Descubren en Santander cueva con arte rupestre único en Colombia amenazada por guaquería
Cueva santandereana con arte rupestre único enfrenta amenaza de guaquería

Un hallazgo arqueológico excepcional en las profundidades de Santander

Aproximadamente 200 metros hacia el interior de una cueva en el departamento de Santander, en condiciones de oscuridad absoluta, investigadores del Instituto Humboldt y el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) han documentado un descubrimiento sin precedentes en el país: pictogramas y restos óseos que apuntan a lo que fue un espacio ritual ancestral. Este extraordinario hallazgo, que podría reescribir la comprensión del arte rupestre colombiano, enfrenta ahora una amenaza crítica: la guaquería o saqueo arqueológico.

Un secreto guardado en la oscuridad total

Lo que hace excepcional este descubrimiento no es simplemente la presencia de arte rupestre en Santander -región ya conocida por manifestaciones pictóricas precolombinas- sino su ubicación en el interior profundo de una cueva, en un tramo donde la luz natural nunca llega. Mientras la mayoría del arte rupestre documentado en Colombia se encuentra en abrigos rocosos o superficies expuestas al sol, estos pictogramas fueron creados en lo que los investigadores describen como "el vientre de la piedra".

"No es solo que haya pinturas: es dónde están", explican los científicos. A unos 200 metros de la entrada, en completa oscuridad, los antiguos habitantes eligieron un lugar que exigía antorchas, orientación y determinación para acceder. Esta ubicación plantea preguntas fundamentales sobre su propósito: ¿para quién se pintaban estos símbolos cuando no había espectadores casuales?

Un espacio ceremonial de los ancestros Guane

La hipótesis que manejan los investigadores es contundente: este sitio funcionaba como una sala ceremonial y ritual. Los restos óseos encontrados en el interior sugieren prácticas de momificación o enterramientos secundarios realizados por ancestros del pueblo Guane. La cueva no sería meramente un refugio natural, sino un "cuarto sagrado excavado por la fe", un escenario para rituales que conectaban con lo trascendental.

El proceso de descubrimiento tiene una particularidad significativa: comenzó en redes sociales. El biólogo Carlos Lasso, investigador del Instituto Humboldt especializado en ecosistemas subterráneos, identificó el potencial arqueológico del lugar a través de fotografías publicadas por habitantes de la región. El instituto reconoce abiertamente que los "verdaderos descubridores" fueron estos pobladores locales que conocían el terreno.

La amenaza de la guaquería: más del 90% de cuevas saqueadas

La misma visibilidad que permitió el descubrimiento representa ahora su mayor vulnerabilidad. El Instituto Humboldt advierte sobre señales graves de guaquería en el lugar. Carlos Lasso estima que más del 90% de las cuevas con valor arqueológico que ha visitado en Colombia han sido saqueadas, alimentando el tráfico ilegal de piezas patrimoniales.

"Lo que se roba no es solo un objeto. Se roba el contexto", explica Lasso. Cuando un yacimiento se altera, se destruye la posibilidad de reconstruir quiénes estuvieron allí, cuándo, cómo y con qué intenciones. Por esta razón, el nombre específico del municipio donde se encuentra la cueva se mantiene en reserva absoluta, como medida de protección contra el turismo irresponsable y el mercado negro de antigüedades.

Investigación científica con enfoque integral

Los restos óseos recuperados han sido trasladados al ICANH y posteriormente serán estudiados por el Instituto de Genética de la Universidad Nacional. El objetivo es ambicioso: obtener datos genéticos que ayuden a comprender el poblamiento humano en Santander, una región con importantes vacíos de información histórica.

Paralelamente, avanza el trabajo meticuloso de documentación sin dañar, datación sin contaminar e interpretación sin forzar. En arte rupestre, como señalan los expertos, "la prisa es enemiga". Una línea mal interpretada puede convertirse en mito; una muestra mal tomada, en ruido científico.

Arte rupestre como archivo histórico y biológico

Para los investigadores, el arte rupestre no es solo patrimonio cultural: es también un indicador biológico valioso. A partir del estudio de pictogramas en Chiribiquete y La Lindosa, el equipo del Instituto Humboldt ha reconstruido cómo era la naturaleza hace miles de años sin depender exclusivamente de fósiles.

Este enfoque ha dado lugar al concepto de "cosmo-ecosistemas rupestres", desarrollado junto al antropólogo Carlos Castaño-Uribe de la Fundación Herencia Ambiental Caribe y Fernando Montejo del ICANH. La idea integra ecología, cosmología y manifestaciones en piedra para comprender ecosistemas del pasado. En Chiribiquete, por ejemplo, se han identificado representaciones de animales de la Edad de Hielo como mastodontes, paleollamas y caballos del pleistoceno.

Santander en el mapa del arte rupestre colombiano

Santander no es novato en el ámbito del arte rupestre. La Mesa de Los Santos y el cañón del Chicamocha han sido ampliamente referenciados por investigaciones históricas, semióticas y geológicas. Allí abundan pictogramas y petroglifos con estilos particulares, frecuentemente más geométricos que figurativos. Incluso existen complejos con nombre propio, como la "Cueva Pintada" en Málaga, que forman parte del diálogo institucional sobre reconocimiento arqueológico en el departamento.

Por ello, los investigadores precisan: lo excepcional de este hallazgo no es "que en Santander haya arte rupestre", sino que aparezca en el interior profundo de una cueva, en un tramo sin luz natural, como caso documentado con estas características específicas en Colombia.

Protección del patrimonio: un desafío urgente

El reto actual es doble: entender sin profanar y proteger sin convertir el hallazgo en carnada. La reserva del sitio no responde a un afán de misterio, sino a una medida de cuidado esencial. Mientras algunas descubrimientos necesitan reflectores, este requiere algo más complejo: respeto por la oscuridad que lo guardó durante siglos.

Los investigadores finalizan con una reflexión poderosa: "Una pintura en un abrigo rocoso conversa con el paisaje. Una pintura en la oscuridad conversa con otra cosa: con el miedo, con lo sagrado, con el tránsito entre mundos, con el cuerpo obligado a entrar". Este descubrimiento no es solo arqueología; es un diálogo con la espiritualidad ancestral que exige protección inmediata.