Una profesora invitó a la autora a visitar su clase para que los alumnos le hicieran preguntas sobre su vida y trabajo. Aunque al principio sintió temor al escrutinio adolescente, aceptó el reto. Para conectar con ellos, habló del molondrón, una fruta de origen africano que llegó al Caribe durante la trata de esclavos. Explicó cómo esta fruta, conocida con diferentes nombres (quimbombó, okra, quiabo), forma parte de su memoria sensorial y representa la mezcla de lenguas, sabores y tradiciones que constituyen su cultura. La autora reflexiona sobre la importancia de los referentes y cómo compartir estas historias puede inspirar a las nuevas generaciones.


