Liliana Beltrán resignifica el pasado con su poemario Las cosas que quedan
Liliana Beltrán y su poemario Las cosas que quedan

La escritora y artista santandereana Liliana Stella Beltrán Misas presenta su nuevo poemario Las cosas que quedan, una obra íntima que nace de la memoria, la identidad y la necesidad de darle voz a las mujeres de su historia familiar. “Yo empecé a darle voz a las mujeres de mi familia silenciadas, una forma de reivindicarme con mi abuela, que conozco a través de los ojos de mi madre”, comenta la autora.

El libro, que será lanzado el próximo 15 de mayo en la Casa del Libro Total de Bucaramanga, es el resultado de un proceso personal que comenzó como una búsqueda de respuestas. “Nació para tratar de responder a preguntas como quién soy y de dónde vengo, porque mis recuerdos de infancia son confusos. Convertí la búsqueda de mi identidad en un proceso para encontrarme a mí misma, cosas que ignoraba empezaron a cobrar sentido”, explica Beltrán.

Una conversación que se convirtió en literatura

La obra surge a partir de las conversaciones con su madre, reconstruyendo recuerdos y la figura de su abuela, a quien nunca conoció. Las charlas entre madre e hija se convirtieron en un ejercicio de memoria compartida para transformar aquellos recuerdos fragmentados en escritura. “Lo que empezó con un diálogo íntimo se convirtió en algo colectivo, pude conversar con las mujeres que habitan en mí y han marcado mi vida: la niña, la madre y la abuela”, describe.

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Liliana Beltrán cuenta que su abuela murió a los 29 años. Su partida dejó una huella profunda, pues dejó huérfana a la pequeña que más tarde se convirtió en la madre de la autora. La artista recalca que creció con una imagen de su abuela construida de retazos, gracias a los recuerdos que su madre guarda a través de los relatos que otros le contaron, tras quedar huérfana a los cinco años. “Afortunadamente la literatura nos permite recrear esas imágenes de momentos duros, pero también alegres. Lo único que queda son los recuerdos, aunque sean tristes o difíciles”. Al reconstruir su propia historia, la autora sintió una profunda conexión con su abuela, pues también fue artista, cantante y escritora. “Pero tuvo una vida difícil. Silenciada. No pudo expresar lo que sentía. Yo necesitaba darle voz”.

Y es que la abuela tuvo que renunciar a sus aspiraciones, por los prejuicios de su época. “Ella estaba preparada para participar en un concurso de música, pero para ese momento no era bien visto, era pecado. Se le truncó su sueño, se sintió frustrada, pese a ser muy talentosa. Así empezó su sufrimiento”, relata Beltrán.

La escritura como resistencia

Más que una evocación nostálgica, la autora plantea la escritura como un acto político y de resistencia. “No se trata de romantizar el sufrimiento. Es transformar esas vivencias para darle voz a las mujeres resilientes que a lo largo de la historia hemos sido víctimas silenciadas. Es resignificar y mostrar todo lo que podemos hacer”, afirma.

Su obra se inscribe en una línea poética que aborda la memoria del cuerpo, la vulnerabilidad femenina y el lenguaje como herramienta de reconstrucción simbólica. El detonante de este poemario fueron las conversaciones con la madre. Al escuchar sus memorias de infancia, aquellos recuerdos de segunda mano sobre la abuela, Beltrán tomó una decisión: convertir ese diálogo íntimo en escritura. “Lo que empezó como algo muy personal se fue convirtiendo en algo colectivo”, cuenta.

Esa estructura tripartita de hija, madre y abuela dio forma al libro. Las cosas que quedan se divide en tres capítulos: Volver a mí, Volver a la infancia y Las mujeres que me habitan. Cada sección es un territorio distinto de la misma búsqueda: la identidad, la infancia fragmentada y el linaje femenino que carga con silencios heredados.

El prólogo, escrito por Diana Villamizar Abril, lo anuncia con claridad: “Este poemario ocurre en ese lugar donde una mujer se encuentra con todas las que ha sido”. Y añade que leerlo “es entrar en una casa donde los espejos no mienten”.

Beltrán no separa la escritura de las artes plásticas. Durante años, mientras construía el libro, también pintaba. Las ilustraciones que aparecen entre las páginas del poemario son suyas: rostros de carboncillo, mujeres que se deshacen en pájaros, miradas que cargan el peso de lo no dicho.

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El lugar de la mujer en la literatura

Liliana Beltrán lleva años construyendo una trayectoria sólida. Ha sido incluida en antologías nacionales e internacionales, ganó el concurso nacional de poesía “Ahí están pintadas” del Museo de Arte Moderno de Bucaramanga en 2024 y participa activamente en la Tertulia Ramiro Lagos Castro. Pero no oculta su frustración frente a un panorama cultural que sigue siendo desigual.

“Queda mucho camino por recorrer”, dice con franqueza. “Las escritoras nos estamos uniendo para poner en alto el nombre de la mujer, porque aún hay quienes piensan que no somos suficientes. Aún seguimos abriendo camino y es necesario apoyarnos unas a otras”.