Los peligros de la abstracción ideológica: cuando la Humanidad se vuelve concepto vacío
Abstracción ideológica: el peligro de olvidar al ser humano concreto

Los peligros de la abstracción ideológica: cuando la Humanidad se vuelve concepto vacío

La historia nos enseña con sangre que debemos temer a quienes conciben el mundo como una mera abstracción ideológica y geométrica. Estas visiones se convierten en pretexto para delirios mesiánicos, desvaríos, obsesiones y megalomanías que encuentran terreno fértil en planos fantásticos donde es fácil prescindir de las personas concretas.

La dualidad de Diderot: hombre abstracto versus hombre concreto

Denis Diderot, uno de los más grandes filósofos de la Francia del siglo XVIII, distinguía entre dos tipos de pensadores en su época: aquellos que hablaban del "hombre abstracto" y quienes se referían al "hombre concreto". Los primeros eran idealistas, teóricos de la humanidad que escribían la palabra con mayúscula solemne: "la Humanidad". Los segundos mostraban mayor modestia y sensibilidad, defendiendo a la gente real, no a su arquetipo ideal.

No es casual que fuera Diderot quien formulara esta observación tan aguda. Su época, la Ilustración, se entregó sin freno al poder casi mágico de conceptos abstractos que pronto servirían para aplastar completamente al individuo. Lo que importaba finalmente era salir al balcón a gritar con jactancia palabras que iban perdiendo sentido: la Libertad, la Razón, la Igualdad.

De la Revolución al Terror: cuando las abstracciones justifican la barbarie

Esta misma época presenció la Revolución francesa con sus conquistas innegables, seguida del Terror. Los demagogos a quienes verdaderamente no les importaba la suerte del pueblo -del Pueblo con mayúscula- en cuyo nombre decían actuar, desataron masacres y sangrías feroces. Primero contra monarquistas, reaccionarios y nobles, pero luego contra todo el mundo por igual, demostrando que nada hay más democrático que la guillotina.

Este es el sello distintivo de las utopías totalitarias: su vocación teórica, la imposición de un ideal humano que justifica todo, incluyendo:

  • Opresión y barbarie
  • Indolencia e ingratitud
  • Crueldad e inhumanidad

Todo se permite mientras se invoquen principios sacrosantos que guían la acción de aparatos de enajenación y fanatismo, convertidos en fines en sí mismos.

La radicalización versus el envilecimiento

Hoy se habla con insistencia, quizá excesiva, de la "polarización", término que nombra la radicalización del discurso político en estos tiempos de crisis que nos tocaron en suerte y desgracia. Pero lo verdaderamente grave no es la radicalización sino el envilecimiento: la supresión absoluta de todo vestigio de humanidad en medio de combates sin cuartel.

Este fenómeno se manifiesta también en utopistas totalitarios que se llenan la boca de agua y se hinchan el pecho al hablar con abstracciones, mientras son capaces de las peores bajezas con la gente que tienen al lado. El poeta Pablo Neruda, por ejemplo, veneraba y defendía a los proletarios en sus versos, pero fue capaz de abandonar a su hija que padecía hidrocefalia.

Cortejadores de la Humanidad: salvadores implacables

Retomando la distinción de Diderot, existen quienes piensan en el ser humano solo como abstracción: una ficha prescindible y mudable, una invocación ideológica y aritmética que permite todo, incluso la infamia y la maldad. Son cortejadores de la Humanidad -escrita así, con mayúscula- que se venden con arrogancia y orgullo como salvadores y tutores, pero resultan implacables con el dolor ajeno, con el sufrimiento concreto de seres humanos concretos.

Quizás llegue el día, no tan lejano, en que la compasión sea la única idea política que tenga sentido verdadero. Mientras tanto, la historia nos advierte: debemos mantenernos vigilantes ante quienes prefieren los conceptos abstractos a las personas reales, quienes sacrifican la humanidad concreta en el altar de ideales deshumanizados.