El Grand Palais de París abre sus puertas desde este miércoles a una exposición única de la artista multidisciplinar Laure Prouvost, quien obtuvo el prestigioso premio Turner en 2013. La muestra, titulada 'Nous, frissons d’étoiles' (Nosotros, escalofríos de estrellas), invita al público a sumergirse en una experiencia sensorial que explora los misterios de la física cuántica, la ciencia que estudia el comportamiento de la materia a escala microscópica.
Una instalación monumental en el Grand Palais
Barbara Kroher, comisaria de la exposición, destacó en declaraciones a EFE que se trata de "una instalación monumental como jamás se ha presentado a esta artista en París hasta ahora". La pieza central, 'The Beginning' (El principio), es una escultura cinética compuesta por telas blancas que se mueven como tentáculos, suspendidas desde los 35 metros de altura del edificio acristalado hasta tocar el suelo. Además, la exposición reúne esculturas, vídeos y elementos naturales como vegetación y fruta.
Arte cuántico frente a la vida acelerada
La artista francesa reflexionó sobre la contradicción entre el ritmo de vida acelerado de las sociedades occidentales, cada vez más polarizadas, y su arte inspirado en la física cuántica. Esta disciplina no sigue las reglas clásicas de gravedad, masa, energía o fuerza, sino que se basa en probabilidades y no en certezas, lo que abre espacio para la duda y la ambivalencia.
"No es fácil para nosotros, que hemos crecido en una educación newtoniana y mecánica [...], pero creo que podemos trabajar en la forma de pertenecer a un mundo más complejo y menos determinado por los sistemas de código", explicó Prouvost. Y añadió: "La cuántica puede atravesar fronteras que pensábamos infranqueables, podemos estar en dos sitios al mismo tiempo... mentalmente creo que el humano se puede reposicionar, ya hay muchas culturas que lo hacen de forma natural".
Recorrido inmersivo y sensorial
Antes de llegar a la pieza central, los visitantes deben atravesar un túnel, un elemento recurrente en la obra de la francesa afincada en Bruselas. Una vez cruzado el espacio oscuro, los espectadores se encuentran con una obra de grandes dimensiones que no tiene un recorrido definido. Incluye piezas de vídeo y esculturas suspendidas que suben y bajan mediante un sistema de poleas.
Los más atrevidos pueden degustar la exposición sensorial, ya que algunas esculturas contienen frambuesas que el público puede consumir. La muestra forma parte del programa 'Grand Palais de verano' y estará abierta hasta el 26 de julio.



