Marco Méndez: una transformación radical de la pantalla a los campos
Marco Méndez, quien durante más de quince años brilló en la televisión mexicana como uno de los galanes más reconocidos de su generación, ha dado un giro inesperado en su vida profesional. Lejos de los sets de grabación y las luces de los estudios, el actor, ahora con 49 años, ha decidido regresar a sus orígenes en Uruapan, Michoacán, donde se dedica al cultivo y venta de aguacates, un negocio familiar que se ha convertido en su principal sustento económico.
El declive televisivo y la búsqueda de nuevas oportunidades
La carrera de Méndez, catapultada por su icónico papel como Luis Duarte López en la telenovela Rubí, enfrentó numerosos altibajos a lo largo de los años. El actor admitió que la inestabilidad laboral en la industria del entretenimiento, agravada por los efectos de la pandemia y la escasez de oportunidades consistentes, lo llevó a reconsiderar su futuro. "Me ha ayudado mucho. Tienes que diversificarte para que los bajones no te peguen tan fuerte", explicó Méndez en una entrevista con TvNotas, destacando la importancia de tener múltiples fuentes de ingresos en un sector tan volátil.
Además de los factores económicos, aspectos personales influyeron en su decisión. Las canas prematuras que comenzaron a aparecerle desde joven limitaron los tipos de personajes que podía interpretar, alejándolo gradualmente de los papeles protagónicos juveniles que lo hicieron famoso. Este cambio en su imagen, combinado con las dinámicas competitivas de la industria, marcó el inicio de una nueva etapa lejos de las cámaras.
Una vida campirana y sin estrés
Tras más de dos décadas viviendo en la bulliciosa Ciudad de México, Méndez ahora disfruta de una existencia tranquila y rural en Michoacán. "Ahora ya me regresé a vivir a mi ciudad y vengo cuando hay trabajo. Allá llevo una vida más tranquila, nada de estrés. Es una vida campirana", afirmó el actor, quien viaja ocasionalmente a la capital solo cuando surgen proyectos específicos. Su rutina diaria se centra en el cuidado de la huerta de aguacates, el contacto con la naturaleza y los animales, elementos que, según él, lleva en la sangre por su herencia familiar.
El negocio de aguacates no solo representa una fuente de ingresos estable, sino también un vínculo emocional con sus raíces. Méndez enfatizó que esta actividad ha sido un soporte crucial durante los periodos de incertidumbre profesional, permitiéndole mantener un equilibrio financiero y personal que el mundo del espectáculo no siempre ofrecía.
El arte no está completamente abandonado
A pesar de su transición hacia la agricultura, Marco Méndez no ha cortado por completo sus lazos con la actuación. Recientemente, ha participado en producciones teatrales y otros proyectos artísticos, demostrando que su pasión por el arte sigue viva. Sin embargo, aclaró que ya no depende exclusivamente de la actuación para su sustento, lo que le brinda una libertad creativa y económica que antes no tenía.
Su último proyecto televisivo fue hace dos años, pero el actor mantiene la puerta abierta a futuras oportunidades en la industria, siempre que se alineen con su nuevo estilo de vida más sereno y equilibrado. Esta dualidad entre el campo y el escenario refleja una adaptación pragmática a las realidades del mercado laboral artístico, donde la diversificación se ha vuelto esencial para la supervivencia profesional.



