Nueva York despide a Willie Colón entre lágrimas y ritmo de salsa en emotiva ceremonia
Nueva York despide a Willie Colón con salsa y lágrimas

El último adiós al ícono de la salsa en Nueva York

Bajo los acordes vibrantes de 'La Murga' y rodeado por una multitud de banderas latinoamericanas, miles de seguidores se congregaron este 9 de marzo en la icónica Catedral de San Patricio de Nueva York para dar el último adiós a Willie Colón, el legendario músico conocido como 'El Malo' del Bronx, quien falleció el pasado 21 de febrero a la edad de 75 años.

Una despedida llena de música y emoción

Entre trombones, aplausos contagiosos y el ritmo inconfundible de la salsa, manteniendo siempre ese idilio especial que caracterizó su relación con el público, Willie Colón fue despedido por un verdadero hormiguero de seguidores que inundaron la Quinta Avenida de Nueva York durante el paso de su carroza fúnebre.

En medio de una palpable nostalgia y el sonido que marcó generaciones, los restos de William Anthony Colón Román (1950-2026), el célebre músico, compositor y productor puertorriqueño, llegaron al templo católico donde recibió un último tributo que reflejó perfectamente la esencia de su extraordinaria carrera: una poderosa mezcla de fe, orgullo latino y ese sonido inconfundible del trombón que lo hizo famoso en todo el mundo.

La multitud corea sus éxitos inolvidables

Una banda de trombones interpretó magistralmente el éxito de 1970 que Colón grabó junto a Héctor Lavoe, y así, bajo los acordes emocionantes de 'La Murga de Panamá', se abrieron las grandes puertas del templo de par en par para dar paso al ataúd de madera que contenía sus restos mortales.

Mientras tanto, en las afueras de la catedral, una multitud vibrante aplaudía, bailaba y coreaba con fervor sus temas más emblemáticos: 'Che Che Colé', 'Idilio' y 'Cosa Nuestra', como si el simple acto de cantar pudiera aliviar el profundo dolor causado por la partida de uno de los grandes varones de la salsa mundial.

Un homenaje sin fronteras ni distinciones

Ondearon con orgullo banderas de Puerto Rico, Ecuador y numerosos países latinoamericanos, junto a enseñas de otras naciones de distintos continentes. No hubo distingo de razas, edades o nacionalidades entre los asistentes, desde aquellos que crecieron con la mítica Fania All-Stars hasta familias completas que viajaron desde lugares tan lejanos como Montreal, Canadá, solo para rendir homenaje al artista.

'Estamos despidiendo a uno de los mejores. Él puso en alto el nombre de Puerto Rico', afirmó entre lágrimas Ángela Lebrón, de 80 años, mientras agitaba con emoción una pequeña bandera boricua frente al coche fúnebre que transportaba a su ídolo musical.

Ceremonia religiosa con sabor a salsa

La ceremonia religiosa fue presidida por el obispo Joseph Espaillat, también originario de El Bronx, quien recordó con cariño cómo su propio padre le contagió el gusto por el sonido único de Colón: 'No hay trombón como ese, óyelo', expresó durante la homilía, destacando la influencia cultural del músico en su comunidad.

El féretro de Colón ingresó al sagrado lugar cargado por alguaciles del condado de Westchester, donde el artista había servido como voluntario y ostentado con orgullo el rango de 'teniente sheriff'. Lo acompañaron, por supuesto, sus hijos Diego y Alejandro Miguel, quienes revelaron que su padre había solicitado expresamente que su despedida final se realizara precisamente en aquel emblemático lugar.

Homenajes musicales hasta el final

Hasta el último momento, hubo emotivos homenajes musicales para el artista, incluyendo el conmovedor gesto del obispo Espaillat, quien citó durante la ceremonia la letra de 'El Día de mi Suerte' para mostrar su profundo fervor y admiración por la música de Colón.

Después de dos días completos de velación pública que permitieron a miles de admiradores despedirse del ídolo, los restos de Willie Colón fueron finalmente trasladados a una ceremonia privada para su sepultura definitiva, dejando tras de sí un eco perdurable de trombones que, para sus seguidores más fieles, nunca dejará de sonar, porque ese idilio musical que creó con su público permanece y se mantiene eterno en el corazón de la música latina.