Mariposas: un libro que une arte, ciencia y naturaleza en Bucaramanga
Mariposas: arte, ciencia y naturaleza en Bucaramanga

Mariposas llega a Bucaramanga con una propuesta que une arte, ciencia y naturaleza para enseñar a los niños sobre biodiversidad, migración y transformación. Cristina Díaz y Ada López, autoras del libro, presentaron 'Monarca' en MariposARTE de Neomundo, un espacio con mariposas vivas donde los niños pueden observar de cerca la biodiversidad.

La mariposa monarca como metáfora

La mariposa monarca nace con una ruta que nadie le enseñó. Vuela miles de kilómetros entre Canadá, Estados Unidos y México, guiada por una memoria escrita en el cuerpo. En esa travesía frágil y colectiva, Cristina Díaz encontró una forma de hablar también de los seres humanos que cruzan fronteras, cargan ausencias y buscan un lugar donde vivir. Esa imagen es el centro de 'Monarca', el libro de Cristina Díaz, Ada López Bayona y la bióloga María José Barrera, que llega a Bucaramanga como una experiencia entre ciencia, arte, literatura y conciencia ambiental.

Una experiencia interactiva para niños

Para Cristina Díaz, la monarca no es solo belleza: es una metáfora del movimiento, la identidad y la vida que cruza fronteras. 'Yo voy a los colegios y les cuento que las fronteras son de la política, que son límites que se negocian, pero que realmente la naturaleza tiene unas lógicas y una forma de circulación de la fauna y la flora', explica la autora. Por eso, al hablar de la monarca ante niños de Estados Unidos, Canadá, México y Colombia, Cristina no se queda en la ciencia: habla del viaje, de los territorios que se cruzan y de los niños migrantes que reconocen en esa mariposa algo de su propia historia. 'Los niños se sienten identificados con la mariposa monarca. Y no es solamente una migración física, sino también cultural', dice Díaz.

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La migración como tema central

La monarca protagoniza una de las migraciones más asombrosas del mundo natural. Nace, crece, se transforma y vuela en una ruta continental que atraviesa generaciones, hasta que una de ellas, la 'Matusalén', llega a los bosques mexicanos para pasar el invierno. 'Está la generación Matusalén, que es la que dura meses durmiendo en los bosques de Michoacán. Es un viaje para que los niños sepan que todos los animales, en todos los continentes, tienen diferentes formas de movimiento', cuenta Cristina. Ahí está una de las claves del libro: la migración no pertenece solo a los humanos. Migran las aves, los peces, los insectos, las semillas y los pueblos. Migra la vida cuando busca futuro. Por eso la monarca permite hablar de un tema complejo desde la belleza, no desde el miedo.

Un libro pedagógico y lúdico

Mariposas hace parte de una colección pedagógica que nació hacia 2016 o 2017, cuando la Cátedra de Paz impulsó a sus autoras a crear materiales más dinámicos para que los niños aprendieran desde el juego y la creación. Antes estuvieron 'Rayuela de Paz', 'Origami de Paz' y 'Viva la naturaleza', presentado en la COP16. Mariposas es el cuarto libro de esa ruta pedagógica que une juego, arte y conciencia ambiental. 'Como tú te has dado cuenta, nuestros libros siempre tienen mucha ilustración y mucho arte, entonces eso atrapa de alguna manera', afirma Ada López. El libro nació de una lluvia de ideas entre sus autoras: temas, textos, ilustraciones, mandalas y actividades pensadas para que no solo se leyera, sino que se viviera. 'Es una lluvia de ideas: elegir primero los temas, luego los textos, luego las ilustraciones, y pensar cómo lo vamos a volver más interactivo', explica Ada.

Actividades para aprender jugando

Por eso 'Mariposas' no es para un lector quieto: es un libro para colorear, doblar, intervenir y jugar. Con poemas, adivinanzas, mandalas, origami y actividades, invita a aprender con las manos, los ojos y la imaginación. 'Es casi que un juego. La idea es que aprendan el círculo de la vida, las transformaciones, la metamorfosis, y que puedan entrar a un aula que sea divertida', señala Cristina. La autora descubrió esa fuerza trabajando con niños en Estados Unidos, donde entendió que las clases tradicionales no siempre alcanzan frente a las pantallas, las redes, las diferencias culturales y las distintas formas de aprender. 'Los niños ahora necesitan muchas imágenes. No pueden estar todo el día frente a un computador o un celular; también necesitan una herramienta física, pero no electrónica', cuenta.

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Ciencia y poesía en un libro objeto

Ese libro objeto es un pequeño artefacto de papel donde la ciencia se mezcla con la poesía y la pedagogía con el asombro. Para Cristina, la monarca es apenas la entrada para hablar de polinizadores, ecosistemas, diversidad, migración y respeto. 'La forma en que se hizo el libro, la curaduría, es para hablar sobre mariposas, sobre polinizadores, sobre migración, pero es una excusa para llegar a tener un referente para que ellos aprendan a dibujar o a hacer gráficamente un proceso', explica. La biodiversidad se vuelve una forma de hablar de la diversidad humana. En sus talleres, Cristina muestra que no todos los seres se mueven, habitan ni viven igual, y que incluso las vidas más pequeñas sostienen equilibrios enormes. 'La diversidad somos distintos desde que nacemos, y la naturaleza va a ser un puente para que tú lo entiendas', afirma.

La naturaleza como maestra

Esa frase resume el espíritu de 'Mariposas': la naturaleza no es paisaje, sino maestra. Enseña que la diferencia no es anomalía, sino condición de la vida; que el aula, como el planeta, está hecha de cuerpos, historias y preguntas distintas. 'Todos tenemos que vivir en el mismo planeta, en el mismo salón de clase', dice Cristina. Por eso insiste en que los niños aprendan a preguntar, a no aceptar todo sin pensar y a encontrar palabras para lo que sienten o no entienden. 'Eso es lo que más queremos enseñarles a los niños y a los colegios: a preguntar, a no tragar entero, a no quedarse sin poder expresarse', afirma.

Llegada a Bucaramanga

La llegada a Bucaramanga tiene un sentido íntimo: Cristina quería que el trabajo hecho en colegios de Estados Unidos dialogara con los niños de su ciudad. MariposARTE fue el lugar ideal, donde las mariposas no son metáfora, sino presencia viva. 'A mí me parece muy importante que los temas locales se vuelvan globales', explica. 'Y me pareció increíble poder traerlo a Bucaramanga, porque los niños aman las mariposas'. En Neomundo, los niños verán especies del Putumayo, la Orinoquía y otros territorios. Una lección directa: la diversidad se entiende mejor cuando se tiene enfrente. 'Ver una mariposa pequeña y luego una mariposa azul, grande, que parece una máscara, y entender que ambas son mariposas, ayuda a comprender la diversidad cuando la tienes enfrente', dice Díaz.

Conexión con México y el Día de Muertos

El libro también dialoga con México y el Día de Muertos. Sus mandalas evocan esa celebración, donde la monarca se asocia al regreso simbólico de quienes partieron. Así, la metamorfosis también habla de memoria, transformación y permanencia. 'Esa metamorfosis es algo natural, algo de la naturaleza, pero también tiene una conexión espiritual con esa celebración tan importante de los mexicanos para recordar a los muertos, que nunca se irán si siguen ahí presentes siempre', dice Ada. Cristina también lleva el libro hacia otros polinizadores y mundos mínimos: abejas, murciélagos, libélulas, polillas y hormigas. Para ella, la educación ambiental no es solo sembrar árboles; la vida también ocurre en el bosque seco, el desierto, el mar, el jardín y la chagra. 'El mundo no es solo verde. Le dicen a uno que la ecología es sembrar árboles, sembrar árboles, pero el desierto también es ecología. Hay un mundo detrás del bosque seco, hay un mundo detrás del mar', afirma.

Preguntas que despiertan conciencia

En sus talleres, los niños preguntan qué comen las mariposas, dónde ponen sus huevos o qué pasa si desaparecen sus plantas. En esas preguntas está el sentido del libro: mirar lo pequeño hasta descubrir que también sostiene el mundo. 'Cuando les mostramos la mariposa y hasta hacemos un disfraz o la coloreamos, todos preguntan: "Bueno, ¿pero qué comen?". Entonces ir al jardín, ir a la chagra, si estamos con indígenas, y ver el mundo con esos ojos pequeñitos, como si fueran un insecto o una hormiga, hace que empiecen a ver que esa vida también vale', cuenta Cristina. Ada López cree que estos libros también son viajeros: han pasado por ferias, colegios y comunidades, donde los niños los reciben como si cada ejemplar les abriera una puerta propia. 'Sentir esa alegría del libro, ese "uy, tengo un libro", nos fue moviendo mucho más', recuerda.

Un libro que sigue viajando

Por eso 'Mariposas' no termina en su presentación: seguirá en colegios, talleres, ferias y manos de niños. Como la monarca, también nació para viajar. 'La mariposa es viajera, pero el libro también es viajero', añade Cristina. En Bucaramanga, 'Mariposas' invita a mirar el vuelo frágil de la monarca como una lección mayor: migrar también es buscar futuro. Entre ella y los seres humanos hay una verdad común: ningún viaje ocurre sin memoria, riesgo y transformación. A veces, para hablar de los grandes desplazamientos del mundo, basta seguir el temblor naranja de unas alas.