Japón encara el Mundial de 2026 con una ambición que trasciende la fase de grupos o los octavos de final. Detrás de los Samuráis Azules existe un proyecto nacional liderado por la Japan Football Association (JFA), que trazó una hoja de ruta con el objetivo de convertir al país en campeón del mundo en 2050. La cita en Estados Unidos, México y Canadá representa un nuevo paso en ese camino que comenzó a construirse hace décadas.
El plan de Japón para conquistar el fútbol mundial
La historia moderna del fútbol japonés cambió para siempre en 1998, cuando el país disputó su primera Copa del Mundo en Francia. Sin embargo, la transformación no se detuvo allí. Tras la profesionalización de la J.League en 1993, la federación amplió su visión y en 2005 presentó un documento de 55 páginas que explicaba cómo Japón pretendía convertirse en una potencia futbolística global.
Desde entonces, los resultados han acompañado esa estrategia. Japón ha participado en ocho Mundiales desde 1998 y ha consolidado una estructura que combina el desarrollo del fútbol de academias con la importancia de los torneos interuniversitarios, de donde surgieron futbolistas como Junya Ito y Kaoru Mitoma.
La apuesta también se ha enfocado en ampliar el acceso al deporte, aumentar la asistencia a los estadios y mejorar la formación de entrenadores en todos los niveles. Paralelamente, la exportación de talento se convirtió en una prioridad. Actualmente, más del 80% de los integrantes de la selección nacional juegan en Europa, una cifra que refleja la dimensión internacional alcanzada por el proyecto.
La filosofía deportiva está claramente definida bajo el concepto de "intensidad y calidad". La JFA busca futbolistas capaces de ejecutar acciones precisas bajo presión constante. El modelo prioriza la inteligencia táctica, la adaptabilidad, la técnica de alto nivel, la velocidad para tomar decisiones y una fuerte mentalidad de trabajo.
La generación dorada que llega al Mundial 2026
El equipo dirigido por Hajime Moriyasu llega respaldado por una generación que ha conseguido algunos de los resultados más destacados en la historia reciente del país. El técnico, el más longevo al frente de la selección japonesa, lideró victorias que reforzaron la reputación de Japón como un auténtico "matagigantes".
Los triunfos frente a España y Alemania en Qatar 2022 marcaron un punto de inflexión. Posteriormente llegaron otros resultados de peso, como el 4-1 sobre Alemania y la reciente victoria por 1-0 ante Inglaterra en Wembley. También aparecen en el recorrido reciente éxitos frente a Brasil, Ghana, Bolivia y Escocia.
Dentro del plantel destacan nombres como Takefusa Kubo, Wataru Endo, Daichi Kamada, Ayase Ueda, Ritsu Doan e Hiroki Ito, futbolistas que representan la consolidación de una generación formada bajo los principios del proyecto nacional.
La clasificación al Mundial confirmó el buen momento del equipo. Japón aseguró su presencia en la Copa del Mundo en marzo de 2025 tras derrotar 2-0 a Bahréin, convirtiéndose por cuarta vez en el primer seleccionado en obtener su boleto para el torneo.
El reto histórico que persigue Japón en Norteamérica
A pesar de sus avances, Japón todavía tiene una asignatura pendiente. Aunque ha superado la fase de grupos en cuatro de sus participaciones mundialistas y alcanzó los octavos de final en varias oportunidades, nunca ha logrado instalarse entre los ocho mejores equipos del torneo.
En el Mundial 2026 compartirá el Grupo F junto a Países Bajos, Túnez y Suecia, una zona que pondrá a prueba el crecimiento sostenido de los Samuráis Azules. El debut será ante Países Bajos, seguido por los compromisos contra Túnez y Suecia.
La presencia japonesa también tendrá un componente cultural especial, ya que el duelo frente a Túnez coincidirá con la celebración del partido número 1000 en la historia de los Mundiales y contará con una iniciativa vinculada a Yoichi Takahashi, creador de Captain Tsubasa, quien presentó una ilustración inédita para conmemorar la ocasión y reforzar los lazos entre Japón y México.
De esta forma, mientras el calendario avanza hacia el inicio de la Copa del Mundo, Japón llegará con una misión inmediata y otra de largo plazo. La primera consiste en superar por fin la barrera de los octavos de final y la segunda, mucho más ambiciosa, sigue apuntando al objetivo que la federación trazó décadas atrás: construir paso a paso una selección capaz de convertirse en campeona del mundo en 2050.



