Rafael Palacios: del taparrabos colonial a la danza afrocontemporánea en el FIAV
Rafael Palacios: de taparrabos a danza afrocontemporánea

Rafael Palacios: la danza como resistencia y autorrepresentación negra

A sus 56 años, Rafael Palacios sigue siendo ese niño tímido de Copacabana, Antioquia, que encontró en el baile su conexión con el mundo. Hoy, como una de las figuras destacadas del Festival Internacional de Artes Vivas (FIAV) en Bogotá, el director de la compañía Sankofa reflexiona sobre un camino marcado por la superación de estereotipos raciales y la búsqueda de una danza que honre sus raíces afrocolombianas.

Del mapalé infantil al desencanto con los estereotipos

Palacios descubrió la danza a los seis años gracias a su padre, el profesor chocoano Tito Ángel. "Descubrí en la danza un lugar protector, de juego, de tranquilidad", recuerda. Sin embargo, su primera experiencia profesional en el Ballet Nacional de Colombia de Sonia Osorio lo confrontó con representaciones que consideraba caricaturescas de la negritud.

"Salíamos con taparrabos, disfrazados, a representar que hacíamos el amor. No me siento un hombre erótico de esa manera gratuita", afirma con convicción. Esta experiencia lo llevó a cuestionar las estilizaciones coloniales que, según él, pretendían hacer las danzas tradicionales "más aceptables" adaptándolas a cánones del ballet clásico.

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El viaje transformador: de Francia a África

Su búsqueda lo llevó hasta Germaine Acogny, considerada la madre de la danza contemporánea africana, a quien conoció durante el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá en 1990. Este encuentro marcó un punto de inflexión: "Para aprender, tenía que irme", le dijo Acogny.

Palacios ahorró durante un año y partió a Francia, donde estudió en la Academia de Danza de París durante cinco años, formándose en ballet clásico, jazz, danza contemporánea y africana. Posteriormente, recorrió 18 países africanos en cinco años junto a Irene Tassembédo, alumna de Acogny.

"Ir al África fue asegurarme de quién soy", confiesa. "Fue el abrazo de una madre, de una tierra que me dijo 'te reconozco'. En Burkina Faso veía en las calles a mi primo, a mi tío, a mi abuelo".

Sankofa: volver a las raíces para avanzar

De estas experiencias nació Sankofa, compañía cuyo nombre proviene de la palabra Akan de Ghana que significa "volver a la raíz". "El manifiesto del grupo es regresar al pasado para comprender el presente y avanzar con pasos firmes", explica Palacios.

La compañía, con sede en Medellín, cuenta actualmente con seis obras en repertorio y desarrolla proyectos educativos en barrios como Calasanz. Recientemente abrieron una escuela con treinta alumnos y preparan una residencia artística en Arboletes, Urabá antioqueño, en colaboración con la Universidad El Bosque de Bogotá.

Geografías líquidas: danza como denuncia y esperanza

En el FIAV, Palacios presenta Geografías líquidas, obra que aborda la contaminación del río Atrato por mercurio y la agonía de las comunidades ribereñas. "No buscamos transmitir desesperanza; más bien, es una advertencia desde una perspectiva afrofuturista", aclara.

La obra rinde homenaje a Lucy, el fósil de homínido más antiguo descubierto en Etiopía, y a todas las mujeres negras, recordando que la humanidad nació en África. "El objetivo es imaginar y crear un mundo mejor para todos. No somos dueños de la naturaleza, somos parte de ella".

El racismo encarnado en la danza colombiana

Palacios aborda sin tapujos las dinámicas raciales en el ámbito artístico colombiano. "En Colombia nos hemos presentado en los más importantes teatros y en algunos nos han preguntado si nuestros bailarines son profesionales, cuando llevamos 29 años trabajando", revela.

Critica la apropiación cultural en espacios académicos: "En muchas universidades donde hay danza, hay mucha gente blanca dando clases de currulao, mapalé, gente que ni siquiera ha vivido en los territorios". Y rechaza la idea de que "ser negro está de moda", considerándola una trivialización de historias dolorosas.

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Autorrepresentación versus representación

Un principio fundamental en el trabajo de Sankofa es la autorrepresentación. "No pensamos que estamos representando a las comunidades negras colombianas, sino que estamos autorrepresentando en el escenario nuestras vivencias como artistas negros", diferencia Palacios.

Este enfoque responde a lo que considera un problema histórico: "Hemos sido objetos de estudio y no sujetos de conocimiento. Para entender mis raíces y unas técnicas africanas y contemporáneas, lo que estoy buscando es entenderme como ser humano".

El cuerpo como archivo y territorio de batalla

Para Palacios, el cuerpo es "conocimiento, justicia, historia, reparación, emancipación". Lo define como "un archivo en el que podemos leer toda la historia de los seres humanos" y como "el lugar de batallas, el menos respetado por la humanidad".

La danza, en este contexto, se convierte en "el lugar capaz de tejer unidad para crear entornos protectores, que llega como sanación, lugar de sueño e ilusión". Y el tambor, específicamente el de la gente negra, representa una conexión espiritual profunda: "El corazón empieza a latir muy fuerte y la sangre circula de otras maneras".

Legado y futuro

Licenciado en Educación Básica en Danza de la Universidad de Antioquia, con especializaciones en Epistemologías del Sur y Estudios Afrolatinoamericanos de Harvard, y ganador del Premio Nacional de Danza (2008) y del Nacional de las Artes (2017), Palacios mantiene un compromiso educativo firme.

"A los jóvenes de Sankofa les digo que son los ancestros del futuro", afirma. "Por eso tienen que cuidar cómo bailan, cómo se expresan, trabajan el cuerpo y se conectan con ellos mismos. Para que no le pongamos taparrabos a una danza que era espiritual y no la vendamos como un espectáculo erótico y exótico".

Mientras prepara giras por Hong Kong, Noruega y Ecuador, y desarrolla colaboraciones con la escritora Velia Vidal y la artista plástica Astrid González, Rafael Palacios sigue bailando "más que para ser visto, para ser escuchado", reafirmando que en cada movimiento hay una historia que merece ser contada con dignidad y verdad.