Las tres historias detrás de los votos en las presidenciales
Las tres historias detrás de los votos presidenciales

Escribo a pocas horas de conocer los resultados de las elecciones del domingo en Colombia. Al votar, sentí tristeza por la forma en que se ha desarrollado la contienda política. Recordé los días de mi infancia, cuando acompañábamos a los adultos a votar con banderas rojas o azules, cantando consignas. Todo parecía más simple, pero en ese rojo y azul se gestaba el presente.

Votamos por historias, no por candidatos

En el momento de votar, pensé que estamos eligiendo no a candidatos, sino a historias. La historia que mejor nos representa, la que nos contamos para justificar nuestro voto. Identifico tres narrativas principales que emergieron en la primera vuelta.

El hombre fuerte que regresa a arreglar el país

Un hombre que, tras construir una vida exitosa y hacer fortuna en el extranjero, vuelve para solucionar lo que otros no han podido. Es el hombre fuerte. Su vida es aspiracional para muchos, incluida la familia de tradición conservadora. Nunca ha gobernado, pero ¿cómo dudar de que lo hará bien? Tiene la capacidad de tomar decisiones urgentes sin que nada lo detenga.

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El defensor de la paz y la justicia social

Un hombre cercano al pueblo, víctima directa de la violencia, que ha dedicado su vida a trabajar por la paz. Íntegro, prudente, defensor de la justicia social, siempre del lado de los más desafortunados. Su llegada a la presidencia representa la reivindicación de los históricamente invisibles. Tampoco ha gobernado, pero su voluntad y orden serán suficientes para materializar los cambios en marcha.

La mujer técnica que no caló

También está la historia de la mujer educada y juiciosa, que formaría un equipo de gobierno técnico. Aunque no ha gobernado, estaría bien acompañada. Sin embargo, esta narrativa no caló: para parte del electorado, su respeto por la diferencia y la elección de un hombre gay como vicepresidente restaron en lugar de sumar. Tampoco sumó la posibilidad de tener la primera mujer presidenta en Colombia.

No menciono las historias de los candidatos del centro, atrapados entre los extremos que concentraron el voto.

El peso de las emociones en la decisión

Cada historia está condimentada por nuestros miedos personales y colectivos. El psicólogo Jonathan Haidt sostiene que elegimos visceralmente y luego racionalizamos, especialmente en decisiones morales. Sospecho que los votantes colombianos no estamos lejos de eso en las presidenciales. La temperatura de las conversaciones es agotadora.

Sin embargo, si mis historias son acertadas, las tres candidaturas (y las dos ganadoras) reflejan un electorado con hambre de un gobierno que solucione. Para unos, lo urgente es contener las crisis económica y de seguridad; para otros, avanzar hacia una sociedad más igualitaria y justa. Ningún lado cree que el reclamo del otro sea irrelevante.

Un clamor por soluciones palpables

Espero que este clamor por soluciones concretas, que no son prioridades excluyentes, llegue claro al próximo presidente. Que tenga la pausa para pensar en los ajustes necesarios para dar a la ciudadanía lo que pide a gritos. Sobre eso debería girar la conversación que sigue.

* Directora ejecutiva de Fedesarrollo

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