Ruby Rumié: La artista cartagenera que transforma el barro en memoria y cuestiona el racismo
Ruby Rumié: arte, barro y memoria en Cartagena

Ruby Rumié: La voz artística que nace desde las raíces de Cartagena

Cuando se piensa en creadores que representan el espíritu de una ciudad, la memoria se expande hacia aquellos artistas que han llevado el nombre de Cartagena más allá de sus murallas históricas. En el panorama del arte contemporáneo colombiano, Ruby Rumié ocupa un espacio singular: el de una mujer que decidió mirar hacia adentro para construir una obra honesta, atravesada por la emoción, el cuerpo y la experiencia humana en toda su complejidad.

Un taller que es hogar: Getsemaní como refugio creativo

En su casa ubicada en el emblemático barrio Getsemaní —un espacio que funciona simultáneamente como vivienda y taller— Ruby Rumié ha creado un universo personal donde conviven libros cuidadosamente organizados, obras en proceso y rastros de exposiciones pasadas. Entre paredes grises y luces tenues que adornan la estancia, la artista se mueve con una naturalidad que refleja años de dedicación a su práctica creativa.

Habla con calma, con una serenidad que contrasta notablemente con la profundidad de sus ideas y reflexiones. "Somos muchas, no somos una. Soy una persona en proceso", aclara cuando se le pregunta por su identidad. Para Rumié, el arte no es una meta alcanzada sino un camino en permanente transformación, donde crear implica desmontarse, cuestionarse y volver una y otra vez a lo esencial.

"Yo soy una persona en constante movimiento, con capacidad de asombro y curiosidad", afirma la artista, destacando que estas cualidades —no siempre valoradas en el mundo artístico— son precisamente las que sostienen su práctica creativa a lo largo de más de tres décadas.

El arte como territorio de preguntas incómodas

En la obra de Ruby Rumié, el arte nunca funciona como respuesta cerrada ni como discurso dogmático. Por el contrario, se presenta como una invitación constante a habitar la duda y el cuestionamiento profundo. "La única manera en la que tiene sentido es trabajándome, cuestionando la médula, abriendo el esternón y haciéndome preguntas incómodas", explica con convicción.

Este ejercicio personal de introspección se traduce en proyectos donde el cuerpo emerge como protagonista absoluto, no como mera forma estética sino como territorio de memoria colectiva e individual. En su proyecto más reciente, el barro aparece como símbolo central con una carga simbólica transformadora.

"Se nos dijo que el barro ensucia, pero aquí el barro limpia", revela Rumié sobre su enfoque innovador. Para la artista cartagenera, cubrir el cuerpo de barro no representa ocultarlo ni embellecerlo, sino revelar aquello que normalmente permanece invisible en la superficie. "El cuerpo deja de ser posición y vuelve a ser materia", afirma, destacando cómo esta transformación permite acceder a capas más profundas de la experiencia humana.

Mostrar lo invisible sin renunciar a la belleza

Ruby Rumié es plenamente consciente de que su obra genera incomodidad en quienes la observan. Sin embargo, no rehúye este efecto; por el contrario, lo asume como parte fundamental de su responsabilidad artística y social. "A veces muestro cosas que la gente no quiere ver, que cree que barriendo debajo de la alfombra van a desaparecer", reconoce con honestidad.

Existe sin embargo un límite claro que la artista no está dispuesta a cruzar: el descuido estético. "Puedo mostrar algo incómodo, pero siempre dentro de una estética. Para mí eso es clave", enfatiza. En sus proyectos, la belleza no suaviza el conflicto sino que lo vuelve visible, mirable y habitable, creando un espacio donde temas difíciles pueden ser abordados con profundidad.

Desde esta perspectiva estética y ética, la cartagenera aborda problemáticas sociales como el clasismo y el racismo, realidades que según su visión siguen profundamente arraigadas en la sociedad contemporánea. "En eso sí estoy convencida: todavía tenemos mucho problema de clasismo y racismo", afirma sin ambages, señalando cómo su obra busca confrontar estas realidades persistentes.

Cartagena: raíz vital y fuente de resonancia creativa

Aunque su obra ha circulado por escenarios internacionales y le ha permitido expandir sus horizontes artísticos, Cartagena sigue siendo una presencia constante en la vida y creación de Ruby Rumié. No como postal turística sino como experiencia vital que alimenta su proceso creativo. Crear desde esta ciudad caribeña ha representado para la artista un acto simultáneo de afirmación y resistencia cultural.

Al escucharla hablar con seguridad sobre su práctica artística, podría pensarse que esta voz nació con ella. Sin embargo, la propia Rumié reconoce que no fue así. "Fue muy difícil encontrar la voz que hoy tengo", confiesa, revelando un camino creativo lleno de altos y bajos, de búsquedas y descubrimientos.

Esa voz distintiva se construyó con el tiempo, a partir de la escucha atenta, de experiencias compartidas y de la necesidad imperiosa de contar historias que no siempre quieren ser escuchadas, pero que no pueden pasar desapercibidas. Hoy, en su casa-taller de Getsemaní, entre libros y recuerdos de sus obras, Ruby Rumié —artista, esposa, mamá y abuela— habla desde la serenidad de quien comprende el arte como un acto profundamente humano y sensible.

Su voz no busca imponerse sino abrir espacios de diálogo y reflexión. Y en esa búsqueda constante, su obra sigue encendiéndose desde lo más profundo de su experiencia cartagenera, proyectando no solo a la ciudad que la vio nacer sino también a ella misma como creadora en permanente evolución.