El sueño vallenato de Ana del Castillo que conquista al mundo
Desde su infancia en Valledupar, Ana Cecilia del Castillo Jiménez llevaba la música en las venas. El vallenato no era solo un género musical, sino el latido constante de su existencia, donde bailaba y reinterpretaba los éxitos de sus ídolos con una pasión innata. "Siempre admiré a Diomedes Díaz, siempre lo vi en la Plaza Alfonso López, fue mi referente, aunque también hubo mujeres como Patricia Terán, por lo entrona que era, cómo se desenvolvía", recuerda la artista, quien en su adolescencia soñaba con cantar junto al Cacique de La Junta, pero reconoce que "estaba muy pelada" para ese entonces.
Una herencia artística en la sangre
Con el tiempo, Ana ha comprendido que esa poderosa inclinación por lo artístico se la debe a su padre, Manuel José del Castillo, médico de profesión pero también intérprete de ópera, zarzuela y boleros. Su madre, Rosa, una devota cristiana, se desempeñó como enfermera, creando un entorno familiar donde el servicio y el arte se entrelazaban naturalmente. Esta dualidad entre lo científico y lo artístico marcaría profundamente el camino de la joven cantante.
El salto internacional con Virgin Music Group
Hoy, Ana del Castillo forma parte de la selecta lista de cantantes locales firmados por Virgin Music Group, una de las compañías más importantes de la industria musical mundial. Este acuerdo no solo marca una etapa de internacionalización definitiva para la artista, sino que representa un hito histórico para el vallenato interpretado por mujeres. "El camino recorrido ha estado lleno de muchas satisfacciones, pero también de desafíos superados y de experiencias interiorizadas", confiesa la nacida en Valledupar, quien a sus 27 años (cumplirá el próximo 9 de abril) mira con orgullo su trayectoria.
Los primeros pasos: Factor XS y la determinación infantil
En 2011, cuando apenas tenía 12 años, el sueño de Ana era cantar en el reality de moda. "Yo veía el Factor X en televisión, eso era lo último y uno quería estar en esos concursos", recuerda con nostalgia. Su determinación era tal que no tuvo problema en hacer fila por horas en la Plaza Alfonso López de Valledupar. "Eran muchos sueños, muchos niños y nada más escogían en dos o tres días a ocho. Se iban de Valledupar con ocho". Ana, quien había formado parte de los Niños del Vallenato del famoso 'Turco' Gil, logró estar entre las seleccionadas.
La experiencia en Factor XS fue como de película para la pequeña artista: "Cuando conocí a esta gente, a Andrea Serna", que era la conductora del concurso en ese entonces. Aunque no llegó a la final, su meta permaneció intacta y, al contrario, al salir del reality se sintió más impulsada que nunca. "Eso quedó chuleado. De ahí fue un sueño que quise cumplir y que Dios me regaló la oportunidad, pero más nunca quise meterme en un reality".
Psicología y música: un equilibrio necesario
Años más tarde, cuando reveló que no tenía intenciones de dedicarse a una carrera 'formal' sino a la música, "hubo un pequeño conflicto ahí sabroso, pero nada que no se pueda arreglar", confiesa la intérprete. Tras el impacto inicial de sus planes, decidió acatar el consejo familiar: estudiar una carrera universitaria sin abandonar la música. "Yo estudié Psicología Clínica, no terminé mi especialización, estudié nada más Psicología, soy graduada en Psicología, pero yo siempre quise cantar".
Su profesión se convirtió en una herramienta ideal, pues reconoce que se ha hecho terapia. "La verdad es que también te ayuda a encontrarte contigo misma", explica, especialmente al vivir en carne propia la complejidad de la vida artística. "No creas que la vida del artista es difícil. Uno se acerca a muchas personas a darles amor, cariño, pero también hay muchos detractores y uno siente, uno es un ser humano, no somos de acero, no somos de hierro y a veces los comentarios también le pegan a uno".
Por eso mismo, Ana tiene su terapeuta de cabecera: "Tengo mis ayudas psicológicas, tengo a Mayra Ropero Antelli, mi psicóloga, que me ha ayudado a superar muchas cosas, porque uno no puede solo, a veces tiene que buscar también su ayuda profesional y no quiere decir que uno esté loco, sino que, con tanta presión, es necesario".
Transformación personal y reconocimiento artístico
Conocida por su temperamento fuerte y sus declaraciones directas, Ana sabe que no siempre lo que dice es bien recibido. "A veces por decir las cosas, la verdad, a veces bien directa, paso de imprudente, pero el proceso de la música como tal me ha hecho cambiar". Con humildad reconoce que el paso de los años, las pruebas y ese encontrarse consigo misma han obrado en ella. "Ana va al gimnasio, Ana deja de tomar, ya no hace tantos en vivo, no tiene palabras tan obscenas, sí he tenido varios cambios en mi vida. Me han servido todas las equivocaciones que he tenido, me han servido las experiencias vividas".
Cuando habla del reconocimiento que la lleva a ser catalogada por sus seguidores como la mujer más importante actualmente en el vallenato, lo toma con mesura y humor: "Dios mío, yo no sé si sea la primera, pero la segunda no soy. Ahí yo me callo amiga, eso es del público".
Rompiendo barreras en un mundo masculino
Entrar en un mundo donde la mayoría son artistas hombres también tuvo su complejidad. Ahí jugó un papel crucial su temperamento y hasta su fe: "Definitivamente Dios no me deja y que yo no me dejo de nadie tampoco. El apoyo ha sido del público. Yo le digo al Señor hablar contigo Señor, gracias por este día, ayúdame resolver todos los problemas".
La historia de Ana del Castillo es más que la de una cantante: es el relato de una mujer que ha sabido navegar entre tradiciones familiares, presiones sociales y un mercado musical competitivo, manteniendo siempre viva la llama del vallenato que lleva en el alma desde niña. Con Virgin Music Group como nuevo aliado, su voz está lista para resonar más allá de las fronteras colombianas, llevando el ritmo de acordeón y caja a nuevos escenarios globales.
