El regreso de Heberto Padilla a una Habana dominada por el miedo
En 1967, tras recorrer varios países del bloque soviético con diferentes cargos oficiales, el poeta cubano Heberto Padilla retornó a La Habana. Encontró una ciudad transformada, donde, según sus palabras, reinaban "la reserva y el miedo". El gobierno revolucionario había implementado medidas radicales, como cancelar las becas para Europa Occidental, argumentando que los beneficiarios se dedicaban a vivir la "dulce vida" y luego caían bajo la influencia del enemigo capitalista.
Las siniestras Unidades Militares de Ayuda a la Producción
Una de las decisiones más controvertidas fue el envío de homosexuales que trabajaban para el sistema a las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), que operaban en Camagüey. A estos centros también llegaban, mediante el mismo mecanismo del Servicio Militar Obligatorio, "desafectos al sistema por sus creencias religiosas, especialmente testigos de Jehová".
La idea, según Padilla, provenía de Raúl Castro, quien había observado en Bulgaria cómo "trataban a los homosexuales, y los 'curaban'". El procedimiento descrito por el poeta era casi rudimentario:
- Se alternaba el placer y la repugnancia frente a estímulos eróticos
- Se utilizaba el principio del reflejo condicionado de Pavlov
- Cuando el paciente alcanzaba la máxima excitación viendo relaciones entre hombres, se aplicaba una descarga eléctrica
- La operación se repetía hasta lograr un reflejo condicionado de rechazo
"El método sólo sirvió para aumentar la nómina de locos", afirmó Padilla, quien calificó a la UMAP como "una de las instituciones más crueles que inventó la imaginación del sistema". A pesar de las críticas de algunos dirigentes sensatos, la Seguridad del Estado continuaba enviando jóvenes a estos centros en 1967, especialmente estudiantes y artistas que no habían cometido ningún delito punible.
El principio del ostracismo literario y político
Una noche, Padilla fue contactado por un editor de la revista "El caimán barbudo" para que opinara sobre una novela recién publicada de Lisandro Otero. El poeta criticó la obra de Otero y defendió "Tres tristes tigres" de Guillermo Cabrera Infante, que se leía clandestinamente en Cuba. Cuando se publicó su artículo, Alberto Mora apareció consternado en su casa, advirtiéndole que era exactamente lo que esperaba la Seguridad del Estado para decretar su fin.
A partir de ese momento, la vida de Padilla entró en "la marginación más absoluta". Se quedó sin trabajo y en la calle, aunque algunos altos mandos como José Llanusa y Haydée Santamaría intentaron ayudarlo. Ya había sido declarado "enemigo de La revolución", con Raúl Castro vetándolo directamente.
"Fuera del juego": un premio que nunca llegó
Padilla decidió entonces dar por terminado su poemario "Fuera del juego", algunos de cuyos poemas habían sido publicados en la revista CASA y en el Consejo Nacional de Cultura. En el último minuto del cierre del concurso nacional de literatura de la Unión de Escritores, Belkis Cuza entregó personalmente el manuscrito a un empleado amigo, burlando el control de la Seguridad del Estado.
Cuando los delegados estatales descubrieron el texto, ya estaba en manos de los jurados: José Lezama Lima, J.M. Cohen, José Z. Tallet y Manuel Díaz Martínez. Ninguno cedió ante las presiones de la policía, la Unión de Escritores, la prensa nacional y el gobierno. "Fuera de juego" obtuvo el premio por unanimidad, pero jamás fue otorgado oficialmente a Padilla, quien describió el galardón como "un viaje a la Unión Soviética y mil pesos en efectivo".
Entre ese premio no entregado y su encarcelamiento bajo la acusación de realizar actividades contra la Seguridad del Estado, transcurrieron tres años de aislamiento. El poemario comenzaba con versos reveladores:
- ¡Al poeta, despídanlo!
- Ese no tiene aquí nada que hacer.
- No entra en el juego.
- No se entusiasma.
- No pone en claro su mensaje.
La solidaridad internacional y las contradicciones
Varios escritores de renombre, incluyendo a Gabriel García Márquez, Juan Goytisolo, Carlos Fuentes, Julio Cortázar, Jorge Semprún y Mario Vargas Llosa, firmaron una carta de protesta. El 9 de noviembre de 1968, enviaron un telegrama a Fidel Castro expresando su "consternación por las acusaciones calumniosas contra el poeta Heberto Padilla" y reafirmando su solidaridad con "toda acción que emprenda Casa de las Américas en defensa de la libertad intelectual".
"Fuera de juego" había salido clandestinamente de Cuba y se había multiplicado por cientos de miles de ejemplares en Europa y Estados Unidos. Años después, García Márquez afirmaría que no había firmado la carta, sino que su amigo Plinio Apuleyo lo había hecho por él. Julio Cortázar, por su parte, escribió un extenso poema de protesta que comenzaba: "De qué sirve escribir la buena prosa, / De qué vale que exponga razones y argumentos / Si los chacales velan, la manada se tira contra el verbo..."
Este relato forma parte de la serie "Políticamente artistas", que explora la difusa línea entre política y arte en contextos represivos, revelando cómo el sistema cubano de los años 60 utilizó instituciones como la UMAP para controlar y "reeducar" a aquellos considerados desviados del proyecto revolucionario.
