El arbitraje colombiano: un desafío estructural que amenaza la pasión futbolística
El arbitraje en el fútbol colombiano se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para aficionados, jugadores y directivos. La reciente polémica en el partido entre Junior y América de Cali, donde el árbitro Ferney Trujillo dejó más dudas que certezas, es solo la punta del iceberg de un problema que lleva años gestándose.
Un problema que trasciende partidos aislados
No se trata únicamente de lo ocurrido en Barranquilla con Trujillo, quien aunque acertó en los penaltis, generó controversia en múltiples decisiones. La realidad es que no hay semana en la Liga BetPlay sin que se hable de una polémica arbitral. Esto demuestra que el arbitraje sí influye significativamente en el desarrollo normal de los partidos, y esa influencia no siempre es positiva.
El análisis de José Borda sobre el encuentro entre Junior y América reveló las múltiples situaciones cuestionables que dejó la victoria del conjunto barranquillero. Pero este no es un problema exclusivo del actual torneo, sino que se arrastra desde hace tiempo.
La raíz del problema: falta de profesionalización
Excluyendo al experimentado árbitro Wilmar Roldán, no hay regularidad en el resto del cuerpo arbitral colombiano. Esto plantea una pregunta fundamental: ¿por qué ocurre esto si los sueldos han aumentado y el reconocimiento es mayor?
La respuesta está en un problema estructural profundo. En Colombia, ser árbitro no es considerado una profesión de dedicación exclusiva. Muchos árbitros deben mantener otros empleos, lo que les impide:
- Dedicarse al 100% a su preparación física
- Estudiar constantemente las reglas del juego
- Analizar partidos y situaciones complejas
- Participar en programas de formación continua
Si bien muchos culpan al Comité Disciplinario de la Dimayor, la realidad es que el problema va más allá de las sanciones puntuales.
Consecuencias nacionales e internacionales
Esta situación tiene repercusiones concretas y preocupantes:
- Ausencia en el Mundial 2026: Colombia no tendrá ningún representante arbitral en el próximo campeonato mundial, lo que demuestra que el nivel está bastante bajo y nos aleja del radar internacional.
- Pruebas físicas fallidas: En los exámenes físicos realizados por la Conmebol a inicio de año, muchos árbitros colombianos no alcanzaron los estándares requeridos.
- Riesgo de violencia: En un país donde el fútbol es completamente pasional, las decisiones arbitrales equivocadas pueden desencadenar incidentes violentos dentro y fuera de los estadios.
El camino a seguir: profesionalización y exigencia
El mensaje es claro y urgente: hay que trabajar en la profesionalización integral del arbitraje colombiano. Esto implica:
- Crear condiciones para que los árbitros puedan dedicarse exclusivamente a su labor
- Implementar programas de formación continua y especializada
- Establecer sanciones claras y consistentes cuando sea necesario
- Mejorar los procesos de selección y evaluación
Sin árbitros no hay juego, pero para que el fútbol colombiano sea más entretenido, justo e interesante, es fundamental que estos protagonistas mejoren constantemente. Cada error arbitral que se evita y cada decisión acertada que se toma contribuyen a elevar la calidad del espectáculo deportivo.
El panorama actual no es alentador, pero representa una oportunidad para tomar acciones concretas antes de que la situación se torne más turbia y tenga complicaciones mayores en el futuro. El fútbol colombiano merece un arbitraje a la altura de su pasión y tradición.