementar sus ingresos. Frente a las críticas recibidas, el presidente de la concesionaria atribuyó el problema a factores climáticos, específicamente a las lluvias.
Sin embargo, esta justificación pierde credibilidad cuando se observa que otras canchas de la capital colombiana, expuestas a las mismas condiciones meteorológicas, no han experimentado un desgaste similar. Esta comparación sugiere que la gestión deficiente por parte del concesionario juega un papel central en el problema actual.
Un monopolio natural que requiere regulación
Existe un elemento estructural que agrava significativamente este conflicto: El Campín funciona como un monopolio natural en Bogotá. Escenarios con su capacidad para aproximadamente 50.000 espectadores son extremadamente escasos en la ciudad, por lo que su explotación no puede dejarse exclusivamente a las reglas del mercado sin una supervisión y regulación estatal adecuada que proteja tanto el interés público como el deportivo.
Análisis financiero de la situación
Para resolver esta controversia, es fundamental evaluar cuál sería un precio justo por un estadio en condiciones óptimas y si las tarifas actuales cubren una operación responsable. La inversión prevista en la remodelación completa —estimada alrededor de $2,4 billones bajo el modelo de Asociación Público-Privada— incluye múltiples obras y no se limita únicamente al campo de juego.
Al utilizar comparables internacionales, un estadio de categoría internacional para 50.000 espectadores puede valorarse entre 150 y 270 millones de dólares. En términos locales, esto implicaría arriendos anuales compatibles con los retornos que ya recibe el concesionario solo por la explotación futbolística.
Si Sencia actualmente cobra por partidos profesionales aproximadamente 400 millones de pesos y obtiene ingresos recurrentes solo por fútbol cercanos a las cifras necesarias para justificar la inversión, queda evidenciado que el deseo de aumentar utilidades mediante espectáculos paralelos no puede prevalecer sobre la obligación básica de garantizar un césped apto para la práctica deportiva.
Equilibrio necesario entre intereses comerciales y deportivos
Es legítimo que el concesionario busque diversificar sus fuentes de ingresos, pero esta estrategia debe implementarse sin sacrificar la función principal del estadio: ofrecer un terreno de juego seguro y en condiciones profesionales para el desarrollo del fútbol. La búsqueda de ganancias adicionales no puede comprometer la calidad del escenario deportivo.
Llamado a la acción de las autoridades
En conclusión, si Sencia pretende "ganar unos pesos de más" mediante la realización de eventos musicales, debe hacerlo garantizando simultáneamente un escenario apropiado para el fútbol. Las autoridades distritales y los clubes afectados deben exigir que el contrato de concesión y la regulación correspondiente establezcan responsabilidades claras sobre el mantenimiento del césped y contemplen sanciones efectivas cuando las condiciones pongan en riesgo la práctica deportiva.
Sería oportuno que Claudia López, como gestora principal del contrato de concesión, se pronuncie sobre cómo preservar el patrimonio deportivo de Bogotá y lograr un equilibrio adecuado entre la lógica comercial y el interés público. La ciudad requiere una solución integral que garantice la sostenibilidad del principal escenario deportivo de la capital.