Al final, resulta afortunado que los años de elecciones presidenciales coincidan con los del Mundial de Fútbol, y que los comicios tengan lugar muy cerca del inicio del torneo. Cada cuatro años, algunos sectores productivos se resienten porque la economía se ralentiza en espera de los resultados electorales. Muchas inversiones se detienen o se aplazan, pues los empresarios quieren tener mayor claridad sobre el panorama en el que deben moverse. Un nuevo presidente puede replantear normas fiscales y abrir o cerrar las puertas a la inversión extranjera y a la llegada de productos de otras latitudes.
El fútbol como escape en medio de la tensión
Al mismo tiempo, muchas compañías concentran sus planes de mercadeo y publicidad en torno al Mundial de Fútbol, de manera que algunos sectores, en especial pequeñas y medianas empresas, dejan de recibir inversiones fundamentales para su supervivencia. No obstante, ante la polarización que ha caracterizado las últimas elecciones presidenciales, ante el tono poco amable y muchas veces belicoso de los candidatos hacia sus rivales, que se traduce en manifestaciones agresivas de sus seguidores y en un ambiente pugnaz, similar a un polvorín a punto de estallar, el fútbol aparece como un bálsamo.
Es curioso —por decir lo menos, porque también es triste en muchos sentidos— que dos electores sentados en orillas ideológicamente distantes se insulten y se maltraten de palabra ante la imposibilidad de respetar a quienes piensan diferente, pero unas horas más tarde se abracen cuando suene el pitazo inicial de un partido en el cual ambos animan a la selección nacional.
Un respiro para la convivencia
Después de tantos meses en los que la política parecía el único tema, y el tono se vuelve más agresivo a medida que se acerca la hora de ir a las urnas, el fútbol permite cambiar de canal, limar asperezas y demostrar que en el fondo el país nos importa mucho, aunque tengamos diferentes visiones sobre cómo conducirlo. Lo siento por aquellos a los que no les gusta el fútbol: están en su derecho, pero quizás les cueste más trabajo escapar en estos días a esas calenturas electorales que por momentos amenazan con convertirse en incendio.



