Las intensas lluvias que han caído sobre Bogotá en las últimas semanas han despertado en muchos el anhelo por un caldo o sopa reconfortante, de esos que abrigan a cucharadas. No es difícil imaginar la escena: acurrucado en la cama bajo las cobijas, o en la silla favorita, saboreando una mazamorra chiquita, un cuchuco de trigo, una mazamorra de maíz o un mondongo, en la porción justa para llenar el cuerpo de calor y el paladar con la exquisitez de sabores tradicionales que representan el calor de lo nuestro.
La tradición de la sopa boyacense
Nydia Caro, cocinera tradicional boyacense, es una de las guardianas de esta herencia culinaria. A través de talleres, enseña a diferentes generaciones la importancia de sopas como el “chicle boyacense”, un plato que no solo alimenta el cuerpo, sino que también preserva las tradiciones y raíces de la región. Para ella, cada cucharada es un viaje a la memoria, un vínculo con los ancestros y una forma de mantener viva la cultura.
El chicle boyacense: más que una sopa
El chicle boyacense es una sopa espesa, preparada a base de habas, que se ha convertido en un emblema de la gastronomía del departamento. Su nombre, curioso para muchos, hace referencia a la textura pegajosa que adquiere durante la cocción. Nydia Caro explica que, aunque parezca simple, su preparación requiere paciencia y conocimiento transmitido de generación en generación. Los ingredientes básicos incluyen habas, papa, cebolla, ajo, cilantro y, por supuesto, el toque secreto de cada familia.
Talleres que unen generaciones
Los talleres de Nydia no solo enseñan recetas; son espacios de encuentro donde abuelos, padres y niños comparten historias mientras cocinan. “La sopa es un pretexto para hablar de la vida, de la tierra, de lo que somos”, afirma la cocinera. En cada sesión, los participantes aprenden a seleccionar las habas, a pelarlas y a cocinarlas a fuego lento, mientras escuchan anécdotas sobre cómo este plato ha acompañado a las familias boyacenses en épocas de frío y de celebración.
Preservar las raíces a través del sabor
Para Nydia, la cocina tradicional es un patrimonio que debe protegerse. Por eso, su labor va más allá de la enseñanza culinaria: busca que las nuevas generaciones valoren la riqueza de los ingredientes locales y las técnicas ancestrales. “Cuando un niño prueba el chicle boyacense y le gusta, estamos sembrando una semilla que crecerá con él”, dice con orgullo. Así, la sopa se convierte en un vehículo de identidad cultural, un legado que se saborea y se comparte.
El valor de lo nuestro
En un mundo globalizado, donde las comidas rápidas y los sabores industrializados ganan terreno, iniciativas como las de Nydia Caro recuerdan la importancia de volver a lo básico, a lo auténtico. La sopa de chicle boyacense no es solo un plato; es un símbolo de resistencia cultural, de amor por la tierra y de respeto por las tradiciones. Como bien dice Nydia: “Cada cucharada es un abrazo de la abuela, un recuerdo de la infancia, una promesa de que nuestras raíces no se perderán”.



