El encuentro tardío entre el dictador y el cineasta revolucionario
Más de diez meses transcurrieron desde que Sergéi Eisenstein envió una carta solicitando una audiencia con Joseph Stalin hasta que finalmente lograron reunirse. La segunda parte de su ambiciosa película "Iván el Terrible" se encontraba completamente paralizada por la férrea censura soviética, que examinaba cada palabra, cada letra y cada imagen de todas las producciones cinematográficas del país.
La espera en el Kremlin
El encuentro histórico tuvo lugar a las once de la mañana del 26 de febrero de 1947 en el mismísimo Kremlin. Eisenstein, acompañado por el actor principal Nikolái Cherkasov, se encontró frente a Stalin, quien estaba flanqueado por Viacheslav Molotov y Andrei Zhdanov. "Usted escribió una carta. La respuesta se hizo esperar. Nos reunimos tarde", fueron las primeras palabras del dictador, reconociendo explícitamente el retraso en la respuesta.
Stalin explicó que había considerado responder por escrito, pero finalmente decidió que era mejor conversar personalmente, a pesar de su agenda extremadamente ocupada. Molotov añadió que él se encontraba en Sochi cuando recibieron la carta original de Eisenstein, lo que contribuyó al prolongado silencio.
Las críticas históricas de Stalin
El núcleo de la discusión giró en torno a la representación del zar Iván IV en la película. Stalin expresó sus objeciones más decididas sobre la crueldad mostrada en el filme: "Iván el Terrible era muy cruel. Es posible mostrar su crueldad, pero es necesario explicar por qué era necesaria esa crueldad".
El líder soviético continuó con una lección histórica: "Uno de los errores de Iván el Terrible fue no haber eliminado por completo a cinco grandes familias feudales. Si las hubiera destruido, no habría habido el Período Tumultuoso". Stalin criticó específicamente la representación de un zar que ejecutaba a alguien y luego se arrepentía, rezando durante largos períodos, sugiriendo que "debería haber sido aún más decisivo".
El realismo socialista como doctrina
Cuando Eisenstein preguntó si Stalin tenía instrucciones específicas, el dictador respondió cuidadosamente: "No le doy instrucciones, sino que expreso las observaciones de un espectador". Sin embargo, procedió a exponer los principios del realismo socialista, enfatizando que "es necesario representar a los personajes históricos de manera fiel".
Stalin citó como ejemplo positivo la película anterior de Eisenstein, "Alejandro Nevsky", elogiándola como "magnífica". Explicó su visión del cine histórico: "El director puede apartarse de la historia; no debe limitarse a copiar detalles históricos, debe trabajar con su imaginación, pero debe mantenerse dentro del estilo. Puede componer, pero dentro de los límites de la época histórica".
La orden de destrucción y la copia sobreviviente
Tras la extensa conversación, Stalin dio la orden definitiva: destruir la película. Sin embargo, contra todos los pronósticos, una copia sobrevivió gracias al director del Departamento de Control Técnico de los estudios Mosfilm, quien la guardó secretamente. Esta copia fue descubierta en 1955, después de la muerte del archivista y siete años después del fallecimiento de Eisenstein.
Los últimos días del cineasta
Eisenstein murió la noche del 11 de febrero de 1948, mientras trabajaba en un ensayo innovador sobre los efectos del color en el cine. Sus biógrafos documentaron que en ese momento estaba explorando cómo "el color, como la música, eran necesarios solo cuando eran necesarios".
En la última página de su escrito inacabado, una frase truncada seguida de una flecha y una aclaración reveladora: "Acá tuve un espasmo cardíaco". Continuó escribiendo hasta que un segundo espasmo, esta vez fulminante, lo paralizó completamente.
Las memorias inmorales y la colaboración con Prokofiev
Dos años antes de su muerte, después de sufrir otro ataque cardíaco, el compositor Sergei Prokofiev convenció a Eisenstein de escribir sus memorias. El cineasta comenzó a trabajar en ellas mientras aún se recuperaba, titulándolas provocativamente "Yo, memorias inmorales".
En estas páginas, Eisenstein reflexionó sobre su método cinematográfico, que describió como "forjado en discusiones nocturnas y debates interminables". Destacó especialmente su colaboración con Prokofiev en "Alejandro Nevsky", donde lograron "la identidad entre la imagen y el sonido" que tanto habían buscado.
Eisenstein escribió con gratitud sobre Prokofiev: "Haberle encontrado en nuestro camino ha sido para Eduard Tisse y para mí una alegría artística tan profunda como el encuentro de nosotros dos hace quince años. En la persona de Prokofiev hemos encontrado el 'tercer compinche' que nos ha permitido realizar nuestro sueño: la conquista del cine sonoro".
El legado polémico de Alejandro Nevsky
La película "Alejandro Nevsky", completada y exhibida en 1938, presentaba la historia de un príncipe y sacerdote ortodoxo medieval canonizado por la Iglesia. En el contexto soviético, su imagen y simbolismo fueron profundamente polémicos debido a las connotaciones religiosas del personaje.
Precisamente por esta razón, o quizás a pesar de ella, Eisenstein decidió elegir esta figura histórica para su película, recibiendo la aprobación personal de Stalin para el proyecto. Esta decisión reflejaba las complejas negociaciones entre el arte y el poder en la Unión Soviética de la época.