Colombia se alista para las elecciones del próximo 8 de marzo de 2026 con un operativo logístico de gran envergadura. La Registraduría Nacional lidera un minucioso plan para garantizar que más de 40 millones de colombianos, tanto en el territorio nacional como en aproximadamente 70 países en el exterior, puedan ejercer su derecho al voto. Esta operación, que pone a prueba la institucionalidad y la confianza ciudadana, implica una coordinación precisa desde las ciudades capitales hasta las veredas más remotas.
Un desafío logístico sin precedentes
Juan Carlos Galindo, exregistrador nacional, explica que preparar un proceso electoral para más de 40 millones de personas es una tarea gigantesca. No se trata solo de imprimir y distribuir tarjetas electorales, sino también de coordinar entidades, prever contingencias jurídicas y garantizar que cada puesto de votación cuente con jurados capacitados y material completo. Manuel Ricardo Ruales Realpe, delegado departamental de la Registraduría en Nariño, señala que la planeación está sujeta al clima, los ríos y otros factores. "Hay puestos donde el material debe salir hasta con cuatro días de anticipación. Se transporta en botes, en balsas, a lomo de mula y, muchas veces, en la espalda del personal", detalla.
Coordinación interinstitucional y seguridad
La logística electoral involucra a múltiples entidades: alcaldías, gobernaciones, la Policía, el Ejército, la Armada, el Ministerio del Interior y organismos de control. La Registraduría habilitó más de 13.000 mesas de votación en el país y el exterior. En algunos territorios, el orden público es una variable constante. "Se hace un trabajo articulado con la Fuerza Pública y, en ciertos lugares, con guardias indígenas y comunitarias", añade Ruales Realpe. Si el riesgo persiste, se evalúa incluso trasladar el puesto de votación.
La democracia llega a territorios remotos
En el cabildo menor El Diviso, del resguardo indígena Santa Rosa de Sucumbíos, en Ipiales, Nariño, la democracia tiene rostro propio. José Fernando Uparela Ochoa, docente y guardia indígena, es el único profesor de la comunidad, que cuenta con 72 personas y 28 familias. Para votar al Congreso, debe viajar varias horas hasta La Hormiga. Describe el ambiente como una "calma tensa" y destaca que siempre hay presencia del Ejército, jurados y personal de la Registraduría. En su resguardo se instala una sola mesa, suficiente para que el Estado llegue hasta la selva.
El rol de los municipios
En Los Santos, Santander, el alcalde Diego Armando Mendoza explica que los alcaldes no pueden hacer política, pero sí garantizar la logística. Con cerca de 15.000 habitantes y unos 9.000 habilitados para votar, el municipio espera alrededor de 5.000 sufragantes. "Somos un municipio seguro, aunque siempre existen riesgos. Todo debe hacerse conforme a la norma", afirma. No reporta problemas de inscripción ni de censo electoral.
Prueba de fuego: elecciones atípicas en Ponedera
El pasado 1 de febrero, las elecciones atípicas en Ponedera, Atlántico, sirvieron como prueba de coordinación. Desde la custodia de los kits hasta el escrutinio final, cada eslabón del proceso fue evaluado. Los kits, con tarjetas electorales, actas, listados y otros elementos, fueron trasladados bajo cadena de custodia con acompañamiento de la Fuerza Pública. A las 8 de la mañana se abrieron las urnas, y a las 4 de la tarde comenzó el cierre, con destrucción del material sobrante y conteo público de votos. En un municipio pequeño, cualquier irregularidad se magnifica, por lo que el cumplimiento estricto del protocolo es clave.
Votar en Colombia sigue siendo una hazaña logística que se renueva en cada elección, enfrentando desafíos como el clima, la geografía, la seguridad y la infraestructura. La Registraduría Nacional del Estado Civil lidera este esfuerzo para garantizar que la democracia llegue a todos los rincones del país.



