El arquitecto cultural de Santander: Jorge Valderrama Restrepo
La vida cultural de Bucaramanga y la historia misma de la separata cultural de Vanguardia encuentran en Jorge Valderrama Restrepo una figura fundamental. Este texto explora su legado multidimensional como escritor, columnista y gestor cultural imprescindible para el desarrollo artístico de Santander.
De Ibagué a París: Los orígenes de un visionario
Nacido en Ibagué, Tolima, el 7 de febrero de 1944, Valderrama Restrepo falleció en su casa de San Juan de Girón el 4 de febrero de 2002, a los cincuenta y ocho años. Su corazón se detuvo al amanecer, cuando ya habían cesado los fuegos artificiales que celebraron el nuevo milenio en todo el mundo.
Como hombre del siglo XX, vivió experiencias transformadoras en París durante los convulsionados años sesenta. Allí siguió los pasos de una mujer de la que estaba enamorado, experiencia que plasmaría en su novela El barco enamorado en busca de la ciudad perdida. En la Sorbona realizó cursos de sociología y antropología, mientras ejercía como profesor de francés y civilización francesa.
En la capital francesa, junto a escritores latinoamericanos, fue cofundador de la revista Margen, lo que le permitió conocer a figuras literarias como Carlos Fuentes, Miguel Ángel Asturias, Mario Benedetti y Rafael Alberti. Esta experiencia internacional marcaría profundamente su trayectoria posterior.
El regreso a Colombia: Fundando instituciones culturales
Al regresar a Colombia, Valderrama Restrepo trajo consigo las experiencias y contactos que transformarían el panorama cultural santandereano. En los años setenta fundó el suplemento literario Vanguardia Dominical de Vanguardia Liberal, publicación que contó con colaboraciones de los escritores que había conocido en París y en Colombia.
Su formación académica incluyó estudios de filosofía en la Universidad Nacional y sociología en la Universidad Cooperativa de Colombia, complementados con una especialización en docencia universitaria en la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Como sociólogo titulado, ejerció la cátedra universitaria mientras desarrollaba una intensa labor como funcionario público del sector cultural.
Entre sus creaciones institucionales más destacadas se encuentran:
- Biblioteca Pública Municipal de Bucaramanga: De la que fue fundador y primer director
- Emisora Cultural Luis Carlos Galán Sarmiento: También fundada por él y que dirigía al momento de su muerte
- Diseño arquitectónico de la Biblioteca Gabriel Turbay: Concebido como alegoría del cuento La Torre de Babel de Borges
El escritor y su pasión literaria secreta
La escritura fue su pasión literaria por excelencia. Como columnista en la prensa local y nacional, los temas de cultura y literatura fueron siempre sus tópicos de reflexión privilegiados. Su carrera literaria comenzó precozmente: a los catorce años ya había leído el Decamerón de Boccaccio y en 1964 publicó su primer libro de poemas, Invocación de sangre, terminado cuando tenía dieciocho años.
Sin embargo, aquella experiencia editorial temprana lo llevó a una conclusión fundamental: "escribir no es fundamentalmente una labor cuyo destino más inmediato deba ser el editorial". Para Valderrama Restrepo, "si un escritor comienza escribiendo para el éxito termina por olvidar que tenía que escribir para la literatura".
Conservó así una pasión secreta por la escritura, hablando frecuentemente con sus amigos sobre las novelas que estaba escribiendo:
- Breviario de la porquería vivida
- La llegada de la señorita Marquí al país del roscón
- Memorias retorcidas de Culino Másmela
- Los cachones y el bello amor
Estas obras permanecen inéditas, esperando publicación. Su narrativa se caracterizaba por un humor corrosivo del poder y un amor erótico desinhibido, explorando técnicas experimentales, automáticas y de enumeración caótica influenciadas por los grandes escritores de la literatura universal.
El crítico y defensor del oficio literario
Como crítico mordaz de la literatura colombiana, supo reconocer tanto los defectos como los méritos literarios. Analizó obras como Para matar el tiempo de Eligio García Márquez, Los parientes de Esther de Luis Fayad y La Habana para un infante difunto de Guillermo Cabrera Infante.
Su labor como jurado en concursos literarios le permitió ejercer la crítica a lo largo del país. Sobre estos certámenes expresaba: "los concursos literarios se parecen a las loterías. Son juegos al azar, donde al dado de lo conocido, intervienen fuerzas desconocidas y hasta misteriosas". Sin embargo, reconocía su importancia, citando a Borges: "se dirigen a la esperanza, una de las facultades del hombre".
Desde su columna "Bosques de árboles blancos" en Vanguardia Dominical (1981), ejerció una defensa del oficio del escritor, denunciando "ese desierto del Sahara que es la remuneración del trabajo literario en Colombia". Defendió los derechos de autores como Manuel Giraldo Magil, cuya novela "Concierto del desconcierto" enfrentó problemas con la editorial Plaza & Janés.
El gestor cultural incomparable
Su actividad como gestor cultural no ha encontrado referentes comparables en la ciudad, posiblemente porque llegó en un momento en que todo estaba por hacer en el ámbito cultural. Fundar una biblioteca pública, una emisora cultural y un suplemento literario representó su valioso aporte a Bucaramanga, aunque aún está pendiente que una institución de similar importancia lleve su nombre.
La enorme biblioteca personal de más de 8,700 libros que dejó podría servir como "primera piedra" para la creación de una fundación o biblioteca que recuerde su nombre y la obra de este tolimense que llegó a tierras santandereanas y las amó como propias.
Desde sus programas radiales como "Voz Viva y Letras", "Invitado de Honor" y "El Jinete azul", promovió la poesía y la literatura local, ofreciendo su solidario y generoso apoyo a los creadores. Su oficina era un espacio de encuentro donde recibía a amigos con una sonrisa y el humo de su pipa, ofreciendo un tinto y el placer de una conversación enriquecedora.
Esta semblanza de Jorge Valderrama Restrepo, a más de quince años de su muerte, honra también la memoria de ese amor que despertó entre las muchachas universitarias que lo hicieron soñar en sus últimos días. Su legado perdura en las instituciones que fundó y en el sonido de sus pasos que, según dicen, aún se escucha en la modernidad que hoy engalana la Biblioteca Gabriel Turbay.



