Un misterioso encargo recibió Mozart en sus últimos días: componer un Réquiem. El músico llegó a pensar que la muerte misma le había solicitado la obra para su propio funeral. Tiempo después se supo que el encargo provenía de un noble que, con pretensiones de compositor, contrataba a músicos ilustres para luego atribuirse sus obras. Si ese noble viviera hoy, probablemente recurriría a la inteligencia artificial (IA) para tales fines, pues muchas personas utilizan esta herramienta para publicar artículos, canciones e incluso libros, firmándolos sin reparo como propios.
El caso del crítico literario y la IA
Recientemente, un profesor publicó una crítica literaria en un diario neoyorquino, pero se descubrió que gran parte del texto ya había aparecido en otro periódico. El crítico confesó haber usado la IA, la cual tomó el artículo anterior y lo transcribió en su respuesta. Este caso ilustra los riesgos de la deshonestidad intelectual.
Utilidad y peligros de la inteligencia artificial
La IA es una herramienta útil para recopilar datos, similar a las obras de consulta de antaño. Sin embargo, aparte de la falta de ética al presentar como propios textos ajenos generados por un robot, existen otros peligros. La IA suele producir artículos áridos, con un estilo literario cuestionable y frecuentes errores; cuando no encuentra un dato, a veces lo inventa. Estas características facilitan la detección de textos generados por inteligencia artificial.
El noble que encargó el Réquiem a Mozart recurrió a un genio, pero la IA, aunque interesante y útil, no es genial. Quienes la emplean para engañar, haciendo pasar como suyas sus creaciones, corren el riesgo de que se cuestione su capacidad intelectual.



