La paradoja de las santas: misticismo, estigmas y el fuego de la herejía en la Iglesia
Santas: misticismo, estigmas y herejía en la Iglesia

La compleja relación de la Iglesia con las santas místicas

Según el historiador Guy Bechtel, autor de Las cuatro mujeres de Dios: la puta, la bruja, la santa y la tonta, la santa siempre fue la favorita de la Iglesia, pero bajo condiciones muy específicas. Estas mujeres eran típicamente piadosas, ricas e ilustradas, aunque la piedad era común, solo las cultivadas destacaban, y los conventos, lugares costosos, eran los únicos espacios con libros y cierta libertad para el cultivo intelectual.

Estigmas y comunicación divina: el sello de santidad

Las santas a menudo presentaban estigmas, heridas físicas similares a las de Jesús, y afirmaban comunicarse directamente con Dios. Como señala Bechtel, aunque Dios es una potencia improbable, no podemos descartar su existencia y que se comunique con elegidas, induciendo estados de éxtasis y trances piadosos que se asemejan al placer erótico. Un ejemplo icónico es la visión de santa Teresa de Ávila, donde describe a un ángel clavándole un dardo de oro en el corazón, dejándola abrasada en el amor divino.

La poesía mística medieval, predominantemente femenina, utiliza claves simbólicas: Amor representa a Dios, y elementos como la boca o los abrazos simbolizan la fusión con la divinidad. La voz lírica está siempre herida de Amor, una herida dolorosa y dulce simultáneamente.

Tensión y persecución: el fuego de la herejía

La Iglesia toleraba a regañadientes a estas poetas místicas, ya que sus versos contenían demasiado fuego, hablaban directamente con Dios y a veces contradecían la doctrina oficial. Muchas santas fueron acusadas de herejía y concupiscencia, terminando en la hoguera. «El fuego apaga el fuego», repetían los verdugos eclesiales al avivar las llamas, utilizando términos como lujuria en el púlpito y concupiscencia en debates más formales.

Los estigmas, que comenzaron con Francisco de Asís, eran considerados un sello de santidad, apareciendo en pies, manos y costados. Roma clasificaba a sus mujeres religiosas en una jerarquía: santas canonizadas, beatas, religiosas nobles con ascensos terrenales, y descalificadas por insumisión o herejía.

Prácticas extremas y obras magníficas

Además de los estigmas, las santas practicaban otras formas de martirio, como ayunos, castidad y rituales escatológicos. Por ejemplo, Madame Guyón lamía esputos de la calle, y santa Catalina de Siena afirmaba haber bebido la sangre de Cristo y la pus de leprosos. A pesar de estas extravagancias, realizaban obras magníficas o eran ellas mismas grandes obras, como ilustran cuatro casos notables.

  • María Magdalena: Pertenece al cristianismo primitivo, menos extravagante. En la versión de Marguerite Yourcenar, odia a Jesús por robarle el amor de Juan el Bautista y por no salvarla de la felicidad.
  • Hildegarda de Bingen (1098-1179): Visionaria desde los tres años, encerrada en un convento a los ocho. Fue abadesa, compositora, escritora y la primera en describir el orgasmo femenino. Inventó la fórmula moderna de la cerveza. Sus críticas al clero llevaron a que sus obras fueran prohibidas, y fue canonizada recién en 2012.
  • Juana de Arco: Niña que oyó voces ordenándole salvar a Francia. Vistiéndose de hombre, lideró al ejército francés en la Guerra de los Cien Años. Acusada de brujería y del «pecado mudo» (lesbianismo), fue quemada a los 19 años.
  • Virgen María: Traída a Europa por los cruzados en el siglo XII, inspiró una «revolución del amor», idealizando a la mujer y dando origen al amor cortés y una literatura galante.

Conclusión: la paradoja de la santa

Como resume Cioran, las místicas desviaron una pasión terrena al cielo, creando un vértigo de pureza en la tempestad de la carne. Para Bechtel, la santa es una suma paradójica: venerada por la Iglesia pero también celada por hablar directamente con Dios. Es la mujer que triunfa al renunciar a su feminidad, encontrando placer en el dolor y la abnegación. Este legado continúa influyendo en la comprensión de la espiritualidad y el género en la historia occidental.