Homenaje a 50 años de los vendedores de periódicos en Bucaramanga
Homenaje a 50 años de vendedores de periódicos

Este es un sencillo homenaje a los 50 años del valioso trabajo que desempeñan nuestros vendedores de periódicos y revistas en las casetas de la ciudad, cuyo esfuerzo diario mantiene viva la conexión entre el papel, la información y la comunidad.

Los icónicos vendedores de periódicos y revistas de Bucaramanga, quienes están cumpliendo 50 años en este oficio, son: María Esther Meza Romero, María Delgado de Lasso, Pedro Pablo García Salazar, Carmen Rosa Pico, Hernaldo Lizarazo Blanco, Miguel Pedraza Manrique, José Ángel Amado Sierra, Hernando Gómez Piña, Carlos Julio Colmenares Gélvez, Hellmann Zúñiga Gamboa y Héctor Raúl Díaz.

En cada esquina donde el ruido de las calles de Bucaramanga se mezcla con el agite diario y la rutina, hay una presencia silenciosa, constante y firme: la del vendedor de periódicos y revistas. Durante cinco décadas, desde sus ‘trincheras’, estos guardianes de las letras de molde han sido mucho más que comerciantes; han sido puentes entre la noticia y la ciudadanía, entre la tinta y la memoria colectiva de los santandereanos. Ellos han estado allí desde 1976. Cada madrugada organizan con cuidado los periódicos del día y acomodan las revistas como quien ordena pequeñas ventanas al mundo. La ciudad despierta y, con ella, nace también la primera conversación de la mañana: “¿ya vio la noticia?”, “¿cómo quedó el partido?”, “¿qué se lee hoy en Vanguardia?”. Así se teje una crónica viva, sencilla y profundamente humana.

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Hoy, cuando la inmediatez digital parece dominarlo todo, su oficio resiste con dignidad y grandeza. No se trata únicamente de vender un diario o una revista; se trata de mantener vivo el ritual de abrir la mañana con el crujir del papel, de hojear historias que aún conservan el peso de la verdad escrita, de encontrarse cara a cara con quien, día tras día, entrega información con una sonrisa y un saludo que ya hacen parte del paisaje humano de la ciudad. Allí no hay algoritmos: hay memoria. No hay pantallas: hay miradas, conversaciones y cercanía.

Muchos de ellos han visto pasar generaciones enteras frente a sus casetas. Han sido testigos de niños que compraban láminas y hoy regresan convertidos en padres, de jubilados que se resisten a abandonar el ritual de leer el periódico en físico, de estudiantes que encontraron en una revista la chispa de una vocación. Cada uno guarda historias que sostienen la vida cotidiana con la misma fuerza de cualquier gran noticia.

Los dueños de las casetas que funcionan en Bucaramanga tienen documentos que certifican su legalidad. Este homenaje reconoce la constancia de quienes, desde 1976 y amparados por la ley mediante los Decretos 093 y 197, han sostenido este oficio con orgullo y perseverancia. En Bucaramanga, los acuerdos 073, 026 y 020 del Cabildo no solo respaldan su labor, sino que ratifican su importancia social, cultural y humana. Porque en cada una de sus casetas no solo se venden publicaciones: se conserva una tradición, se fortalece el tejido social y se mantiene viva la historia local.

La Orden Ciudad de Bucaramanga, en la categoría al Mérito Humano y Social, entregada a Pedro Pablo García Salazar en representación del Sindicato de Vendedores de Periódicos, Revistas, Confitería, Refrescos y Similares, simboliza el reconocimiento a generaciones enteras que han hecho de este trabajo una vocación de vida. Es un tributo a la perseverancia, al compromiso y al valor de un oficio que ha sabido transformarse sin perder su esencia.

Porque detrás de cada ejemplar vendido hay historias de esfuerzo y dignidad: madrugadas frías, lluvias que no detienen la jornada. Hay manos que durante años han contado monedas, pero también historias; manos que han escuchado a la ciudad y se han convertido en confidentes silenciosos del ciudadano de a pie.

A ustedes, vendedores de periódicos y revistas, gracias por resistir al olvido, por defender el papel como testigo del tiempo. En sus manos no solo circulan noticias: circula la historia viva de la ciudad, esa que no se apaga y que late en cada página, en cada saludo y en cada esquina donde ustedes continúan escribiendo la crónica diaria de nuestra gente. ¡Mil gracias por seguir a la Vanguardia!

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