Sigmund Freud, médico neurólogo austriaco de origen judío, es reconocido como el padre del psicoanálisis y una de las figuras intelectuales más influyentes del siglo XX. Nacido el 6 de mayo de 1856 en la actual República Checa, falleció el 23 de septiembre de 1939. Sin embargo, más allá de su legado científico, existe una faceta poco explorada: su obsesión por destruir a Friedrich Nietzsche.
La voluntad de destruir a Nietzsche
En su furiosa voluntad de afirmarse sin dioses ni maestros, Freud convierte a Nietzsche en el blanco de sus ataques. Esta alergia particular y constante invita a una investigación profunda sobre sus motivaciones. ¿Por qué Nietzsche? ¿En nombre de qué extrañas razones? ¿Para proteger qué o a quién? ¿Con el fin de sofocar qué secretos? ¿Qué significa esa ardiente pasión por negar la filosofía y a los filósofos, entre quienes él mismo se cuenta?
Un análisis de Michel Onfray
El filósofo francés Michel Onfray, en su obra El crepúsculo de un ídolo, aborda esta cuestión. Para Onfray, la hostilidad de Freud hacia Nietzsche no es casual, sino que revela tensiones profundas en la construcción del psicoanálisis. Onfray sugiere que Freud necesitaba eliminar a Nietzsche para establecer su propia originalidad y evitar la sombra del filósofo alemán, cuyas ideas sobre el inconsciente y la voluntad de poder anticipaban conceptos freudianos.
Este análisis crítico invita a repensar la relación entre el psicoanálisis y la filosofía, mostrando que detrás de la aparente neutralidad científica de Freud se esconden pasiones y conflictos intelectuales. La pregunta sobre por qué Freud eligió a Nietzsche como su antagonista principal sigue siendo un enigma fascinante para los estudiosos de la historia de las ideas.



