Las estampillas siguen circulando en Colombia, aunque para muchos hayan desaparecido junto con las cartas. Desde Bucaramanga, Nelson González Prada creó Señor Estampilla, un proyecto que busca preservar la tradición filatélica y acercarla a nuevas generaciones.
Un proyecto con sabor a tradición
Si yo fuera el gobierno nacional, decretaría que se cree una colección de estampillas con las recetas favoritas de mi infancia: sopa de lentejas, cachapas, pichaque, pastas con bombones de pollo y torta de auyama. Cuando Nelson González Prada me contó que había una estampilla donde inmortalizaron el himno de Colombia, pensé que allí podrían caber esas recetas que me recuerdan a mi casa. Para diseñarlas habría que consultar a mi abuela, mi mamá y mi madrina. Y si se pudiera hacer con realidad aumentada, como ya lo ha hecho Colombia con cuatro estampillas, sería un espectáculo.
No es nada descabellado. Colombia y el mundo han hecho estampillas de casi todo. En algún momento, las cartas llegaban con pequeños rectángulos de papel que hablaban de países, personajes, animales, fechas y memorias. Los países todavía las crean, unos más que otros, pero para muchos han desaparecido.
En una mesa llena de sobres, carpetas y fragmentos de historia, Nelson González Prada las organiza con cuidado. Cada una tiene un valor económico y simbólico, y eso es justamente lo que él quiere evitar que se pierda.
El nacimiento de Señor Estampilla
Nelson González, diseñador gráfico, docente universitario, conferencista, apasionado por la tecnología, la inteligencia artificial y las estampillas, es el bumangués detrás de este proyecto. “Las estampillas son un producto oficial de todos los países del mundo”, explica. “Todavía hoy puedes mandar una carta y te va a llegar con estampillas”. Aunque en Colombia esa práctica parece lejana, el sistema sigue vivo. En las oficinas de correo oficial, aún se pueden comprar, usar y enviar. La principal amenaza de las estampillas es el olvido. “El correo electrónico mató las cartas. El problema no fue la estampilla, fue que dejamos de escribir”, dice Nelson.
Por allá en la época de los 80, mi hermano mayor y un vecino empezaron a coleccionar estampillas. Ellos me regalaron mi primera estampilla, todavía la conservo, es de una catedral francesa. Así empezó este hobby de coleccionar estampillas.
Un referente internacional
Señor Estampilla es un personaje animado que explica, enseña y narra el mundo de la filatelia para que todos puedan entenderlo. Tiene redes sociales y un blog que funciona como catálogo. “El objetivo es no dejar que se pierda la tradición. Volver a contar qué eran las estampillas y por qué importan”. El proyecto incluye videos, contenidos educativos y una base digital que permite explorar emisiones colombianas por temas. “Queremos ir a los colegios, regalar estampillas y hacer que los niños escriban cartas. Que las manden y reciban”, cuenta.
Señor Estampilla persigue la curiosidad y el interés por proteger el patrimonio, además del deseo de convertirse en una estampilla oficial de Colombia. Logró convertirse en el único portal de literatura filatélica en español que participará en la Exposición Filatélica Mundial de Boston 2026 durante la última semana de mayo. “Ese es un reconocimiento importante, nos anima mucho a seguir con el proyecto. Estamos esperando los resultados”, cuenta Nelson.
Un recuerdo que se quedó a vivir con su remitente
La historia de Nelson con las estampillas empezó en los años ochenta: su hermano mayor y un vecino comenzaron a coleccionarlas. De ellos recibió la primera. “Todavía la conservo. Es una estampilla de una carrera francesa”. Aunque defiende la idea de que volvamos a enviar cartas y ponerles estampillas, esta es una de las joyas de su colección. Durante años, la colección quedó en pausa. Como muchas aficiones, se guardó en cajas. Pasaron cerca de dos décadas antes de volver a abrirla. Y la llave fueron sus hijas. “Ellas no tenían ni idea de qué era una estampilla. Ahí nace el proyecto”, cuenta. Ese momento transformó una colección personal en una idea más amplia: volver a contar lo que significan esas piezas y por qué siguen siendo importantes.
Un archivo del mundo en miniatura
Para Nelson, las estampillas son una forma de leer el mundo. “A través de las estampillas podemos aprender un montón de cosas: geografía, cultura, deporte. Para todo hay una estampilla”, afirma. En su colección hay desde emisiones del siglo XIX hasta piezas recientes. De hecho, Nelson tiene la primera colección de estampillas de Colombia: datan de 1858. Son cinco y hoy podrían costar cerca de $10.000.000. Hay una estampilla que podría fácilmente ocupar el podio de Nelson. Tiene un fragmento de la tela original del aparejo de la vela cangreja del ARC Gloria, usada y maniobrada por los tripulantes de los últimos siete cruceros de entrenamiento alrededor del mundo, con más de 140 mil millas náuticas navegadas. En la esquina superior derecha se lee $100.000, pero el 24 de julio de 2018 circularon solo 1.500 de las 1.800 que se elaboraron. Ahora su valor lo ponen quien la tiene y quien la desea.
“Hoy se imprimen muy pocas. Una estampilla de Navidad reciente tuvo seis mil ejemplares en todo el país. Antes se hacían millones”, explica. Ese cambio ha alterado el valor del coleccionismo. De hecho, Nelson solo conoce a unos tres aficionados a la filatelia en Bucaramanga. Lo que antes abundaba hoy es una reliquia.
A pesar de que las estampillas siguen existiendo, Nelson señala una falta de interés institucional que afecta su relevancia. “Estamos en mayo y no se ha emitido una sola estampilla en el año. No hay estampilla de los 500 años de Santa Marta. No hemos lanzado una estampilla del mundial”, dice. En otros lugares, la estrategia ha sido distinta. Las emisiones incluyen temas actuales, personajes populares o referencias culturales que conectan con nuevas generaciones. En Colombia, ese puente aún parece débil. “Lastimosamente no hacemos estampillas que atraigan a los jóvenes”, agrega.



